EL FIN DEL MITTERRANDISMO

EL FIN DEL MITTERRANDISMO

Como se ha anotado, las elecciones presidenciales francesas son el acontecimiento político, previsible, más destacado de Europa este año. Por eso mismo la campaña resulta decepcionante en muchos aspectos, y en otros inquietante. Tal vez era demasiado pedir que marcara rumbos distintos, esclarecedores, al desierto ideológico generalizado en el mundo de la posguerra fría, pero lo menos que podía esperarse era un debate con altura. De su ausencia se queja el Llamado del Comité de Reflexión y de Iniciativas a los Candidatos (16 de marzo) sin tener el eco de otros tiempos en que se jugaban alternativas de fondo. Los intelectuales tendrán que resignarse, como todos sus compatriotas, a escoger un gestionario antes que a un estadista. La época no da para un De Gaulle con proyección mundial, capacidad de convocatoria y visión de la historia.

06 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Los sindicatos, disminuidos, no desean comprometerse con ningún candidato, sino más bien reforzar, por anticipado, el papel de negociadores sociales frente al Estado en temas que no se están decidiendo en las urnas. Y los empresarios más perspicaces saben dónde residen los peligros. Cuando el nuevo presidente de la Liga de los derechos del hombre , Henry Lecrec, afirma: La campaña electoral esquiva los problemas esenciales: la fractura social, las libertades públicas, la situación de los extranjeros coincide con una sensación generalizada, que Alain Touraine extrema al señalar que el sistema político francés está en descomposición tan avanzada como el italiano , los escándalos del establecimiento político, sus prácticas mismas, lo están alejando de la representación del pueblo, como se lee en los textos, para reducirlo a una simple empresa personal o de clanes, fenómeno que hace parte también de la globalización .

Francia es hoy la cuarta potencia del mundo, con un crecimiento del Producto Interno Bruto del 2,3 por ciento en los últimos veinte años (0,2 por ciento más alto que el promedio europeo) y con un desempleo del 12,6 por ciento cuando la tasa promedio es de 8,5 por ciento para los países de la OECD. Hay un contraste entre el éxito económico y el desafío social. Francia goza de prestigio, ha modernizado su aparato económico, compite con su elevada productividad en los mercados globalizados, es pieza maestra de la construcción europea, pero con 3.3 millones de desempleados y problemas diversos de inserción social se comprenden las razones para un cierto cinismo hacia la política.

El reciente informe (La France de l an 2000) de personalidades de distintos horizontes, al Primer Ministro, en que se percibe la inteligencia luminosa de Alain Minc, delinea estrategias para encarar los principales problemas a los que tendrán que volver los que lleguen al Gobierno. Para comenzar, que es necesario conciliar el imperativo de la productividad y de la cohesión social, los principios de una sociedad abierta y el deber de solidaridad, la eficacia y la equidad . La equidad es la clave así como la igualdad (negada en la realidad) lo fue para el modelo anterior. Con claridad observa hay que reintroducir en la sociedad francesa esa parte de ella misma que está en vías de marginalización .

Las elecciones del 23 de abril y 7 de mayo marcarán el fin del mitterrandismo, porque el socialismo se cayó mucho antes. No sólo por derrotas electorales contundentes, sino por el abandono de sus propios programas y del proyecto de 1981 que no sobrevivió a la cohabitación con la derecha ni al derrumbe socialista mundial. Aunque las denominaciones clásicas ya no reflejan la realidad, es evidente que la izquierda no es hoy una alternativa en Francia que tiene para escoger entre dos candidatos de derecha moderna. moderada. Con divergencias de estilo, de personalidad y de estrategia, pero en nada sustancial. La habilidad de Chirac consiste en personificar un cierto cambio en un país decepcionado del socialismo, mientras que Galladur actúa con impermeabilidad burguesa, desdeñoso del populismo. Ninguno de los dos tiene que ver con la derecha recalcitrante, antieuropeista, o con la nueva derecha de los republicanos de Estados Unidos. Significativamente, en el mandato a la comisión Minc se piden medidas que conduzcan a una mayor eficacia del Estado providencia pero no se piensa en desmantelarlo o en jugar al nuevo Estado gendarme.

Con un 40 por ciento de indecisos sería inapropiado asegurar que Chirac está elegido, pero todo apunta hacia allá. Habrá que ponderar sus propuestas, especialmente el personaje, para descifrar lo que va a ser su gobierno en que Latinoamérica carece, por ahora, de ubicación.

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