LA MOGOLLA Y SU PARENTELA

LA MOGOLLA Y SU PARENTELA

Como cualquier Hernán Echavarría que se respete, la mogolla tiene muchos parientes y todos muy ricos.

05 de junio 1996 , 12:00 a. m.

El espectáculo aquel de un poco de conspiradores tirándole mogollas a Heyne Mogollón la semana pasada, cuando hacía su entrada al Capitolio, me parece la mejor demostración de que ante una no descartable invasión de marines , lo primero que sin duda Frechette, Gelbard y Cia. le prohibirían al pueblo colombiano sería eso: la mogolla. Y peor aún si ésta es chicharrona...

Mas, como decía, vilipendiar la mogolla nuestra dulce y morena mogolla, tan propia de la zona cundiboyacense, más que de la región de Lorica o Chimá, es una atrocidad que no tiene nombre, especialmente por la parentela que carga. Y, aunque nos invadan, yo sí creo que cuando aquí comiencen a imponernos según órdenes del Tío Bill el inefable hot-dog con seven-up, en vez de nuestra deliciosa mogolla con colombiana, ni siquiera hará falta que el ministro Orlando Obregón aunque ya para entonces ex ministro tenga que liderar ninguna sublevación para defender las más sanas costumbres gastronómicas del pueblo colombiano.

Y es que, por ser Mogollón simple Heyne sin Pepino, los conspiradores todos ellos tan extranjerizados como entregados resolvieron desacreditar por completo este pan de cada día , como pretenden hacerlo asimismo con nuestras más caras instituciones democráticas, al decir de Godofredo Cínico Caspa.

Parientes de la mogolla son en efecto el roscón, el mojicón, las almojábanas, el pan de yuca, los panderos, los negritos y los cotudos. Siguiendo la moda del bisexualismo (a la carga en la pantalla y ahora en un informe especial de Aló en su última edición), algunas de estas colaciones son así, medio de sexo raro, como el roscón y los cotudos, por aquello de identificarse como de rosca universal.

El roscón, como se sabe, debe llevar necesariamente jalea de guayaba, para que sea bueno. A cuantos les echan arequipe, implica que son naturales pero no legítimos.

El mojicón tiene una masa mucho más blandita y lleva azúcar por encima. Incluso hay un postre delicioso que es la torta de mojicón, el que, mucho antes de que llegara McDonalds, preparaban, al igual que otras viandas criollas, las señoras bogotanas en la intimidad de sus cocinas. Cuando cocinaban.

Las almojábanas y el pan de yuca son esos sí de sexo opuesto: de sal y no de dulce, y se extienden a otras regiones fuera del altiplano cundiboyacense, como el Valle del Cauca. En donde el pan de yuca, además, emula con el pandebono, que es parecido pero, con perdón de los vallunos, pesadísimo desde el punto de vista digestivo.

En cambio los panderos y los cotudos sí tienen nacionalidad propia, pese a que resultan de maravilla al servirlos con el famoso y humeante chocolate santafereño. Mientras los cotudos son de Chita, Boyacá, y se venden como pan caliente aunque son fríos, en forma de rosca o aro y se rocían con melado a punto de hilo en todos los pueblos de este noble territorio, comenzando por Chiquinquirá, los panderos son originarios de Cauca y Nariño, auncuando también de Tolima y Huila. Ojo, no confundirlos con las achiras, muy asociadas con estos dos últimos departamentos, pues éstas son de sal mientras que los panderos son secos pero dulces.

De los negritos poco conozco, y simplemente me remitiría a señalar que constituyen una especie de brownies criollos, aunque supongo que menos chocolatudos y quizás más acaramelados, gracias a la panela, que es otra de las bendiciones del pueblo colombiano. Y en cuanto a la mogolla chicharrona, ésta sí es la madre de todas ellas. Mogolla chicharrona no es sólo la que tiene atravesada el Congreso y el país en estos momentos, sino la hogaza más deliciosa de todas, precisamente por la supia de chicharrón que lleva adentro. Oriunda de Tabio, Cundinamarca, la sola amenaza de no volver a probarla, ante la inminencia de ser desplazada por unos desabridos muffins, es indudablemente una retaliación económica inaceptable. Es que, dear Myles, hay que haber nacido en esta tierra tierra buena y no solo de corruptos para saber lo que significa una mogolla chicharrona recién salida del horno en el paladar...

Se me quedan entre el tintero los merengues y las arepas también de género raro, las arepas, y aun las cucas y los envueltos de mazorca... Para no hablar de los uribistas, bizcochos exquisitos que se conseguían antes en Bucaramanga. Todo ello lo perderemos gradualmente, ante el apremio de una probable invasión. Lo cual será de llorar, por no saber protestar como toca (es decir, no con mogollas sino con decoro y una dosis mínima de dignidad), en el seno de la OEA y de la ONU... donde el silencio de Colombia ha sido hasta ahora excesivamente elocuente, a causa de que a nuestros respectivos embajadores quizás ya se les olvidó a qué sabe un buen chicharrón, por estar intoxicándose de junk food.

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