Los hijos piden más atención: ¿será porque nunca se la damos?

Los hijos piden más atención: ¿será porque nunca se la damos?

OPINIÓN AUTORA Y EDUCADORA FAMILIAR ¿Es usted una de esas mamás (o papás) que no pueden llegar a casa y tener un minuto de paz porque sus hijos le demandan atención inmediata, quieren mostrarle alguna cosa, piden que les ayude en algo, le interrumpen siempre que habla por teléfono, mejor dicho, le exigen que no les quite los ojos de encima en ningún momento?

28 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Se me ocurren varios motivos por los que los niños hoy demandan cada vez más atención, pero, a mi juicio, la más poderosa es que no la tienen de verdad.

Es paradójico pero, por una parte, se les ha enseñado que ellos se merecen toda nuestra dedicación cuando estamos con ellos (y cuando no también).

Pero, por otra, como estamos entrenados para hacer mil cosas a la vez, cuando estamos a su lado, nuestro cuerpo está presente, pero la cabeza y el corazón están ausentes.

Hagamos la prueba: ¿Somos de esas mamás que cuando necesitamos a uno de nuestros hijos mencionamos varios nombres antes de dar con el de quien estamos requiriendo? ¿De los que nos tenemos que devolver a la habitación para ‘reconstruir los hechos’ porque llegamos a la cocina y no recordamos a qué veníamos? ¿De los que pasamos horas buscando los anteojos y finalmente los encontramos ensartados sobre la cabeza? No es que tengamos Alzheimer, como afirmamos, sino que tratamos de estar en todo a la vez y, por supuesto, no estamos en nada.

Tenemos tantos frentes que atender que, cuando estamos con los hijos, apenas alcanzamos a corregirlos y a apurarlos, pero no a escucharlos, a comprenderlos, ni a gozarlos. Solo les damos atención total cuando gritan o lloran, o cuando hacen alguna trastada.

Los niños se dan perfecta cuenta de que a menudo fingimos prestarles atención, pero que nuestra mente está en otro lugar. Y por eso siguen reclamándola cada vez con más voracidad. Nadie queda satisfecho con lo que recibe apenas a medias.

Si tenemos poco tiempo, hagamos muy buen uso de éste, y démosles a las personitas que más amamos en el mundo atención centrada y exclusiva en el momento en que llegamos a la casa.

Esos espacios de encuentro afectivo, que no tienen que ser muy largos, pero en los que estamos totalmente concentrados en los hijos y en aquello que nos están contando, mostrando o preguntando, les dicen que son muy importantes para nosotros, que sus asuntos nos interesan, que los amamos.

Y es eso lo que buscan ardientemente los hijos cuando reclaman con voracidad nuestra constante atención.

angela@angelamarulanda.com

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