DE LA BIBLIA Y LA ESCUELA AUSTRIACA

DE LA BIBLIA Y LA ESCUELA AUSTRIACA

Ella nunca fue juez y desde cuando supo que subiría al estrado de la Cámara, en trance de administrar justicia, ha pasado noches en vela y ha sentido que camina por la calle de la angustia acompañada por interminables reflexiones sobre la ética y el derecho.

06 de junio 1996 , 12:00 a.m.

El también ha visto varios amaneceres metido entre la farragosa y menuda letra del expediente, y a diferencia de ella, siente que ya tiene sus dudas resueltas.

Ella, Viviane Morales, cree que jurídicamente el procesado ya ve luz del otro lado del túnel, pero encuentra niebla densa en la vía del juicio ético. Es más, siente que hace mucho tiempo el país debió estrenar juicios éticos con su clase dirigente, pero se pregunta si es justo hacerlo ahora después de tantos lustros de pecados acumulados con el Presidente de la República.

El, Pablo Victoria, tiene una interpretación más pragmática, y acaso más radical, sobre los que llama conceptos libertarios de orden, ética y moral . Y no encuentra caminos alternos al de la acusación.

Desde polos opuestos, ella y él han sido dos de los protagonistas centrales del proceso que se ventila en la Cámara. La antesala de su subida al estrado supuso largas horas de estudio, consultas y reencuentros con viejos autores.

Primera en la lista de oradores, Viviane Morales no solo releyó textos jurídicos e indagó sobre el impacto socioeconómico del narcotráfico en Colombia, sino que acudió a citas imaginarias con Adela Cortina, Gregorio Peces Barba y Julián Marías, los tres gurúes españoles en el tema de la ética y la moral.

Durante las cuatro últimas semanas solo abandonó su cuartel general instalado en su apartamento, para ir a hacer consultas con pastores de su Iglesia Cristiana, con politólogos de distintas tendencias y también, con los suyos.

Dice que nadie le sugirió la palabra final y que ahora ella se siente más aferrada a la ética de la Biblia que aconseja al hombre no permitir que se aparten de sí la misericordia y la verdad.

Pablo Victoria se declaró en acuartelamiento de primer grado en el comedor de la hacienda Yerbabuena. Allí, en compañía de su esposa, la abogada Cristina Gruesso, se dedicó a recortar piezas afines del expediente, a procesarlas y a cotejarlas para construir lo que ellos llamaron un edificio indiciario con cimientos de corrupción.

Aunque coincidencialmente también acude a la Biblia como libro de cabecera, Victoria prefirió aferrarse a los planteamientos verticales, pragmáticos y fríos de Frederich Hayek y Ludwin Vong Mises, dos de los principales exponentes de la escuela del pensamiento austriaco.

Dos escuelas de pensamiento, dos posiciones que están servidas en el amplio menú de opciones que hoy tiene la Cámara para fallar.

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