EL FUTURO DEL ISS

EL FUTURO DEL ISS

La reforma de la seguridad social ha protocolizado, a través de la Ley 100 de 1993, una competencia abierta entre quienes aspiren a prestar servicios de salud. Se trata, sin duda, de algo saludable, pues obliga a las instituciones comprometidas a brindar una atención de calidad, so pena de quedarse sin usuarios, es decir, de tener que salir de la competición.

04 de abril 1995 , 12:00 a.m.

La calidad de los servicios en el campo sanitario es un asunto de verdad delicado, que pone a prueba la seriedad y responsabilidad de quienes los ofrecen. La salud, tan íntimamente ligada a la vida, es uno de los bienes más preciados por el ser humano, por cuanto de ella dependen su bienestar y su felicidad, como también los de la sociedad que le rodea. Siendo así, los programas sanitarios, oficiales o privados tienen que constituirse en prenda de garantía para quienes están dirigidos. Prestar esos servicios al desgaire, de medio pelo , es demostración de indolencia, pues en vez de hacer bien pueden causar daño. Y, en cuestiones de medicina, el principio de no hacer daño es el sustrato moral sobre el que reposa el actuar ético del personal sanitario.

Entre las empresas promotoras y presentadoras de servicios de salud, el Instituto de Seguros Sociales (ISS) es, indudablemente, la más importante de todas. A su haber posee una inmensa infraestructura física y administrativa, como también una larga experiencia. De ahí que en el panorama competitivo que se avecina, exhiba una buena suma de puntos a su favor. Sin embargo, no puede ocultar fallas que conocen bien los usuarios, al igual que los médicos y enfermeras, y que de no ser corregidas irán a convertirse en penosos escollos.

Uno de esos lunares muy a la vista, por cierto es la deficiente capacidad hospitalaria, que impide una adecuada prestación de servicios, particularmente en la ciudad capital. No obstante que el ISS ha contratado camas con distintos centros asistenciales, las características locativas de sus clínicas dejan mucho qué desear. Para la muestra un botón: la Clínica San Pedro Claver, tenida en Bogotá como su institución estrella.

No parece, por eso, descabellada la idea de centralizar la parte administrativa en la torre norte -aún en construcción- del antiguo Hotel Hilton, y convertir en nosocomio el edificio que actualmente ocupa en el Centro Administrativo Nacional (CAN), y cuyo diseño primigenio fue hecho para prestar servicios asistenciales. Una ventaja sería su ubicación, pues tendría como vecinos a la Clínica Infantil del mismo ISS y a la Clínica de la Caja Nacional de Previsión, hoy a cargo de Asistir .

Ignoro si desde el punto de vista financiero esta posibilidad es viable. Desde la óptica competitiva y funcional, pragmática, sería una buena inversión. Sea lo que fuere, lo cierto es que el ISS, si quiere sobrevivir airosamente, tendrá que mejorar la calidad de los servicios que ofrece.

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