La revolución de los parques temáticos

La revolución de los parques temáticos

Casi nueve años han pasado desde que el Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria (Panaca) abrió sus puertas en Quimbaya (Quindío). Desde entonces, el auge de los parques temáticos ha sido tal, que hoy en el país existen cerca de 25 de ellos que se dedican no solo a la cultura cafetera, sino a propagar los cuentos de Rafael Pombo y hasta a alimentar en los niños las ganas de convertirse en bomberos o médicos.

15 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

De la idea del parque de diversiones se tiene registro desde comienzos del siglo XVI, cuando en las afueras de las ciudades de la Europa medieval se instalaban jardines que ofrecían entretenimiento en vivo, fuegos artificiales, bailes y juegos, entre otras cosas. Sin embargo, fue en 1955, con la inauguración de Disneylandia, en Estados Unidos, cuando nació el parque temático. Este, en particular, no ofrecía los juegos tradicionales de un parque de diversiones, pero estaba dividido en áreas, cada una de las cuales tenía un tema diferente, con ambientación y escenografía adecuadas a las épocas que pretendía representar.

El concepto tardó casi medio siglo en llegar a Colombia, pero ha cogido tanto impulso que entre los principales objetivos del Viceministerio de Turismo, al lado de la construcción de centros de convenciones y de la búsqueda de nuevas aerolíneas que operen en el país, está la creación de estos parques temáticos.

En estos lugares, la idea principal consiste en mezclar la diversión con el aprendizaje. Una receta que ha dado buenos resultados, según el viceministro de Turismo, Óscar Rueda. “Los parques temáticos son jalonadores de turistas.

Otra hubiera sido la historia del Eje Cafetero sin el Parque del Café”, destaca, para referirse al desarrollo de una región del país que se ha convertido en el primer destino rural de Colombia, con cerca de 500.000 visitantes al año, según informa María Claudia Campo, directora de Cotelco en el Quindío.

El concepto ha tomado fuerza. Incluso, Lina Sánchez, directora ejecutiva de la Asociación Colombiana de Atracciones y Parques de Diversiones (Acolap), calcula que un 60 por ciento de los cerca de 40 parques afiliados a esta entidad en el país ya son temáticos.

Ella pone el ejemplo del Eje Cafetero, donde -afirma- los turistas al menos visitan el Parque del Café o Panaca antes de abandonar la región. Por eso explica un fenómeno reciente que ha detectado. “La tendencia consiste en que los parques de diversiones buscan transformarse en temáticos. Es un concepto amplio que da resultados y es impactante porque educa”, señala.

Uno de los casos que cita es el del parque Mundo Aventura, en el sur de Bogotá, que en 130.000 metros cuadrados ha añadido a sus atracciones mecánicas un área infantil (Mundo Pombo), adecuada con cuentos conocidos de Rafael Pombo como Rin rin Renacuajo y La pobre viejecita.

Allí también hay una zona extrema que está dedicada a los mitos y las leyendas de la Sabana de Bogotá, como las de Bochica, El Dorado y Bachué; y una natural, que consiste en una granja interactiva con animales como llamas, avestruces y cabras. Y la expansión sigue. “El próximo año vamos a inaugurar un área en la que se mostrará cómo ha sido el desarrollo de Bogotá”, dice Dayana Jiménez, líder de mercadeo del parque Mundo Aventura. Y la aventura apenas empieza.

LA DIVERSIÓN DEL FUTURO ESTÁ EN LA PROVINCIA.

Más allá de las grandes ciudades, los parques temáticos se han extendido por el resto del país. Uno de ellos es el Parque Nacional del Chicamocha (Panachi), en Santander, en la vía que une a Bucaramanga con San Gil. El sitio cuenta con parques de avestruces y cabras, dos miradores y un cablevuelo de 450 metros, además de atracciones entre las que se cuentan un museo y la posibilidad de hacer cabalgatas, volar en parapente, practicar canotaje y escalar un muro.

Esta especie de alianza entre los parques y los demás sitios de interés turístico en las regiones de Colombia es lo que se busca para promover al país como destino turístico. Esa es la razón por la que hay dos proyectos que están en proceso de cierre financiero: uno en Buga (Valle), donde se levantará el parque Vértigo, de atracciones mecánicas, y que se uniría a la oferta de turismo religioso del Señor de los Milagros de esa ciudad; y otro en Armenia (Quindío), cuyo tema serán los adelantos tecnológicos: Orión.

El viceministro de Turismo también se refiere a la próxima construcción de un parque relacionado con el agua, en el Quindío, y a uno más que tendrá que ver con la fauna y la flora, en Pereira (Risaralda). “Va a ser algo estilo Animal Kingdom, donde no haya barreras para ver los animales”, asegura. Un paso más en la consolidación de los parques temáticos como una oferta turística diferente y, sobre todo, efectiva.

Con Panaca, todo comenzó en una finca.

Esta nueva manera de hacer turismo en el país surgió hace casi una década, cuando los creadores de Panaca decidieron crear un hotel de 30 habitaciones en su finca familiar, en Quimbaya. Este lugar de descanso en el Quindío se convertiría después en un parque temático agropecuario con 4.500 animales.

Es el mismo que ya cuenta con dos franquicias -una en la Sabana de Bogotá, cerca de una hora al norte de la capital, y otra en Costa Rica- y con una más que comenzará a funcionar en Puebla (México), a partir de julio del 2009.

La idea de acercar a la gente, y en especial a los niños, al campo ha sido un éxito debido a que ya no es tan común para las familias tener acceso a lugares campestres. “Si le preguntas a un niño de 8 años de dónde sale la leche, te dice que de la nevera”, cuenta Angélica Alzate, directora regional de Panaca Quimbaya.

Sin embargo, el regreso al campo no es el único concepto que ha servido para atraer nuevos clientes a los parques temáticos.

En el otro extremo del espectro se encuentra Divercity, un parque de 5.200 metros cuadrados, ubicado en el norte de Bogotá, en el que todo está diseñado para que los niños disfruten y se acostumbren a la vida de la ciudad.

Se trata de una ciudad simulada, a escala pero muy real, donde los niños juegan a ser grandes y pueden asumir roles de adultos. “Entre 60 profesiones que tienen para escoger, los niños pueden jugar a ser médicos, pilotos, chefs o modelos. También tenemos avión, periódico, fábrica de chocolates, emisora de radio y teatro”, explica Claudia Triana, gerente de mercadeo de Divercity

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