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URUGUAY, LA DECEPCIÓN...

URUGUAY, LA DECEPCIÓN...

Con nueve de los diez equipos ubicados ya en la retina de los observadores, las conjeturas sobre los candidatos a la ronda final del Suramericano de Fútbol Sub-17 giran en torno de Argentina y Colombia, por el grupo A; Brasil y Paraguay por el B. La gran decepción corre a cargo de Uruguay, país cargado de una historia rica en pergaminos y ejecutorias, que en este torneo apenas vislumbra con la consabida fuerza de su tradición, pero sin consolidar un talento digno de una tierra que se precia de ser uno de los mayores exportadores del fútbol mundial.

En este aluvión de pelotazos, de fervor propio de muchachos que despuntan en el panorama futbolístico internacional, fue descollante lo hecho por los cuatro equipos señalados para disputar los tres cupos que otorga el área para el Campeonato Mundial de la categoría previsto en Japón en agosto próximo.

La mejor exposición en esta feria del futuro no llama a ninguna sorpresa: Brasil.

Escuadra apegada a su filosofía de buen trato de pelota, con un esquema de líbero alternado, con laterales que piensan más en el ataque que en defensa, con ese patrón del medio campo por delante de los dos zagueros centrales, dos volantes que cubren la espalda de las proyecciones de sus marcadores, un bailarín que sirve de conexión para dos hombres en punta, atributos adosados a su gran envergadura física que mantiene siempre la alternativa de pegar la pelota al piso o llegar a la línea de fondo para tirar el centro.

El 3-2 de los auriverdes frente a Chile desdice de lo visto en el estadio 12 de octubre de Tuluá. Por ejemplo, en los primeros veinticinco minutos, Brasil había errado por lo menos cinco opciones claras de anotación, además de estrellar dos remates en los postes.

Chile, en suma estadística, puede ser el equipo más productivo en ofensiva; una llegada en el primer tiempo concluyó en gol. Y otra en el segundo término en la pena máxima, acción que para nosotros, resultó un premio muy generoso del árbitro colombiano John Jairo Toro para los australes.

Brasil, como siempre, es dueño de la alegría, de la sutileza, con jugadores de gran manejo y dispuestos a la firma de autógrafos; a posar para las fotos, a congraciarse con los aficionados. Salen con una facilidad enorme de las tensiones de una concentración para vertir su ritmo al lado de los fanáticos.

Argentina en cambio, transmite la seriedad y el temperamento de su técnico Reinaldo Mostaza Merlo, rasgo que en todas las latitudes del mundo lo ha hecho impopular. Es su eterno visitante. Pero no hay duda que es candidato al título porque posee talento, potencia ofensiva y contextura física.

Y no cambian de estilo pese a estar por encima en el trámite y en el marcador. Más bien, toma las consabidas precauciones, no arriesga y tiene la facilidad de donar el campo al rival para liquidarlo por ese constante cambio de ritmo de tres cuartos de cancha hacia adelante.

Paraguay, desteñido en confrontaciones internacionales recientes, parece estar frente a una camada que apunta a buenos horizontes al final del siglo XX. Porque conserva su fuerza, su talla física, y le suma el talento y la habilidad de jugadores como Mendieta, su número 10, Juan Carlos y Alfredo Benítez, sus dos punteros definidos.

Y Colombia con la idea de los últimos tiempos, auncuando sin la decisión para rubricar frente al arco las virtudes que exponen en el medio y en parte en la habilidad de sus delanteros.

Falta ver la reacción uruguaya, característica que por cierto, también parece una premisa en este fútbol. Para mí el equipo estuvo muy mal ubicado en el terreno y allí, en ese planteamiento del técnico, nacieron los grandes problemas , dice Raúl Tavani, el enviado especial del diario El País, de Montevideo.

Yo creo que el cuadro va a levantar porque tiene algunos jugadores interesantes. Pero todo depende de la forma como se planteen los encuentros. Hay que ordenar, tener pausa, y no jugar a 100 kilómetros por hora porque las ideas se confunden por la misma ansiedad , agregó Tavani.

Es el vistazo del primer round de este Suramericano, y en el que cada equipo ya tiene la ventaja de marginarse de las presiones propias del estreno. Falta tres cuartos para configurar esta primera apreciación.

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