Cafés ponen en jaque a un barrio de Suba

Cafés ponen en jaque a un barrio de Suba

El primer conjunto cerrado, reglamentado por decreto en Bogotá, está ubicado en la localidad de Suba, y desde hace varios años el comercio nocturno ilegal que se desarrolla en sus alrededores tiene sitiados a sus habitantes.

28 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

La urbanización Campania, construida hace 40 años, prometía ser un paraíso en la calle 127, justo atrás del centro comercial Bulevar Niza.

Hoy, sin embargo, es un barrio de 90 casas rodeado de tabernas, restaurantes, discotecas y tres ‘cafés con piernas’ (griles), que tienen alarmados a los residentes de este sector.

Paradójicamente, personalidades como Francisco Rojas Birry, personero de Bogotá, y varios ex fiscales y ex oficiales de la policía viven en el conjunto, que en el 2008 completa 12 años entablando demandas ante la administración distrital para hacer respetar la condición residencial que establece el Plan de Ordenamiento Territorial.

Los habitantes del barrio afirman que hay movimiento las 24 horas: “De día son restaurantes y cafeterías y en las noches venta de licor y rumbeaderos”.

- Inseguridad y escándalos Sin embargo, los reclamos más airados de la comunidad se dan por la inseguridad. “Eran las 7 de la noche y como en otras oportunidades llegué en mí carro hasta la puerta principal del conjunto, en donde vivo hace 15 años.

De pronto, escuché que rompieron el vidrio y del asiento trasero me sacaron el computador portátil y una chaqueta”, asegura el arquitecto Raúl Rosero.

Otros alegan que los espectáculos de borrachos y mujeres a altas horas de la noche y primeras de la madrugada son una constante.

En Piel y Miel, uno de los bares denunciados, 25 mujeres en ropa interior atienden a los clientes. Se sirve una amplia variedad de licores y las jóvenes hacen striptease en varias oportunidades durante la noche.

Émerson Ortiz, su propietario, asegura que el problema de seguridad y tragos se controla desde el interior del bar. “Contamos con nuestro propio sistema de vigilancia y ante cualquier escándalo se llama a la Policía”.

VIP, otro local que a menos de 10 metros del anterior ofrece los mismos servicios, es cuestionado por las autoridades por tener dos salas privadas a donde los clientes pueden estar a solas con las meseras.

“En mi negocio está prohibido el ejercicio de la prostitución y las salas privadas son custodiadas por personal de seguridad”, dice Gustavo Medina, administrador del negocio.

Medina asegura que a cada joven se le pagan 35 mil pesos por turno más propinas y comisiones por el licor vendido.

El personero Francisco Rojas Birry dice sentirse impedido para actuar directamente sobre el problema, por ser residente del barrio, y afirma que la denuncia ya está en manos de la Alcaldía y Personería locales.

“Imagínese si esta es la situación de un barrio que afecta directamente a autoridades, cómo será la de comunidades pobres y que no conocen sus derechos”, concluye.

El área jurídica de la Alcaldía de Suba señala que en varias oportunidades a estos bares se les han impartido órdenes de cierre. “Los propietarios apelan y los procesos se extienden indefinidamente”, explica Dean Chaparro, funcionario de este despacho.

La Ruana de Juana, una taberna del sector, lleva 10 años en líos jurídicos por mal uso de suelo, tiempo durante el cual no ha dejado de abrir sus puertas.

En estos momentos la decisión del cierre de estos ‘cafés con piernas’ está en manos del Consejo de Justicia.

Insoportable olor a grasa EL TIEMPO visitó las casas que colindan con bares y discotecas y corroboró cómo las notas musicales de salsa, rock, merengue y gritos vallenatos se filtran hacia las viviendas. Muchas habitaciones están desocupadas.

Las cocinas de los restaurantes (bares en la noche) limitan con cuartos principales y salas de recibo de las casas. “El olor a grasa es insoportable en ropa y muebles”, explica una residente.

Según los habitantes, los residuos de comida dispararon las plagas.

“Los ratones merodean en los techos y no hay cómo acabar con las cucarachas.

Varios niños han visto su salud afectada a causa del exceso de pesticidas que se deben utilizar para el control de bichos”, dice una residente.

‘ ‘ Eran las 7 p.m. y como en otras oportunidades llegué en mí carro hasta la puerta principal... De pronto, escuché que rompieron el vidrio y del asiento trasero me sacaron el computador y una chaqueta.

Raúl Rosero, arquitecto que vive hace 15 años en Campania.

12 años llevan los habitantes de esta zona de Bogotá entablando demandas ante la Alcaldía Local para hacer respetar la condición residencial del sector

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