EL COMISIONADO NO TIENE QUIÉN LE ESCRIBA

EL COMISIONADO NO TIENE QUIÉN LE ESCRIBA

Y déle otra vez con el tema de la paz. El consejero Holmes Trujillo anuncia que podría haber diálogo con las Farc en La Uribe. Yamid Amat lanza exclusiva entrevista desde la cárcel Modelo con Galán del Eln. Periódicos y noticieros se llenan una vez más de noticias sobre posibles negociaciones. Yo no veo nada nuevo, ni motivos para entusiasmarse.

09 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Me aburre, y hasta me preocupa, aparecer siempre como una especie de impugnador de oficio; como un enemigo de la paz , como suelen calificarme en Voz Proletaria.

Pero es que más de veinte años de estar lidiando con guerrilla y militares; con procesos de paz a lo Betancur o a lo Gaviria; con diálogos al estilo del Eme o del Epl, de las Farc o de los elenos, me obligan a ser realista. Escéptico, si se quiere. A expresar lo que creo. Como periodista que ha trajinado esta temática, no puedo pensar con el deseo, No puedo, sobre todo, contribuir a crearle falsas ilusiones sobre la paz a un pueblo que la anhela tan profundamente.

Hacia mediados de los setenta, en mis épocas de Alternativa, fui un virtual apologista de la lucha armada guerrillera, impregnada aún de la sangre de Camilo, y del sacrificio de tantos líderes estudiantiles y jóvenes honestos que creían que éste era el camino hacia una sociedad más justa.

Luego, cuando ya era evidente que por ahí no era la cosa y cualquier ideal había sido pervertido por el culto sistemático a la violencia, bajo Belisario participé en comisiones de diálogo, en Cauca, Córdoba y Urabá, con el M-19 y el Epl, dos guerrillas que ya entendían la sinrazón política de la lucha armada. Vino después el Gobierno Barco; viajes a La Uribe y al Caguán, e intentos múltiples por concretar las siempre mañosas proclamas de paz de las Farc en medio de la consabida racha de asaltos y secuestros.

Y luego de Barco, de la desmovilización del M-19, el Epl y otros grupúsculos armados, llegó la tentativa de paz de Gaviria con las Farc, el Eln y la disidencia del Epl, que desde un primer momento advertí que no funcionaría. No por falta de voluntad del Gobierno (si acaso por su ingenuidad), sino por la manera como de entrada la plantearon quienes nunca quisieron entender el proceso político que abrió la Constituyente y tampoco habían dado muestra convincente alguna de su voluntad de renunciar a la violencia.

El frustrante calvario que significaron los diálogos en Cravo Norte, Tlaxcala y Caracas; la reiterada demostración de que no tenían propuestas ni propósito distinto del de utilizar estos escenarios como instrumentos de protagonismo publicitario, han debido por lo menos enseñarle al Estado colombiano a no ser incauto en sus estrategias de negociación.

Llega entonces Samper, con unos deseos incontenibles de hacer la paz. Pero al Presidente que más ganas ha mostrado, es al que menos bolas le han parado. Se ha quedado viendo un chispero.

Fuera de algunas lacónicas cartas que se han dignado enviar, con sus eternas consignas sobre justicia social y desmilitarización, la verdad es que a la subversión ya ni siquiera parece interesarle el tema de la paz.

Qué ejemplo más contundente de lo anterior que el secuestro de los ingenieros suecos y el cinismo con que las Farc han incumplido todos sus compromisos de liberarlos? Si ya se burlan de un Gobierno como el sueco y de grupos de derechos humanos como Pax Christi sus simpatizantes naturales en el exterior qué se puede esperar de su seriedad para negociar con el Gobierno colombiano? Y pese a todo, el Gobierno se declara una vez más dispuesto a dialogar. Y ese abnegado y admirable apóstol de la paz que ha resultado ser Carlos Holmes Trujillo, anuncia que ya se le aceptaron a las Farc todas su peticiones: que el diálogo fuera directo, de alto nivel, dentro del país y, por último, en La Uribe. Holmes sólo pide que no toque desmilitarizar los más de siete mil kilómetros cuadrados que comprende la región, sino tan sólo una área definida de común acuerdo y con plenas garantías de seguridad para los negociadores.

Falta ahora que las Farc respondan a esta nueva concesión del Estado, aunque Holmes admite que no han contestado cartas que les envió hace más de un mes. Me temo que se quedará esperando.

Algo similar ha sucedido con el Eln, que no hacía sino hablar de la humanización de la guerra . Pero cuando el Gobierno adhirió al Protocolo II de Ginebra, los elenos no volvieron a decir esta boca es mía. Claro, respetar la población civil no combatiente significaría suspender el secuestro, la extorsión y las minas quiebrapatas. La actitud de ese grupo la resumió Francisco Galán cuando le dijo a Yamid Amat que en lugar de la paz por qué no hablaban más bien de la guerra.

Noble aunque triste papel el que le ha tocado desempeñar a Holmes, que se ha destacado por su discreción y seriedad. Lástima que no tenga con quién hablar. Y es que, volviendo a mis impugnaciones de oficio, desde cuando Samper mencionó por primera vez este cargo, dije que me parecía contraproducente el nombramiento de un comisionado de paz cuando no existía el menor indicio de que habría negociación.

Y mientras tanto, la guerra continúa. Emboscadas, tomas, voladuras de oleoductos, y, sobre todo, secuestros, extorsiones y asesinatos de alcaldes y líderes políticos. Mucho más que las propiamente militares, son las acciones económicas las que hoy caracterizan el devenir de la guerrilla.

La sofisticada estructura financiera que se le descubrió al Eln en Arauca; el asesinato de hacendados para apoderarse de sus fincas y administrarlas como negocio, son apenas dos indicios recientes del culto al dinero y el aparatismo económico que muestra una guerrilla sin horizontes políticos. Qué tal las cartas de los caficultores de Ituango a las Farc, para que les ayuden a vender sus cargas de café para poder pagar la vacuna? Por eso es tan difícil concretar una negociación. Porque el Estado poco tiene para ofrecerle a una guerrilla para la cual la paz es sencillamente un mal negocio. Lo que no quiere decir que deba renunciar a buscarla. Ni a demostrarle al país quiénes son los adalides de la violencia.

La puerta de la paz debe permanecer siempre abierta. Para que el que quiera golpear o entrar pueda hacerlo. Pero, mientras persigue el diálogo con tanto ahinco, el Gobierno tampoco debe olvidar cómo defenderse. Más vale que se prepare mejor para la lógica del combate. Que es la que han demostrado preferir sus esquivos interlocutores.

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