LAS CUATRO MUJERES DE MOCKUS

LAS CUATRO MUJERES DE MOCKUS

Cuatro mujeres conforman el gabinete femenino del alcalde Antanas Mockus. Cada una tiene su estilo, pero ninguna es de Bogotá.

09 de abril 1995 , 12:00 a. m.

La secretaria de Gobierno es una bumanguesa que habla duro y no conoce la palabra empalagoso. La de Tránsito es payanesa, a la que denominan La Dama de Hierro . Las secretarias de Hacienda y de Salud son manizaleñas.

Carmenza Saldías Pone la plata Carmenza Saldías es a quien más ha correspondido dar la cara por la administración ante el Concejo de Bogotá. Allí, su firmeza y serenidad le han valido el respeto de muchos concejales que la consideran una vieja trancada .

Mide a los demás con la misma vara que mide su desempeño. Por eso lo que más le saca la piedra (cosa que poco ocurre), es que le incumplan con alguna tarea. Esto, lo conjuga con una gran amabilidad: cuenta un empleado que cuando se va a demorar en la Alcaldía llama a avisarles para que se vayan. A ella, fácilmente le dan las 10 p.m. en la oficina.

El colega de gabinete con el que más habla es Raúl Barragán, el secretario general, con quien se cruza unos tres telefonazos al día.

Y es que darle el sí a Mockus le ha resultado costoso: tiene menos tiempo para reunirse con sus amigos y desafiarlos en juegos de palabras o de preguntas como el Sabelotodo. Además, le implicó mudarse de Manizales para Bogotá.

Dicen que ella no se toma un solo trago pero que se deja tentar por un steak pimienta, y cuando va al supermercado pasa primero por la sección de frutas.

No es que sea una apasionada cocinera pero cuando se mete con los peroles le queda bien una salsa para pastas de mantequilla y ajo.

Con lo que sí tiene un excelente trato es con los libros. Le gustan, especialmente, los que tienen en la tapa el rótulo de feministas. Tanto que durante mucho tiempo habló sobre Arráncame la vida, de Angelines Mastreta y citó muchas frases de Simone de Beauvoir.

Sin embargo, para digerir cifras y demás, antes de salir para la oficina va al gimnasio a brincar un rato.

Piedad Mosquera Pone los partes Como cualquier mujer, es vanidosa, sin embargo es poco el tiempo que le queda para dedicárselo.

Por eso, su familia, en especial su esposo, Hugo Afanador, le recuerda cada mañana que debe sacar un tiempito, antes de salir de la casa, para hacer aeróbicos.

El trabajo de María Piedad Mosquera, secretaria de Tránsito de Bogotá, comienza desde que se levanta, pues mientras adelanta algunos oficios caseros, escucha por radioteléfono cómo está el tránsito e imparte órdenes. Incluso cuando sale hacia su oficina, hace algunas paradas para verificar que los agentes estén cumpliendo su labor.

De su trabajo, le disgusta que la llamen a pedirle el favor de agilizar un trámite, pero lo que más la pone furiosa es encontrar un caso de deshonestidad dentro de la entidad.

Cuando comenzó la alcaldía de Antanas Mockus, su nombre siempre sonó para ser ratificado. Sin embargo, como la decisión se demoró un poco, ella alcanzó a llevarse las cosas personales para su casa. Cuando la confirmaron, tuvo que devolver el trasteo para su oficina.

Como su trabajo no tiene horario, las cenas con su esposo y sus dos hijos han sido desplazadas por un simple paquete de Todo Rico -un revuelto de papas, patacones y chicharrones fritos- con un refresco dietético que comparte con sus colaboradores.

Esta semana, María Piedad Mosquera, a quien llaman la Dama de hierro , por lo estricta y exigente en su trabajo, cumplió un año a cargo de la entidad.

Beatriz Londoño Pone los remedios Cuando está en la oficina no cambia un vaso de agua por un tinto ni una fruta por una empanada.

Tal vez por eso es que ella dice, como si se autoaplicara un diagnóstico especializado, que se mantiene dinámica y que nunca se ve cansada, así llegue muy temprano, como buena paisa, al buró destinado para la Secretaria de Salud.

Beatriz Londoño, la responsable de aplicar los remedios a las enfermedades del sistema de salud distrital, entra a más tardar a las 8:OO a.m. a la sede de la Secretaría, y saluda con un buenos días a todos los empleados.

Tal vez ese detalle sea un sello de una de sus características: la decencia y el buen trato con los demás.

Esa es una de las virtudes que le reconocen sus subalternos. En sus labios siempre tiene un buenos días , o un permiso , o un gracias ... Incluso, no le tiembla la voz para decir, si cree que la situación lo amerita, un discúlpeme .

Esos buenos modos son los mismos que utiliza para espantar a los lagartos que nunca faltan o para, personalmente, salir a la antesala de su despacho a recibir y despedir a las personas con que se entrevista.

Quienes la conocen dicen que a lo largo de sus 35 años de vida, como toda mujer, ha sido vanidosa. Cuando está en la oficina siempre saca un tiempito para retocarse y, antes de salir para su casa a encontrarse con su esposo, repite el ritual.

A la hora de vestirse prefiere las faldas y no le jala mucho a la minifalda... Sin embargo, los fines de semana cuando le toca ir al despacho se pone un bluyín y unos tenis.

Alicia Eugenia Silva Pone el orden A Alicia Eugenia Silva es seguro que nunca se le vea con un espejo en la mano acicalándose el peinado, o preocupada por el tacón puntilla y las medias de seda.

El estilo de la Secretaria de Gobierno es el de la mujer descomplicada, de zapato plano, cómodos pantalones y amplias blusas.

Quienes la conocen aseguran que la palabra empalagosa no existe en su vocabulario. Prefiere ser directa, aunque sea cortante, pero decir la verdad a pie juntillas.

Sus subalternos no se atreven a afirmar que es malgeniada, dicen es seria , pero lo cierto es que a veces se sale de casillas.

Tan directa es que no tiene problema en replicarle a un periodista por una pregunta mal formulada o de entrada hablarles claro a los concejales, sin los rituales que se manejan en la Corporación.

En el gabinete se trata con todos por igual pero su cercanía geográfica -ambas oficinas están en el Palacio Liévano- con el alcalde Antanas Mockus, la hace estar en un contacto permanente con él.

A Mockus lo conoció hace 16 años en un seminario organizado por el Cinep.

Se sabe que a la oficina llega alrededor de las 8 de la mañana pero nunca a qué hora va a salir y eso lo lamentan sus hijos. Alejandra cuenta que trabaja mucho y por la noche llega muy cansada .

Habla duro, es ordenada y una capacidad inagotable de trabajo, pero destina el mayor tiempo posible a estar con sus hijos (Alejandra y Felipe).

Pero a pesar de esa apariencia de seriedad es muy fácil entrar en contacto con ella.

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