SAN PETESBURGO ENVÍA SEÑAL DE ALERTA A YELTSIN

SAN PETESBURGO ENVÍA SEÑAL DE ALERTA A YELTSIN

Las elecciones a la alcaldía de San Petersburgo, la segunda ciudad rusa, que terminaron con la derrota de uno de los más notables demócratas constituyen un serio aviso hacia las presidenciales del 16 de junio.

04 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Anatoli Sovchak, el político que organizó junto a Yeltsin el Grupo Inter- regional de Diputados de la URSS en 1989, el gran orador y polemista, el reformador y anti-comunista a quien todos auguraban un futuro de talla nacional como político, perdió el domingo pasado por escasos 28 mil votos la posibilidad de prolongar sus cuatro años de alcalde en San Petersburgo, frente a un oponente que un mes atrás era poco más que un simple desconocido y, para colmo, subordinado suyo, el vice-alcalde Vladimir Yakovlev.

Además de perder la elección, Sovchak cometió la imperdonable falta de tacto de llamarla de antemano -cuando estaba seguro de ganarla- una repetición general de las presidenciales del 16 de junio. En términos latinos no sólo le salió el tiro por la culata sino que dejó sembradas serias dudas hacia las presidenciales.

Seguramente por eso, la televisión rusa, en la cual ya hasta los programas de concurso se vuelven publicidad política en favor de Yeltsin, aunque dio la noticia en titulares se limitó a dedicarle discretas notas al final de los noticieros.

Dos puntos, en particular, dan para asustar a quienes el 16 de junio planean la reelección del demócrata Yeltsin.

Uno, cómo se equivocaron en la primera vuelta las encuestas de San Petersburgo, que si pronosticaron bien la votación de Sovchak, a su opositor le auguraron sólo la mitad de lo que logró.

Dos, según los resultados de la segunda vuelta, por Sovchak votó el centro de la ciudad, que vive bien, y por Yakovlev la periferia, más pobre y más numerosa.

El propio Sovchak, que no creyó en su derrota hasta minutos antes de enterarse que perdía por 45.8 por ciento contra 47.5 por ciento de su oponente, dijo que el resultado era causa de la irritación causada por las reformas .

Extrapolar ambos resultados a Rusia -encuestas erradas de lejos y periferia a favor del opositor- puede quitarle el sueño a Yeltsin. Además de otro aspecto, aún más preocupante hacia las elecciones presidenciales.

En San Petersburgo, como en las parlamentarias del 93 y en las del 95, pese a la impresionante campaña en su favor, a los medios gastados para sostenerlo y a la poderosa propaganda contra una oposición invariablemente pintada como terrorífica, el poder perdió. Otra vez.

Sovchak era una especie de símbolo: el último de quienes iniciaron la reforma política y económica en Rusia junto a Yeltsin que seguía ocupando un cargo importante de poder. Contando a Yeltsin, se le puede llamar el penúltimo mohicano. Y se fue. Al presidente ruso le queda por demostrar, el 16 de junio, que no es el último.

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