ROSARIO DE PERLAS

ROSARIO DE PERLAS

Esta columna sigue teniendo el privilegio de ganarse periódicamente unos francotiradores a quienes une el común denominador de la agresividad y la pésima puntería.

07 de abril 1995 , 12:00 a.m.

El último ha sido el señor Germán Saavedra, quien en carta publicada en Cosas del Día el 2 de abril, me lanza varios disparos de los cuales paso a ocuparme a fin de evitar, como de costumbre, confusiones entre los lectores de buena fe.

En primer término, me censura mi francotirador de turno que yo me refiera al neologismo lonche como un híbrido repugnante. Debo ante todo manifestar al señor Saavedra que antes de escribir mi nota me enteré de la inclusión de la malsonante e innecesaria palabra en el Diccionario de Colombianismos de los señores Haensch y Werner. Y con todo el respeto que merecen estos distinguidos filólogos, no vacilo en afirmar que el desagradable lonche estaría mejor ubicado en un diccionario de barbarismos que, a propósito, buena falta nos está haciendo.

De ahí la recomendación que formulé a nuestros snobs de parroquia: que si quieren usar de una vez la palabra inglesa digan lunch, que al menos tiene la ventaja de provenir del castellano lonja, según el Oxford English Dictionary. Pero yo insisto, con la venia del señor Saavedra, en que el repelente lonche nos sobra, teniendo al alcance de la mano la piñata o la merienda, aunque esta no sea de caníbales, para satisfacer así el humor adusto y ceñudo de mi francotirador. Pienso igualmente que tampoco necesitamos la lonchera, cuando contamos con los servicios de la marmita y la fiambrera. Pero lo más divertido es que mi encarnizado francotirador dice que un académico (que no lo soy) de mi talla debería emplear, en vez de angloparlante, la voz anglohablante que, según él, es la correcta.

Yo le sugiero al señor Saavedra que le invierta unos pesitos al Diccionario de la Real Academia, no para adornar anaqueles, sino para consultarlo antes de disparar contra este columnista. En esa forma se enterará de que el mencionado diccionario acepta anglohablante y angloparlante como equivalentes. Está todo claro, señor Saavedra? Si no lo está para usted, confío en que lo esté para los lectores que se preocupan más del idioma que de la pendencia.

Y ahora, para variar un poco, vamos a pasar a la historia. Leí con mucho agrado, como de costumbre, una reciente crónica de Mauricio Obregón en EL TIEMPO, en la que evoca sus tiempos de diplomático en Venezuela. Pero grande fue mi estupor al ver cómo Mauricio se refiere en su nota a don Marcos Pérez Jiménez, a la sazón amo absoluto de Venezuela, como un gordito jovial de quien se decían horrores . No, admirado Mauricio. Por favor no te equivoques. El gordido jovial fue uno de los dictadores más bárbaros, sanguinarios y rapaces que registra la historia de este sufrido continente. Si quieres conocer a un gordito jovial de quien, además, no se dicen horrores, estoy a tus gratas órdenes.

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