LA LUCHA EN LA SELVA

LA LUCHA EN LA SELVA

En una operación sorpresiva la policía de Colombia en la lucha contra el narcotráfico inició la destrucción de las pistas clandestinas que empieza a descubrir en la vasta red construida para la exportación de cocaína. En pocos días ha destruido 30, pero se presume que hay 700 en servicio permanente. Cómo han podido construirse con toda la técnica moderna y estar sirviendo a no sabemos cuántos pilotos para prestar servicios regulares en aviones modernísimos, sosteniendo talleres con mecánicos expertos? Cómo se construyeron, llevando maquinaria hasta el fondo de la selva? A qué costo montaron los fabricantes de cocaína semejante organización que Colombia ha gastado meses y años en descubrir, pero en cuyo montaje se pagaron obreros y técnicos, dentro de una organización secreta, a un costo superior a cuanto podía gastar el gobierno para controlarlo?

06 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Hoy Colombia es el mayor productor de cocaína, y esto les produce a quienes la fabrican, distribuyen y venden ganancias que los han colocado entre los millonarios del mundo. Es una pueril arrogancia la que mostró la Constituyente del 91 al reclamar para Colombia la exclusiva de ser nuestro país el que juzgara y fijara el castigo de los delincuentes que, como Pablo Escobar, practicaran todo el plan de su negocio ilícito fuera de Colombia. La circunstancia de haber nacido en Colombia no hacía de él un delincuente rigurosamente colombiano. Por su educación y sus negocios estaba tan lejos de nosotros que el Estado colombiano carecía de elementos para juzgarlo y de instrumentos para castigarlo. Devolverlo a Envigado era llevarlo a la cárcel abierta de donde salió por la puerta principal.

Hace dos o tres años el director del partido comunista, senador de la república, exigía al ministro de Defensa la presentación de los gastos del Ejército colombiano para que se enterara el país de cómo estaba empleándose el dinero en armar al Ejército. Yo pensaba entonces hasta dónde llegaba el cinismo del senador. Cuándo llegaremos a que nos presenten sus libros de entradas y gastos quienes tienen como rentas, antes de la venta de la cocaína, los asaltos a las sucursales de la Caja Agraria, el boleteo de las haciendas, cuando no es el robo de ganado, el secuestro, cobrando sumas millonarias por el rescate, y todo lo demás que ha enriquecido al M-19, al Ejército de Liberación Nacional, a las Farc? Leyendo las informaciones sobre la destrucción de las treinta pistas clandestinas ya descubiertas, se ve cómo el trabajo que tiene por delante Colombia no es para un solo país. He sostenido la necesidad de acudir a la solidaridad internacional para someter a este nuevo estado de las 700 pistas clandestinas y la mayor fábrica de cocaína del mundo. No le toca a un solo Estado, por soberano que sea, reducir al enemigo de América y de Europa (y como es claro de Colombia misma) y mucho menos regateándole los norteamericanos su ayuda.

Hay que confesar que los avances hechos en Colombia por la empresa de narcotraficantes han utilizado a un número de personas muy grande. No se construyen las aeropistas sin la participación de brigadas de obreros y de gente capacitada para dirigirlos. No funcionan las fábricas, así sea tan avanzado su montaje, sin personal y gente que maneje los depósitos, que haga los transportes, que intervenga en todos los pormenores de una de las grandes industrias del mundo, con todos los servicios de las pequeñas ciudades que animan esos núcleos industriales, todo entre alambrados de propinas y silencios remunerados.

El golpe que esta vez están dando las Fuerzas Armadas nacionales a la organización de narcotraficantes es digno de admiración. Hay que agregar que las 700 pistas clandestinas forman como un árbol de sustentación a la industria prohibida para cuya defensa los guerrilleros están comprometidos detrás de todas las pistas. La acción conjunta de la industria y la guerrilla trabaja en este caso en su más íntimo acuerdo, y de ahí nace el mayor poder que tienen hoy los guerrilleros. Por eso mismo no puede mirarse el trabajo que está haciendo Colombia como una simple operación nacional. De la destrucción de las 700 pistas los primeros beneficiados son la sociedad americana y los mismos europeos que empiezan a hacer el nuevo mercado del polvo blanco.

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