POR QUÉ SUFRE EL INOCENTE

POR QUÉ SUFRE EL INOCENTE

Se puede entender el problema del mal? Tiene solución?

09 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Si existe Dios por qué existe el Mal? Si Dios es Padre por qué castiga? Es justo que paguen justos por pecadores? Sería justo Dios? Siendo hoy Domingo de Ramos, entrada a la Pasión y Muerte de Cristo, el gran inocente, parece oportuno ocuparnos, un rato siquiera, del problema del Mal, y más concretamente, del sufrimiento del inocente, escándalo que llevó a Camus y a tantos otros, a negar a Dios.

Tratemos de dar algunas respuestas, partiendo del doble convencimiento de que el problema del Mal no es inteligible ni soluble por el hombre. Por qué? Por muchas razones. No es inteligible porque el Mal es un monstruo, no de siete, sino de un millón de cabezas, que supera nuestra capacidad racional. Segundo, porque el Mal hace más ruido que el bien. Y curiosamente, por cierta morbosidad, que inficiona a todos los humanos, especialmente a los medios de comunicación, el público demanda, como noticia y distracción, su dosis diaria de violencias, sangre, secuestro y destrucción. Imagínese a Dios tratando de poner orden en esta casa del mundo en la que más de cinco mil millones (!) de hijos nos empeñamos en desordenar, tumbar, matar y dañar. Pobre, papá Dios! En vez de ayudarle a solucionar el problema del Mal, le echamos la culpa de él. Habráse visto mayor injusticia! Otra razón para no entender el problema del Mal es que los efectos de éste con frecuencia visibles y aparatosos -como un cáncer, un terremoto o cualquiera otra calamidad-; en cambio, las soluciones que aporta Dios son sutiles, de fondo y a largo plazo, y, el verlas , requiere fe.

Ensaye esta vía de comprensión y solución: trate de ver el Mal menos con los ojos de la carne, y el Bien más con los de la fe y quedará abrumado ante el infinito esfuerzo de Dios por superar el Mal.

Pero vengamos a indicar un manejo más acertado del problema del Mal.

Simplificando al máximo los males, para que nos entendamos, se pueden dividir en dos clases: los males cuya causa no es clara y que nos parecen explicables, -como el cáncer del fumador, o el choque de quien se pasa todos los semáforos en rojo-; y los males cuya causa no nos es clara -como el sida del recién nacido, el secuestro del negociante honesto y, sobre todo, la Pasión y Muerte de Jesús. De paso, se ha preguntado usted: por qué sufrió tanto Jesús, siendo inocente? Que sufra el culpable nos parece comprensible. El mal uso de la libertad carga con las consecuencias de sus egoístas decisiones. Sin que saquemos la conclusión de que Dios castiga a los culpables. Jesucristo nos enseñó que Dios es misericordioso con quien sufre las consecuencias de sus malos actos, les perdona y comparte con ellos el pan del perdón y la amistad.

Más grave es el problema del mal del inocente. Qué culpa tuvieron los millones de judíos sacrificados en los campos de concentración? Cuál, tantos campesinos nuestros masacrados, ellos o sus hijos, y despojados de su añorado pegujal? Esta difícil vertiente del problema del Mal, el sufrimiento del inocente , puede encontrar su solución, si le ponemos fe. Veamos.

Todos somos culpables, Por qué? Todos somos solidarios en el bien y en el mal. Somos más conscientes, en parte por nuestro innato egoísmo, de ser individuos que miembros de la familia humana. La humanidad, desde los primeros seres humanos hasta los últimos que poblarán este planeta Tierra, formamos una red biológica, psicológica y social, que prevalece, con mucho, sobre nuestra individualidad. Hoy día, la humanidad, debido a los medios y a las ciencias del hombre, va logrando tomar conciencia de la unidad de toda esa humanidad. Si es cierto, como enseña la fe católica, que existe una responsabilidad de cada individuo ante Dios, también es cierto, como lo enseña la misma fe, que todos somos solidarios y responsables en el bien y en el mal.

Nadie, pues, es inocente; ni el niño, quien ya sufre el contagio del mal moral, ni el Santo de los santos, el justo Jesús de Nazaret, cargado con nuestros pecados. De él dijo San Pablo, tratando de descifrarnos el misterio del sufrimiento del inocente: Al que no cometió pecado, Jesús, Dios Padre lo hizo pecado, cargándolo con los nuestros, para que pudiéramos hacernos, por sus méritos, partícipes de su inocencia . 2 Cor.

En otras palabras: el problema del Mal se entiende más con la experiencia de fe que con la razón. No se crea inocente, musitando: Pagamos justos por pecadores ; ni se queje de ser solidario en el mal, como no se lamenta de serlo en el bien. Por qué no se extraña de los bienes diarios que recibe, sin mérito propio, que superan con mucho los males que le vienen de los demás? La Semana Santa no se hizo para pasear y rumbear sino para orar y tratar de colaborarle a Jesús en la solución del problema del Mal.

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