LOS GUANTES QUIRÚRGICOS

LOS GUANTES QUIRÚRGICOS

Cuando se tiene la oportunidad de entrar en un quirófano y presenciar una intervención de cirugía, llama la atención el vestuario especial con que se reviste el personal allí presente, cuya función es proteger al enfermo de la temida infección por contaminación, al abrirse cualquiera de sus cavidades, y llega a tal punto este cuidado, que hasta las manos de quienes toman parte en el acto quirúrgico se ven protegidas por guantes especiales de caucho o goma, empleo que tiene sus orígenes en la idea del afamado médico y profesor polaco Juan Mikulicz Radecki, quien los usó por primera vez de algodón para proteger sus manos de los rudos instrumentos utilizados en esos tiempos, de ordinario metálicos y pesados, cuya aspereza las maltrataban e impedían su correcto desenvolvimiento.

05 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Un cirujano de quien podemos tomar el modelo de la superación, como que vencido por la dependencia a los fármacos anestésicos acostumbrados por aquella época, a base de voluntad se propuso dominarla, lo logró y regresó al ejercicio brillante de su profesión, hasta alcanzar el título de profesor de cirugía del tradicional hospital de John Hopkins.

En el quirófano, deja entrever sus afectos por una agraciada enfermera jefa de las salas de cirugía, a quien describe con sus mejores adjetivos por su eficiente labor, y la convierte en asistenta indispensable para el desarrollo de su actividad.

Pero las reacciones en la piel de sus manos, producidas por el cloruro de mercurio que comenzaba a emplearse como antiséptico siguiendo las sugerencias de José Lister, amenazan con verse privado de tan hermosa como eficiente colaboradora, quien había anunciado por ello su retiro de la posición a la cual fue elevada en esa prestigiosa institución hospitalaria y en la que su superior la ha exaltado sobremanera.

No puede ser! exclama el doctor Guillermo Halsted. Debemos hacer algo para impedirlo! Escribe entonces a sus amigos de la Goodyear en Nueva York, y solicita que le fabriquen guantes especialmente de goma en forma de manopla para su protegida.

Los amigos no tardan en enviar una primera muestra que cumple a cabalidad sus objetivos. En corto tiempo se comprueba cómo ya no hay dermatitis de contacto en las manos de la enfermera jefa y sus carta de renuncia se guardará en uno de los cajones del escritorio de la inmediata autoridad.

El efecto logrado se irradia al personal del equipo quirúrgico y desde entonces a cuantos intervienen en un acto de tal naturaleza en todos los quirófanos del mundo.

Un millar de guantes serán enviados por la poderosa fábrica norteamericana para su promoción, dos de los cuales tendrían destinatario en la persona del doctor Halsted y de su esposa, pues en la capilla privada de la propia universidad contraerían matrimonio el 12 de mayo de 1896, acompañándolo ella en adelante hasta recibir, este prestigioso cirujano, el premio de la Asociación Americana de Cirugía y Anestesiología por su novedosa técnica implantada para la corrección de las hernias inguinales así como para el cáncer del seno, seis meses antes de su muerte, acaecida en Baltimore el 17 de junio de 1922.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.