AHORA, A GOBERNAR

AHORA, A GOBERNAR

Mi vida es un libro abierto es una frase poético-costumbrista que puede resultar jugosa para titulares, pero que no satisface lo que algunos esperábamos oír del presidente Samper en la rueda de prensa que convocó ayer en la tarde. A mí me hubiera gustado más escuchar un tajante NO, que una referencia a la transparencia de su vida y a la eficacia de nuestros tribunales de Justicia.

06 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Fuera de esta respuesta un tanto elíptica, fue positiva la idea de convocar una rueda de prensa para absolver interrogantes y disipar sospechas de que el Presidente pudiera estar sacándole el cuerpo al problema de los narcocasetes y a las versiones de toda índole que han salido últimamente.

Samper hizo lo que ha debido hacer hace tiempos salirle al quite al asunto, para aclarar rumores y despejar consejas que van haciendo carrera. No es un problema de rebajarse a responder a calumnias domésticas o patrañas del exterior, sino de no dejar prosperar, con el silencio o la ausencia, intrigas o medias verdades que acaban por afectar la imagen o credibilidad del Gobierno.

La naturaleza conciliadora y a veces evasiva de Samper hace que prefiera pasar agachado en ciertos momentos de crisis, en la creencia de que es mejor esperar a que pasen los temporales. Esto no siempre resulta. Y en este caso, se prestaba para alimentar los rumores y chismes.

En la rueda de prensa cabe destacar su autorización para que el ex presidente Pastrana divulgue lo que dijo hace un mes en la Comisión de Relaciones Exteriores, cuando sus miembros fueron convocados con motivo del lío de la certificación, y que, según el ex mandatario, asombraría al país . Quedamos pendientes, pues, de conocer qué fue lo que dijo el doctor Pastrana Borrero y si es que hay algo nuevo en todo este embrollo.

A juzgar por la lánguida audiencia en el Senado de E. U., nada hay de nuevo. Las mismas sindicaciones sobre la narcodemocracia y las mismas amenazas del senador Jesse Helms contra Colombia. Ni siquiera apareció la famosa María con sus increíbles versiones sobre Samper recibiendo maletas llenas de billete. Sé, de buena fuente gringa, que la tal María fue descontinuada desde 1992 como testigo fiable.

Todo esto ha sido, en fin, un episodio desgastador para el Gobierno. En parte porque su excesiva susceptibilidad a los rumores, sus desatinados intentos de manejar a la prensa y sus erráticas reacciones a versiones noticiosas o juicios políticos mal intencionados, aquí o en el exterior, contribuyeron a sobredimensionar el problema.

Aunque no se puede decir que éste haya quedado totalmente superado, lo sucedido en las últimas 48 horas sí le ha despejado bastante el panorama al Gobierno Samper. Ya puede respirar y gobernar más tranquilo. El Congreso gringo no salió con nada. La Casa Pastrana salió mal parada, pues quedó identificada con la antipatria ante la opinión. Y el embajador Frechette acaba de hacer un gran elogio de los esfuerzos del Gobierno por combatir el narcotráfico.

Si alguien, aquí o en E. U., sabe o tiene algo nuevo, que lo diga, con las pruebas y hechos concretos del caso. Y que la Fiscalía investigue todo lo que tiene que investigar sin complacencias ni complicidades. Y rápido. Lo que no se puede es seguir con run-runes y habladurías que van creando un ambiente de zozobra sicológica.

En medio de todo, queda la sensación de que aquí lo que cala es el chisme o la melodramatización de los hechos. Sobran los ejemplos del momento.

La torpe aparición en Semana de un teniente posando de suscriptor, para averiguar procesos internos de la revista, no es un atentado contra la libertad de prensa (aunque sí un inquietante precedente), sino otra lamentable muestra de la ineptitud de los servicios de inteligencia del Estado.

Cabe esperar que la investigación anunciada sobre este grotesco episodio concluya muy pronto. Y que los responsables del mismo reciban la sanción correspondiente.

El unánime y muy vehemente pronunciamiento del Consejo de Ministros contra la Casa Pastrana y su periódico, tampoco es un atropello a la libertad de prensa (como lo ha sugerido el ex presidente Pastrana), sino una desconcertante reacción (por lo exagerada y contraproducente) del alto Gobierno ante los folclóricos y ya rutinarios excesos de un tabloide de nula circulación y escasa credibilidad. El más feliz con la furiosa reacción del gabinete debe ser el travieso director de La Prensa , cuyo truculento fotomontaje provocó semejante conmoción.

Para el Gobierno, estos dos incidentes deberían convertirse en enseñanzas sobre sus relaciones con los medios. O sus reacciones ante los mismos. Más vale no sufrir tanto con los titulares; no estar tan pendiente de cómo y qué van a decir sobre tánto tema molesto. No trasladarles, tampoco, la culpa de las fallas del Gobierno, ni tratar de volverlos corresponsables de la tarea de gobernar.

Influir sobre los medios; convencerlos de las bondades oficiales, o hacerlos caer en cuenta de sus errores, es propósito obvio y además legítimo de cualquier gobierno. Todo depende de como se haga. Gastar demasiadas energías tratando de atajar historias es tarea fútil. Y casi siempre contraproducente.

Habría que imaginarse a Clinton dedicado a refutar todo lo que se publica sobre él, comenzando por sus romances clandestinos con la Flowers. O al gabinete de Mitterrand pronunciándose contra las crueles sátiras y feroces caricaturas del semanario Canard Enchainé .

La prensa truculenta, mentirosa o tergiversadora termina por perder toda credibilidad. De esa no hay que estar ocupándose tanto. A la otra, dejarla trabajar. Y el Gobierno, a gobernar.

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