MINISTRO DE DEFENSA MILITAR

MINISTRO DE DEFENSA MILITAR

Después de una tesonera campaña de los estamentos políticos, bastante bien orquestada por los medios de comunicación, se obtuvo finalmente, en el gobierno del presidente César Gaviria, un ministro de Defensa civil. Ahora, en medio de la crisis en que se debate el país, se escucha en forma insistente la versión de que se busca dar marcha atrás y recurrir de nuevo al ministro militar. Quién entiende?

07 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Para esa época se comentó en Clepsidra que más que el carácter civil o militar de la cartera de Defensa, interesa que quien la ocupe posea los atributos requeridos para un buen ejercicio de sus delicadas funciones. Hemos conocido extraordinarios ministros tanto civiles como militares. Y otros funestos de ambos orígenes. Los de extracción partidista politizaron o al menos intentaron hacerlo las filas militares, cambiando la escala de valores profesionales por patrones de medición en un todo ajenos a lo que son y deben ser las Fuerzas Armadas de la Nación. Y algunos pocos a Dios gracias tomados de las filas del Ejército, usaron arbitrariamente y con sentido personalista el poder del cargo.

Desde que se reinstauró un civil en el ministerio, las instituciones han rodado con suerte por la calidad de las tres personas que han desempeñado el cargo. Han sido funcionarios conscientes de sus responsabilidades, comprensivos en sus relaciones con el estamento militar, preocupados por los intereses institucionales y defensores de las causas justas que les ha correspondido conocer. El doctor Juan Carlos Esguerra Portocarrero, actual ministro, goza de aprecio general en las filas y ha sabido granjearse la simpatía de los militares.

Por encima de cualquier consideración en este campo, lo que debe prevalecer es la conveniencia de la Nación y de sus intereses. Para alcanzar esta finalidad, qué es más conveniente, un civil o un militar en el cargo, suponiendo equilibrio cualitativo de personas? Para absolver el interrogante comencemos por considerar el perfil del cargo para luego aproximarnos a la persona que lo sirva.

El ministerio es en esencia político y administrativo. Forma parte de un gabinete político de asesores del Presidente de la república. Le corresponde atender citaciones del Congreso, por lo general de índole política. Ejerce autoridad pero no mando, porque para lo segundo cuenta con un Comando General de las Fuerzas Militares y su respectivo Estado Mayor, encargados de convertir las directrices del Gobierno en planes y operaciones, así como responsables de asesorar al ministro en materias especializadas de tipo castrense. De la compenetración que se logre entre los dos estamentos dependerá el éxito de la gestión ministerial que las Fuerzas Armadas son las primeras en desear por su propio bien.

En la parte administrativa, no se requiere ser militar. Tampoco administrador de empresas o economista, como no lo es el actual ministro. Capacidad directiva y liderazgo son atributos mucho más necesarios, porque entre los organismos técnicos que laboran en el ministerio existen los indicados para atender ese campo. El ministro debe representar ante el Gobierno los intereses, aspiraciones y propósitos de los militares y frente a estos la autoridad presidencial en todos sus aspectos.

Que sea militar o civil quien cumpla este doble papel, no parece lo esencial. Importa en verdad la calidad humana, profesional y directriz del ministro. Su inteligencia, su sentido común, su capacidad de adaptación a las demandas de unas instituciones tan especiales como lo son las militares, dispuestas con lealtad a colaborar pero que demandan idéntica reciprocidad.

Pensar en un nuevo cambio ministerial por simples razones políticas no parece sensato. Nombrar un militar equivale a producir una conmoción en todo el alto mando por cuanto el juego de grados y antigedades impone desplazamientos horizontales y verticales considerables, en unas instituciones que lo primero que requieren es continuidad de gestión directriz, máxime cuando el cambio de ministro está aún fresco y el de comandante general acaba de producirse.

Cuando en plena borrasca del orden público se cambió el ministro militar por el civil, se hicieron aquí consideraciones similares a las presentes, indicando apenas que la oportunidad del cambio no era la más indicada. Producido este, no se advierte razón válida para repetirlo en sentido inverso. Hacerlo se prestaría a interpretaciones desfavorables, como la de que el jefe del Estado busca fortalecerse políticamente. Las Fuerzas Armadas no son instrumento adecuado para tal propósito, si es que esa fuere la razón del reverso, porque ni son políticas ni necesitan ministro militar para ser leales.

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