LA TORMENTA

LA TORMENTA

El debate del senador republicano Helms, no pasó a mayores. Como en esas novelas de romance, la famosa María, el personaje esperado, discutido y misterioso, no apareció. Pero el senador encarnó la rudeza de esos viejos políticos norteamericanos que daban más garrote que zanahoria, y amenazó francamente a Colombia al anunciar una posible serie de medidas contra nuestra economía. Sin concretar algo nuevo, sino insistiendo en la débil batalla del país contra los narcotraficantes, formuló un ultimátum al Gobierno colombiano. Desagradable, antipático el tono y desde luego peligroso el futuro. Pero el debate culminó sin mayores estragos y podríamos decir, ante la indiferencia de sus colegas y la frialdad de los medios informativos norteamericanos.

06 de abril 1995 , 12:00 a.m.

De todas formas el mal clima persiste e infortunadamente las acciones que se cumplen en Cali no surten el efecto esperado pero sí deseado por todos, o sea la captura de los grandes jefes. Mas sí obligan a un alto funcionario como es el embajador norteamericano, quien no tiene pelos en la lengua, a reconocer que se está luchando y bien. El diplomático, por su posición, conocimiento de la materia y percepción de lo que pasa en nuestra patria, puede ser, y estamos seguros lo será, un buen expositor en defensa de la dura lucha de los gobiernos y en especial el de Samper en esta agitada etapa del narcotráfico caleño.

El Gobierno y todos los colombianos lo apoyamos tiene que internacionalizar aun más la batalla contra el narcotráfico. No es una simple escaramuza sino casi una tercera guerra mundial, en la que se ven involucrados países americanos, europeos y asiáticos. Las cifras que se ofrecen en el exterior y en el interior, como producto del tráfico maldito, son colosales. Basta citar que a veces superan los presupuestos nacionales, y no de países subdesarrollados sino en pleno desarrollo. No obstante, en Cali se lucha y se lucha bien. Caen pistas clandestinas, se captura a jefes más o menos destacados, reconociendo que los grandes capos se escapan de las manos como hábiles peces.

Pero las autoridades dan la batalla no solo en el frente externo sino dentro de sus filas, donde una tenaz y necesarísima depuración permite esperar éxitos futuros que puedan calmar aun a ese duro y feroz senador.

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