QUÉ MISTERIO OCULTAN LAS MANOS DE PERÓN

QUÉ MISTERIO OCULTAN LAS MANOS DE PERÓN

Cuando Perón encontró la muerte un desagradable día de invierno de 1974, el hombre fuerte de Argentina apretaba su rosario favorito, regalo del Papa Pablo VI.

06 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Las plegarias de Perón por un descanso pacífico no habrían de recibir respuesta. Trece años después del infarto que le causara la muerte, unos rapiñeros de tumbas se metieron al mausoleo de la familia Perón, abrieron a la fuerza el ataúd que contenía el cadáver embalsamado del general, y con precisión de cirujano le quitaron las manos. La profanación provocó protestas callejeras y una huelga nacional. Pero los años de investigación, obstaculizada por las misteriosas muertes de funcionarios y testigos clave, no han dado ni con el motivo ni con los sospechosos.

Ahora, un personaje que había guardado silencio ha hecho pública una teoría fantástica: los ladrones pueden haber hurtado las manos como parte de una extraña estratagema para arrebatar la fortuna que se rumorea dejó el general.

La hipótesis más interesante era que los ladrones necesitaban las manos para abrir una caja fuerte, un tipo especial de caja fuerte , dice el abogado Juan Carlos Iglesias, confidente del principal investigador del caso, que murió sospechosamente tras la investigación.

Iglesias se refiere a un cofre que en vez de controlarse con una llave o un candado de combinación, funciona con lo que se conoce como un lector de la geometría de las manos . Este tipo de caja fuerte, que emplean sólo las personas o instituciones más obsesionadas con la seguridad, emite un destello de luz incandescente que mide la forma de toda mano que intente abrirla. Las cajas están programadas para abrir sólo bajo las manos de sus dueños.

Huellas dactilares Tan extraño como parece, el concepto de usar un cadáver para abrir un cofre personalizado ya se le ha ocurrido a otros: se sabe que el ejército de Estados Unidos, que ha usado los lectores de geometría manual para proteger materiales nucleares, realizó estudios sobre cadáveres durante la Guerra Fría. Los expertos creen que una mano muerta probablemente podría abrir un dispositivo de ese tipo, si no hubiera encogido debido a la pérdida de sangre.

Iglesias dice que los investigadores argentinos también consideraban otra teoría: que los ladrones necesitaban las manos del general Perón para autentificar con sus huellas dactilares un formulario de retiro bancario. En este campo, también han ocurrido cosas más extrañas. Hace unos años, la agencia de detectives Pinkerton descubrió un fraude perpetrado por una viuda que guardaba el dedo de su difunto marido en un frasco con formol para estampar su huella en las solicitudes de indemnización por incapacidad.

Se creía que los criminales sólo emprenderían un plan como ése si tuvieran mucho que ganar , dice Iglesias, mientras comenta el caso en un almuerzo. Se creía que la fortuna del general ascendía... . Se detiene a media frase, y le echa una mirada malhumorada al mozo que se ha demorado en servir un vaso de agua para escuchar la conversación. Millones de dólares , continúa Iglesias, tras la partida del mozo. Muchos, muchos millones .

Iglesias, que se jubiló tras ejercer como el principal auditor de un gran banco de Buenos Aires, era la persona más cercana al juez Jaime Far Sua, que dirigió la investigación hasta su muerte en 1987 en un accidente de automóvil. El juez Far Sua me dijo que las manos podían ser las llaves de la fortuna oculta del general, justo antes de meterse en el auto para hacer ese viaje, su último viaje , dice Iglesias.

Gran revuelo Dado que cualquier evidencia que respaldara la teoría del robo de las manos desapareció con la muerte del juez, Iglesias declinó discutir el asunto durante muchos años, hasta que el diario La Nación de Buenos Aires lo convenciera hace poco de lo contrario. Ahora que las dificultades de los bancos hacen que los argentinos teman por sus propios ahorros, las revelaciones sobre el supuesto tesoro de Perón han causado un gran revuelo. Iglesias se ha convertido en un personaje algo célebre, algunos de los fieles del general reclaman una nueva investigación y los periodistas escarban en busca de pistas.

Francisco Zabala, un estudiante universitario que examina volúmenes de historia de la época de Perón en una librería bonaerense, dice que su interés se debe sólo en parte a un examen próximo. Con esas manos uno podría pagarse la matrícula y mucho más , dice.

Nadie contaba con que el general Perón, que fue presidente durante dos períodos, continuara haciendo historia mucho después de su muerte. En junio de 1987 algunos políticos prominentes recibieron una carta cuya letra casi ilegible trasmitía un mensaje escandaloso: una pandilla de ladrones se jactaba de haberse hecho de las manos del general y exigía una recompensa de US$8 millones.

Pero los ladrones no hicieron caso a los intentos de la familia Perón de pagar el rescate, otro de los enigmas del asunto. El crimen parece carecer de un motivo lógico , dijo el juez Far Sua, al comenzar la investigación, y sin embargo parece obra de profesionales . En efecto, los ladrones de alguna forma lograron perforar la carcasa de una tonelada de acero que protegía el ataúd, una proeza de ingeniería que los técnicos de laboratorio apenas pueden explicarse.

Las investigaciones de cultos místicos y grupos políticos radicales no produjeron resultados. Y a varias personas en posición de ayudar a resolver el caso les sobrevino una sucesión de calamidades. Cuando se produjo el robo, un sereno del mausoleo de Perón murió de una paliza. Una viuda que llevaba flores a la tumba de Perón murió poco tiempo después. Tras alertar a las autoridades de que la muerte de la viuda estaba conectada con el caso de Perón, su hija desapareció sin dejar rastro.

Demasiadas tragedias Cinco meses después del robo, apareció el cadáver carbonizado del juez Far Sua dentro de un auto incendiado en una carretera rural. El origen del incendio fue un misterio, ya que el tanque de gasolina y la batería seguían intactos.

Unas semanas más tarde, el principal investigador policial murió de un infarto originado por un ataque de asma. Luego, hirieron de bala en la cara a su principal asistente en una emboscada; sobrevivió, pero se vio obligado a jubilarse ya que quedó incapacitado. Ocurrieron demasiadas tragedias a demasiada gente involucrada en el caso para que sea una coincidencia , dice Juan Gabriel Labake, abogado que en una época representó a Isabel, la viuda de Perón.

No obstante, Labake se muestra escéptico respecto a todos los comentarios sobre tesoros ocultos. Tras la muerte del general, buscó sin descanso las cuentas bancarias en el extranjero y las cajas fuertes que supuestamente controlaba el general, pero nunca logró ubicar ni una.

Entonces por qué ahora se embala tanto la gente con esto? Labake se encoge de hombros. Esto es Argentina , dice en lo que se refiere al dinero, nada es increíble .

En efecto, el interés por las extremidades desaparecidas puede servir de barómetro de la ansiedad económica de un país cuya historia financiera a menudo bordea lo absurdo. Las manos desaparecieron hace casi una década, cuando los argentinos presa del pánico se llevaron US$40.000 millones del país por cualquier medio posible, desde giros bancarios hasta baúles con doble fondo. Ahora los dedos desaparecidos vuelven a la prominencia durante una crisis financiera en la que el presidente Carlos Menem le ha implorado a los argentinos que mantengan el dinero en los bancos, en lugar de meterlo en la cama, ya que como dijo, el colchón no paga interés .

En cualquier caso, los comentarios sobre los ingresos potenciales que generarían las manos del general preocupan a Blanca Cáceres, una de las mujeres que rinden homenaje a Perón todos los domingos en su mausoleo. Alguna gente que no hemos visto antes nos ha estado preguntando sobre el general , dice. Dios no permita que se lleven más de él .

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