Algunos puntos que los enloquecen

Algunos puntos que los enloquecen

Sí señores, ellos, como las mujeres, también tienen en el cuerpo punticos que, al estimularse, pueden ponerlos a mil.

14 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

Pecaría de presuntuosa si dijera que yo me los inventé: los describo aquí porque he oído que a muchas les funciona.

Ahora, si usted no está de acuerdo, tranquilícese. No es una lista definitiva: usted puede alimentarla a partir de sus propias experiencias.

Empezaré de abajo para arriba.

Créanme, a los señores les encanta que les acaricien los pies, máximo si les rozan los tobillos con las manos. Inténtenlo, incluso durante el aquello.

Todo indica que les fascina.

Ese pliegue. Sí, en la base del aquel, parece ser un punto de pasión concentrada. Es más una zona de presión suave que, si se combina con otras caricias, en otras localidades, es fenomenal.

No me diga que no sabe dónde queda.

Ahora, si usted baja un poquito y se desliza justo allí, donde ellos acomodan el galápago de la bicicleta, se llega sin pierde al periné. Dicen que a algunos hombres no les gusta que nos metamos con esa zona, porque de pronto les gusta.

El truco parece ser oprimir cálidamente en ese lugar, en forma rítmica.

Parece que eso los pone a punto de caramelo.

Ya entrados en gastos, hablemos del aquel. Digan lo que digan, él es el rey de este asunto.

Con sus miles de terminaciones nerviosas, está diseñado para sentir y, por supuesto, equipado para responder.

Por oscuro que sea el panorama, él se porta bien si se lo trata con imaginación. Dicen que el extremo superior es muy, muy sensible. Usted verá.

Démosle la vuelta al asunto y concentrémonos en las posaderas. Tratar esta zona en los hombres es para iniciadas. Recuerde que algunos pueden emprender la retirada con solo sentir la mano allí. El manejo es, literalmente, cuestión de tacto.

Aunque casi nunca son invitados a esta fiesta, los pezones en los señores son muy sensibles.

Ensaye a acariciar, besar, morder suavemente. Es más, pruebe a chupar poniendo previamente un pedacito de hielo en su boca.

Por la misma ruta suba al cuello y quédese en la manzana de Adán. Dicen los que saben que esta zona se relaciona directamente con la planta baja.

Además, es área propicia para jugar con la boca, dando pequeños saltos a la barbilla. Un mordisquito allí parece que los mata.

Obviamente, todo esto es más rico si se le mezcla amor. Juegue y mírelo a los ojos mientras exploran estos puntos.

Seguro que, en poco tiempo, los dos sabrán en dónde quedarse. Mi lengua ya tiene colonizadas sus orejas.

Hasta luego

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