MACARENA, MACARENA ...

MACARENA, MACARENA ...

No es tarea fácil esa de encontrar una calle especial en el inhóspito centro de Bogotá. Sin embargo si lo que se busca es una cuadra tranquila, pero algo alocada; bastante tradicional, pero super moderna; donde la música fácilmente pasa de lo más selecto de los clásicos a lo más aventurado de los temas de moda, y en donde el romanticismo, la informalidad, la elegancia y el desahogo tienen cabida en un solo espacio en la noche y en el día, el lugar para visitar ya existe y tiene ubicación propia: Carrera 4a. entre calles 27 y 28.

09 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Decidirse a llegar hasta esta calle es aceptar que existe otro estilo de diversión muy diferente a la rumba play , y últimamente peligrosa, de la Zona Rosa o a la pachanga típica de La Calera. Es entender que para disfrutar de un par de horas al lado de los amigos o de alguien especial también es válido encaramarse hasta el barrio La Macarena para acceder a espacios pequeños y hasta sobredecorados, en donde, eso sí, jamás faltará una pequeña lámpara que no alumbre más de lo necesario y una sencilla flor.

Así son los sitios de la 4a. Cuatro en total que en estos momentos congregan, de lunes a sábado, a un estilo de gente muy especial: no son los adolescentes de la 82 que buscan la aventura al ritmo de una música que aturde; tampoco los grupos de jóvenes ejecutivos (ellos y ellas) que salen en busca de otros similares con quienes hablar, y mucho menos las parejas de moda que, además de rumbear, deciden divertirse mirando a quién ven y quién los ve.

Quienes allí van son diferentes. A la hora del almuerzo es fácil observar a una pareja de desprevenidos hombres de negocios cuya mesa se ubica al lado de la de un ministro que en voz baja comenta con sus consejeros los detalles de la última reunión con el presidente; o de pronto ver pasar rápidamente a Jaime Garzón, aún con rastros de maquillaje de la ultima grabación de Quac o escuchar a Julio Sánchez Cristo hablando de las últimas noticias de Viva F.M .

Sitios con nombre propio Pero qué es lo que tiene de especial esta calle, para que se haya convertido en una de las más famosas de Bogotá.

Además de la gente que la frecuenta y que después de un par de veces generalmente se convierte en cliente habitual, está la decoración de los restaurantes, a punta de objetos rescatados del cuarto de san alejo de las casas paternas, de un recorrido exhaustivo por los mercados de las pulgas y por los más rancios anticuarios capitalinos. Así, por ejemplo, en El Patio el primer restaurante que aterrizó en la Cuarta un comensal puede descubrir que su plato realmente no está apoyado sobre una mesa tradicional de cedro, sino sobre una máquina de coser Singer modelo quién sabe qué; o que su silla no es ni siquiera medianamente parecida a la de su compañero de mesa.

Y si se arrima por Urbano -el segundo restaurante en abrirse en la zona- descubrirá que lo seducen sus sopas y ensaladas y que lo encantador de su estilo son los detalles perfectamente elaborados y el orden y buen gusto con el que allí fueron colocados. Un arte más moderno y actual que contrasta a la perfección con el aire de antigedad que se respira en El Patio.

Para llegar hasta El Café -el último de los locales que se han instalado- sólo se deben dar unos pocos pasos desde El Patio, cruzar la pequeña entrada y dejarse transportar a un espacio decorado con paredes en blanco y rojo oscuro, con pequeñas lámparas, un gigantesco bar y un fondo imaginario creado por la cantidad de espejos dorados que adornan sus paredes.

En la mitad de la misma calle está Arco Iris, otro sitio pequeño y acogedor, que se muestra como el complemento perfecto para el sector. Al igual que los otros, ofrece un menú variado y relativamente económico, para una clientela común que cuando no encuentra mesa en uno de los locales fácilmente pasa a otro a disfrutar de su almuerzo.

Las puertas de esta calle sin puertas se abren de 12:30 a 4:00 p.m. y de 7:30 a 12.30 p.m. Y aunque a simple vista esta cuadra pueda lucir como una más de la zona, con sus postes de cemento y uno que otro árbol que la hace menos cotidiana, lo cierto es que son serios y juiciosos los planes que se tienen para seguirle dando un carácter especial. Además de un nuevo café que se abriría hacia mitad de año, no se descarta la posibilidad de adoquinarla por completo y de adornar sus paredes con coloridos murales.

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