PAECES, DOS AÑOS SALIENDO DEL BARRO

PAECES, DOS AÑOS SALIENDO DEL BARRO

La maleza y el pasto ocupan el centro de la sala y también invaden la cocina. La altura de las plantas es ahora superior a lo que fueron las paredes de la vivienda de Marco Aurelio Michican y su familia.

06 de junio 1996 , 12:00 a.m.

La casa, a orillas del río Páez, semeja un lisiado cuyas cicatrices recuerdan a los habitantes de Belalcázar (Cauca) la tragedia por la avalancha del 6 de junio de 1994, que dejó 1.107 muertos y varios desaparecidos.

Dos años después, no han sido del todo satisfechas las necesidades básicas de las 1.133 familias damnificadas, que registra el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

A pesar de que todas ellas han sido reubicadas en tierras productivas de Huila y Cauca todavía no cuentan con alcantarillado, acueducto, energía y sistemas de comunicaciones. Además, algunos de los asentamientos, la mayoría indígenas, tienen deficiencias en la prestación de los servicios de salud y educación.

Desde cuando ocurrió el sismo de 6,4 grados que produjo la dispersión paez, en 30 sitios o albergues se reconstruye la cotidianidad perdida por los damnificados.

Nasa Kiwe, la corporación creada para la reconstrucción en los 22 municipios afectados compró 6.142 hectáreas de tierra. Se busca que cada familia tenga entre siete y ocho hectáreas. En esos terrenos se construyen 2.523 viviendas por el sistema de autoconstrucción.

Hoy se entregan 82 en el sitio Gualcán, cerca a Belalcázar, la población más afectada y donde cuatro barrios desaparecieron bajo el lodo.

Gerardo Pardo López, uno de los afectados y quien perdió un hijo en la avalancha, dice que las casas carecen de agua potable y alcantarillado. A esa queja generalizada Nasa Kiwe responde que existe la partida para desarrollar la infraestructura de servicios.

Marcos Avirama del Cric señala que su raza ha sobrevivido a siglos de marginamiento en los que la organización en cabildos y resguardos y apego a las costumbres han sido decisivos, factores que también ahora le han permitido resistir la dispersión y trauma que significó la tragedia.

No perder ese apego a las costumbres y mitos nativos es una de las preocupaciones de las autoridades indígenas. Por eso, una de las primeras tareas ha sido la huerta tradicional o k wes tul, donde cada comunidad siembra las plantas para su medicina tradicional o curaciones.

Luz Mery Niquinás, profesora bilinge tiene a su cargo enseñar las primeras letras y números a los niños en Santa Leticia, cerca al Parque Nacional Puracé . Sin embargo, hacen falta sesenta profesores en toda el área afectada.

Tierras infértiles Otra tarea son los proyectos agrícolas. Las más de 350 familias paeces del resguardo de Wila trasladadas a la zona de Rionegro (Huila) fueron las más afortunadas, al recibir tierras en plena producción cafetera.

Situación diferente presentan la mayoría de reasentamientos. Uno de los mayores problemas ha sido poner a producir tierras con altos niveles de acidez por el anterior uso en ganadería.

Sin embargo, ahora se tienen los primeros resultados de los proyectos agrícolas. Eduardo Hurtado, gerente de la Cooperativa Indígena del Cauca destaca que se tiene una cosecha de 70 toneladas de frijol y hay listo un contenedor para más de 20.000 kilos de café para exportación. En Santa Leticia se producen 10 variedades de papa.

El asentamiento de Rionegro es, tal vez, uno de los más avanzados en su proceso ya que allí se realizan estudios para la construcción del acueducto y el alcantarillado al igual que una planta para el servicio telefónico, un puesto de salud y una escuela. Las demás comunidades ubicadas en el Huila carecen de estos servicios, además de la electrificación.

El director de la Corporación Nasa Kiwe en Huila, Gabriel Enrique Solano, informó que en el departamento fueron reubicadas 898 familias en Iquira y La Plata y La Argentina. Agregó que en la actualidad se atienden a tres comunidades de usuarios campesinos que fueron afectados de manera indirecta por la tragedia los cuales se encuentran ubicados en Tesalia y Paicol.

Solano afirmó que todas las familias damnificadas tienen facilidades de estudio, de atención de salud y de movilización vial. Sin embargo, hacen falta la construcción de escuelas y puestos de salud en sitios dentro de las comunidades.

Tras dos años de la tragedia el funcionario reconoce la lentitud para garantizar a los damnificados el cubrimiento de todas sus necesidades básicas, pero afirma que las causas mayores fueron la falta de experiencia en la atención de desastres y de recursos oportunos y suficientes .

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.