ADIÓS PARA LOS RAMOS DE PALMA DE CERA

ADIÓS PARA LOS RAMOS DE PALMA DE CERA

La tradición de los católicos de portar una palma el Domingo de Ramos no ha podido ser modificada por los llamados de los jerarcas de la iglesia y menos por los defensores del medio ambiente.

08 de abril 1995 , 12:00 a.m.

A pesar de la campaña iniciada hace algunos meses por los sacerdotes desde sus púlpitos, invitando a sus feligreses a cambiar los ramos por banderas y pancartas, el mercado de las palmas en las plazas se mantuvo.

Tampoco la invitación de los ambientalistas que, a través de una serie de consejos para remplazar el uso de la palma de cera por otros materiales similares, ha surtido efecto, por lo menos, entre los vendedores.

Por eso, ayer, desde tempranas horas, camiones cargados de palmas destinadas a la elaboración de los ramos, arribaron a los principales mercados de la ciudad. El primer destino era la Central de Abastos de Bogotá (Corabastos), sitio desde donde se distribuyó la mercancía hacia las demás zonas.

Además de la tradición, las pocas autoridades que intentaron controlar la venta de palmas se vieron enfrentadas a un ejército de vendedores ambulantes que llenaron las principales vías de la ciudad ofreciendo sus ramos.

Ante tanta oferta, la demanda no se hizo esperar, pues había ramos para todos los gustos y bolsillos, desde 100 hasta 500 pesos, todo dependiendo del cliente.

Oficio tradicional Hacer ramos es una tarea que también hace parte de la tradición. Por ejemplo, Rosa Tulia Guerrero, una de las vendedoras que se apostó en una esquina de la plaza de Paloquemao, aseguró dedicarse al oficio de tejer palmas para la Semana Santa desde hace por lo menos 43 años. Su maestra, según manifestó, fue su propia madre, quien a su vez había sido aleccionada por su abuela.

Tal adiestramiento en la labor, le permite a Rosa Tulia, por esta época, dedicarse a tejer palmas, pues además de darle mayores ganancias que la venta de productos agrícolas, le deja un poco de tiempo libre.

Ayer, esa esquina suroccidental de la plaza de Paloquemao era uno de los sitios preferidos por los compradores al por mayor, aunque ya con una reventa, para adquirir los ramos. La ventaja que ofrecía el sitio ante la misma Central de Abastos era el tejido de las palmas, ya que en Corabastos se encontraban en su estado natural.

La transformación de palma en ramo, hacía que el precio se duplicara y hasta se triplicara. Mientras que en la Central de Abastos el bulto de palma costaba 8.000 pesos, en Paloquemao el precio sobrepasaba, fácilmente, los 16.000 pesos.

Estas razones fueron las que impidieron que el llamado de la iglesia y de los ecologistas se cumpliera a cabalidad.

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