El tesoro, avaluado en más de mil millones de pesos, era custodiado durante
el día por un solo celador y permanecía en bóvedas, que no eran de
seguridad.
En las noches, el edificio quedaba solo. Además, la alarma está averiada y
suena ocasionalmente, según dice el vigilante Delio Tique y, el monitoreo de
24 horas que tenía el sistema lo cancelaron hace un mes por falta de pago.
El robo al parecer fue cometido por conocedores de arte y con complicidad de
la vigilancia o de funcionarios del museo, denunció el coronel Eduardo
Carrillo, comandante de la Policía del Huila, tras mencionar que para
alzarse con las 36 piezas no se violó ni una chapa.
Jaime Cardozo, un artesano contratado para instalar un soporte de una tumba
dentro del museo, fue el primero en notar la pérdida del tesoro.
Llegué para hacer el trabajo y ya había un grupo de estudiantes en el
museo, con dos vigías de patrimonio y me percaté de que las vitrinas estaban
desocupadas, dijo.
Maritza Valderrama Cervera, directora del museo, dijo que la colección tenía
una póliza de 200 millones de pesos, y que el valor de las piezas podría
subir fuera del país.
Según ella, seis de las piezas robadas hacían parte de las 50 mejores del
país, seleccionadas por el Programa Colecciones Colombianas del Ministerio
de Cultura y el Museo Nacional de Colombia.
El vigilante Tique, quien cuidó el Museo desde el viernes y todo el fin de
semana, dijo que sólo dos personas entraron al lugar: la directora, el
sábado en la mañana, que se demoró unos minutos, y una estudiante de colegio
que hace pasantías.
Agregó que el lunes por la mañana estuvo un vigía, quien le comunicó que las
bóveda estaban vacías.
Según Tique, ese mismo lunes, a las 10 a.m. se percató del robo y se lo
comunicó, por teléfono, a la Directora, quien desde una reunión de
arqueólogos en Bogotá le dijo que no se preocupara.
Sin embargo, la directora Valderrama asegura que Tique solo la llamó el
lunes en la tarde y que no le mencionó que las piezas de oro estuvieron
fuera de la bóveda.
Con este robo, el Huila se quedó sin ningún vestigio en oro de la milenaria
cultura agustiniana.
La única pieza que queda está expuesta en el Museo del Oro, en Bogotá. Se
trata de un pez gigante de mar que tallaron los agustinianos en las
profundidades de la región andina.
HELGON