UN BUEN TALLER

UN BUEN TALLER

No hemos logrado explicarnos por qué cuando se reúnen en grupo miembros de una empresa o profesionales, cuyo trabajo es similar, a esa reunión se le denomina taller .

04 de abril 1995 , 12:00 a.m.

La palabra significa más bien establecimiento o instalación de tipo mecánico para ensamblar piezas, que una asamblea donde se busque concertar opiniones, lograr acuerdos o simplemente analizar la manera de conducir ciertos negocios o intercambiar ideas para detectar errores, enmendar fallas y mejorar situaciones. De todas maneras, en Cartagena y bajo la dirección de Gabriel García Márquez se reunieron periodistas colombianos y venezolanos para prevenir o rectificar la comisión de yerros y procurar que por imprevisión de los medios informativos, cualesquiera que sean, no se perjudiquen más las relaciones entre Colombia y Venezuela.

Fue esa una iniciativa práctica, necesaria, saludable, expuesta por el Premio Nobel para pedir a los periodistas de los dos países no atizar sino apaciguar. En una palabra, se aplicó esa frase célebre de Eduardo Santos en la cual pedía que los periódicos dejaran de ser teas para incendiar y se convirtieran en antorchas para iluminar. En el oportuno taller -y aquí sí cabe la palabra- se ensambló una pieza muy importante de la maquinaria destinada a moderar las pasiones, revivir los afectos y crear el óptimo y necesarísimo ambiente de cordialidad que ha sido tradicional entre colombianos y venezolanos.

Cartagena fue así un faro para la paz y todo indica que entre los periodistas, que los había de todos los matices, se crearon lazos de afecto y motivaciones para entender situaciones que en ciertas circunstancias pueden tornarse difíciles, e impedir que determinados sectores dados a casar peleas y enardecer los ánimos, triunfen en una empresa proclive que solo males les puede traer a las dos patrias bolivarianas. Es palpable, y no solo por la reunión en Cartagena, un espíritu de mejoramiento que llena de sano optimismo el ánimo colombo-venezolano.

Hablando de prensa y de medios informativos, vemos también y no ya solo en el plano internacional sino en el interno cómo la pasión que no podemos menos de llamar envenenada, atiza la hoguera y busca crear incendios entre algunos sectores de la oposición y el Gobierno. Se apela a trucos fotográficos cuyo sentido no nos atrevemos a calificar, pero que acongojan a los compatriotas deseosos de paz y armonía, y que aspiran a un frente común contra la inseguridad, la corrupción y la violencia. A las gráficas se unen, de una parte, ciertos destacados dirigentes que no vacilan en proclamar a todo lo largo y ancho del periódico que a veces les sirve como vocero de sus opiniones: Vamos a tumbar al régimen . Tumbar es palabra inapropiada. Hacer oposición, controvertir, pero no derribar; porque cuando se apela a los métodos destructivos y violentos, siendo posible hacer una oposición constructiva, se radicalizan los frentes de la política, dividiéndolos en ocasiones en bandos que terminan no por dialogar y discutir, sino por combatir.

Que Cartagena sirva de ejemplo no solo en las disputas entre países sino en las diferencias entre partidos políticos. Con los montajes periodísticos, las alusiones innecesarias, las posiciones radicales y en ocasiones soberbias, es poco lo que se puede conseguir en el objetivo de la reconciliación nacional. Lo que ocurrió en La Heroica referente a los medios informativos, deja de ser una simple reunión de circunstancia entre respetables colegas para precisar con seriedad no exenta de humor la obligatoria tarea de aplacar las pasiones personales, sean ellas políticas o motivadas por otras razones, para impedir que refluyan y se conviertan en un sentimiento de masas que traspase las fronteras editoriales.

Si entre colombianos y venezolanos se avanza mucho al respecto, por qué no podemos hacerlo nosotros, los hijos de una misma patria?

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