AGUACHICA, UN INFIERNO GRANDE

AGUACHICA, UN INFIERNO GRANDE

La suerte de Aguachica y de su alcalde, Luis Fernando Rincón, depende de un plebiscito.

06 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Así lo acordaron la Gobernación de Cesar y el alcalde, durante una reunión de urgencia celebrada este martes en Aguachica.

La reunión surgió luego de que Rincón prometió renunciar, impotente para controlar el orden público en el municipio.

El gobernador de Cesar, Mauricio Pimiento Barrera, y Rincón, coincidieron en expresar que de nada servirán las inversiones que demanda la región si la gente sigue apoyando el doble juego de los grupos extremistas.

Pimiento cuestionó la petición de un diálogo regional en esa zona del departamento, cuando hay fuerzas polarizadas que presionan para sus propias conveniencias .

Dijo ser partidario del diálogo de la ciudadanía, para que ella fije las prioridades y sea la arista que se interponga en las intenciones de quienes actúan en la clandestinidad.

En la reunión, Rincón se comprometió a que este jueves, en rueda de prensa, dirá si renuncia o no.

Por su parte, el general Manuel José Bonett, comandante de la Segunda División del Ejército, reiteró en la reunión que cumplirá la promesa de mejorar las acciones de control militar, pese a todas las dificultades.

En menos de un año, Aguachica se quedó sin alcaldes. Primero se fue Manuel Claro Santiago, aburrido por la suspensión de sus funciones por la Fiscalía en Valledupar.

En su reemplazo se designó a Patricia Rojas Domínguez, pero el 31 de mayo del año pasado dejó la alcaldía y el municipio por amenazas de la guerrilla. Para controlar la situación se designó un alcalde militar, que culminó el período el 31 de diciembre.

A pesar de los problemas de orden público y los escasos recursos económicos, Rojas desarrollaba una aceptable labor administrativa, pero el 17 de mayo el secuestro y posterior asesinato del presidente del Concejo, Oswaldo Arturo Pájaro, la obligó a acelerar su retiro.

Por disposición del Gobierno Nacional asumió el mayor Jhon Carlos Vigoya Arango. La calma retornó transitoriamente, pero el 29 de julio se desestabilizó con la masacre de 3 campesinos en el corregimiento Norean, a cinco minutos de Aguachica.

Luego, el 3 de agosto, ocurrió el secuestro de los hermanos Carlos Daniel y Héctor Navarro Ojeda, y en noviembre, encapuchados asaltaron la cárcel municipal y liberaron a ocho reclusos, de los cuales siete fueron asesinados, lo mismo que el concejal Joaquín Fidel Royero Guzmán.

A la anterior situación desestabilizadora la antecedieron el asesinato del concejal Angel Isaza y del secretario privado de la alcaldía, José Emerson Sepúlveda, ambos en Aguachica. Igualmente, tres masacres en la zona rural de Gamarra y Río de Oro, que dejaron en total 15 personas muertas.

Lo anterior, sin contar los atentados y crimenes contra particulares.

El año 1994 fue calificado como trágico por las propias autoridades y los gremios de la producción en la región. Y, en 1995, cuando se pensó que la situación cambiaría, el panorama, en lugar de despejarse, se oscureció más.

Tres masacres en los primeros noventa días del año, el asesinato del director del Hospital, José David Padilla; las amenazas de muerte contra el alcalde, a través de panfletos del Eln; y la incomunicación de toda la región por la voladura de una torres de Telecom, entre otros factores, tienen a esta población del sur de Cesar en un estado tal de inestabilidad, que en criterio de los habitantes, cualquier cosa puede suceder en cualquier momento.

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