LA OTRA MITAD DEL SOL

LA OTRA MITAD DEL SOL

No se trata simplemente de una metáfora de la reencarnación o del regreso a vidas pasadas que en manos poco expertas de esas que abundan infortunadamente en el medio se habría convertido en una copia sensacionalista de avisos de brujos o en una reiteración de pasquines de supermercado.

09 de abril 1995 , 12:00 a.m.

La otra mitad del sol además de una historia de suspenso que recurre a la figura del retorno como una de esas preguntas misteriosas que siempre han obsesionado al hombre, es también la recuperación de una memoria histórica, colectiva, de un país generalmente amnésico y que teme mirarse de frente. La regresión de Felipe Sáenz, excelentemente interpretado por Juan Angel, entreteje su historia personal de abandono e indecisión con momentos decisivos de la historia más importante del país: la gesta libertadora y las revueltas del 9 de abril.

Pero hay mucha más riqueza en la trama. Historias de amor que se entrecruzan, conflictos en las relaciones de pareja, crítica a una educación hecha de represión y vacuidad.

En este final de siglo, la recurrencia a las medicinas alternativas, las terapias sicológicas, los rituales de la nueva era o los afanes por conocer algo del destino en las cartas del tarot o en las relaciones de los astros, probablemente son indicativos de una búsqueda interior que renueva constantes indagaciones sobre el sentido de la vida, la trascendencia o la finitud del ser humano.

Son varios los elementos que hacen de La otra mitad del sol el mejor dramatizado televisivo actualmente en el aire. Por una parte, la riqueza y la forma magistral del manejo de la historia. Mauricio Navas Talero y Mauricio Miranda vuelven a ratificar que son en este momento los dos más importantes creadores de televisión en el país. Lo han demostrado con La alternativa del escorpión y María, María donde se arriesgaron a contar historias de otro modo, a renunciar a la banalidad y el facilismo que se han tomado buena parte del género, a elaborar un lenguaje audiovisual que escapa de las soluciones repetidas. Aquí hay situaciones dramatúrgicas y diálogos enriquecidos, personajes que no son los estereotipos rampantes de lo bueno o de lo malo y que muestran matices y variaciones vitales.

La dirección de Rodolfo Hoyos, egresado de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños es impecable. Ha logrado un ritmo perfectamente coherente con el argumento, una puesta en escena cuidadosa, sin exageraciones, y un trabajo ponderado de los actores.

Si el casting estuvo muy bien realizado, también han sobresalido el trabajo de fotografía, la ambientación, la música y el vestuario.

En medio de historias mediocres, realizaciones desganadas y personajes de pacotilla que pasean su bisutería por la cartelera de televisión, La otra mitad del sol sobresale por su calidad y el interés que ha despertado en la audiencia.

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