DIABLO COSTEÑO

DIABLO COSTEÑO

Me refería mi abuelo que antes, en tiempos de cuaresma y Semana Santa, el diablo andaba suelto. Desde el miércoles de ceniza, Dios le ordenaba a San Pedro que lo dejara libre. Y él venía a la tierra bajo diferentes formas: como un hombre cualquiera o como un burro, perro, toro, etc. Y las brujas tierreras y volantonas se convertían en patos y gallinas. Uno no podía regañar a un hijo y decirle: muchacho de los diablos , porque enseguida se formaba un remolino y aparecía el pendejero en persona reclamando al regañado.

09 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Dizque una vez un cura de pueblo, aburrido por el escándalo de los borrachos que no lo dejaban dormir, rogó para que el diablo se apareciera y asustara a los parranderos del lugar, y el diablo cayó nada menos que a las cuatro de la tarde en plena corraleja. Cuando ese animal apareció, se le fueron encima cinco manteros, dos coleadores, tres garrocheros y cuatro banderilleros. Ajá, vieron que salió del torín un animal con rabo y con cachos... , qué más iba a pensar la gente? Así que le cayó encima ese poco de gente, lo banderillaron, le cortaron un cacho, le mordieron una oreja, casi lo dejan chiclán y cuando al fin pudo sacudirse de encima la multitud, hubo 17 heridos entre manteros de oficio y borrachos por vocación.

Gritón nocturno Mi abuelo, cuando joven, era incrédulo hasta que sucedió un caso. El contó así la historia: Mira mijo, una vez salí yo pa San Pelayo a llevar unos cerdos a mi tío José María. En mi casa estaban con la cantaleta de que era mejor dejar pasar la Semana Santa pa llevar esos puercos. Pero yo era más terco que un burro chiquito. Así que preparé los cerdos y un lunes santo salí pa el pueblo. Y la gente me decía... Mira Goyo, atiende a las razones. Cómo vas un lunes santo a llevar esos puercos. Y lo que es más, tienes que pasar por la montañita de los Jeremías y por ahí dicen que sale el Gritón que es una viga de hombre negro, barbón, grande como un gigante, con uñas de perico ligero, peludo y de ojos grandes y rojizos, y si ese aparato se encuentra a uno se lo come; ya oíste, no vayas. Cuidado ese maligno te almuerza .

Pero, como dije antes, yo era terco. Así que empiezo a arrear los cerdos. Puse adelante dos buenos caminadores pa que los puercos de atrás siguieran a los guías. Y chupé los cerdos: chu, chu, chu, ercos, ercos . Y los animales iban andando bien. Tú sabes que el puerco se viaja de tarde o de noche pa que el sol no los ahogue. Me vino a coger la oscuridad entrando a una curva que orillaba la falda de un cerro. Cuando iba por el centro de la montaña, como a media noche, oí un grito lejos: ooooaaaaa!, y yo pensé: Debe ser otro tipo que viene por ahí. Así que lo voy a llamar. Y grito yo: Uuueeepa jeee, venga amigo .

No bien terminé de decir esas palabras cuando me gritó de nuevo: Oooooaaaaa! En ese momento me acordé del Gritón. Mira mijo, entonces sí lo sentí cerquita. A mí se me espelucó el pellejo y me corrió un frío por todo el cuerpo. La tierra tembló y se estremeció. Los árboles se daban contra el suelo. Parecía que se acercaba una tempestad. Los puercos se alborotaron. Un perro que yo llevaba llamado Rompe Caena se metió el rabo dentro de las patas y empezó a aullar. Y yo, yo no sabía qué hacer. Yo corría pa allá, pa acá. Y en eso veo, en el resplendor de un relámpago, un árbol de vara santa que dicen que es bendito porque de él hicieron la cruz de Jesucristo, y ahí me encaramé de un salto.

No bien me había subido cuando se me vino encima el Gritón. El maligno llegó hasta el mismo pie de la vara santa y me dijo con esos ojos que echaban candela: Anda y agradece que te montaste en un palo santo, o de no yo te hubiera enseñado a andá arriando puercos en Semana Santa . Yo quedé agarrado de la rama más alta y no me hubiera soltado ni un vendaval. Ahí amanecí. Después me bajé y recogí los puercos y el perro. Con la cabeza grande y con frío calentura llegué al pueblo. Nunca más salí por la noche en tiempo de cuaresma , terminó mi abuelo .

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