Calamaro, un salmón en su salsa

Calamaro, un salmón en su salsa

Poder nadar en dirección contraria al mundo es una característica propia de dos especies: los salmones y los artistas marginales, como Arthur Rimbaud, Jackson Pollock o, guardadas proporciones, un pibe aguardentoso de barrio bonaerense llamado Andrés Calamaro.

14 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

El argentino, que se autoproclamó ‘salmón’ con discos que son catarsis personales, ha dejado su estampa en la historia del rock argentino. En sus propias palabras, “fue como subir al Himalaya sin oxígeno o aprender a respirar debajo del agua... Una parte de mi vida”.

Ahora, después de 30 años de carrera, Calamaro vendrá a tocar por primera vez en Colombia. Serán tres conciertos: Medellín (16 de octubre), Cali (18) y Bogotá (21).

Sus fanáticos en Colombia lo pedían a gritos desde que sus discos en solitario, especialmente a partir de Alta suciedad (1997), conquistaron al público con canciones como Flaca, Media verónica, Te quiero igual o, precisamente, El salmón. Tanto fue el clamor que el famoso productor musical Mario Breuer, que estuvo en Bogotá hace poco, le llevó la razón: “Pibe, allá están locos por tí”.

Ocho empresarios estuvieron luchando desde el año pasado por el concierto hasta que lo logró una alianza entre el Teatro Nacional y Show Business & Entertainment. “Nadie me invitó antes”, asegura.

Con honestidad brutal .

Largos días pasaron antes de que respondiera las preguntas de EL TIEMPO.

Cuando lo hizo, dejó en claro que también es un salmón: “Espero ser uno de los mejores músicos desconocidos del mundo. Quizás sea mucho decir”.

Seco, reticente, casi inexpresivo , se dejó ver como un hombre de pocas palabras pero pero contundente en cada disparo. Se entiende su parquedad: él no es de titulares de prensa y tampoco se siente lo suficientemente sexy para acaparar portadas.

Le ofenden las arengas acerca de si el rock murió, pues hoy es una especie de relator de la historia continua del rock de su país, al haber tocado con gente de la talla de Charly García, Fito Páez, Fabiana Cantilo, el ‘flaco’ Spinetta, el indio Solari, Daniel Melingo y Miguel Abuelo.

Es una suerte de promiscuidad artística que hace a Calamaro un devoto de sus amigos. En su último disco, La lengua popular, les regala la canción Los chicos a los que ya se han ido, como Pappo o Abuelo. Para la banda de este último, Los Abuelos de la Nada, compuso aquel éxito indiscutible Mil horas.

“Los amigos ausentes. La pérdida (...) les debo mucho de lo que soy a aquellos que me dieron mis oportunidades, y a quienes compartieron conmigo esa vida musical", explica.

Dicen los críticos que en La lengua popular se revela un Calamaro menos explosivo y denunciante. En las letras de las nuevas canciones, algunas frases parecen recurrentes hacia una dirección: “Vengo liviano” (en La espuma de las orillas); “Ya no soy el viejo Andrés, que no dormía jamás” (La mitad del amor) o “hay días sospechosamente light” (Mi gin tonic). “Pero no estoy cansado”, asegura.

‘Dylan latinoamericano’ .

Aunque Calamaro pisó tierra colombiana hace algunos pocos años, esta es la primera vez que actuará en el país. Tiene una deuda pendiente por saldar.

Tras migrar a España, en los 90, fundó Los Rodríguez. Paradójicamente, fue en ese momento que su nombre empezó a causar revuelo en Colombia. Su versión apasionada de La copa rota, de Alci Acosta, lo conectó con generaciones de colombianos.

En ese momento muchos desconocían su papel como productor, como aquel que aportó la visión de éxito a grupos como Los Enanitos Verdes y Los Fabulosos Cadillacs. Hoy, le llaman ‘el Bob Dylan latinoamericano’ tanto quienes lo admiran, como quienes los subestiman a uno y otro por sus voces nasales. De tal comparación, solo atina a decir: “Espero que Dylan no se ofenda”.

Río abajo.

Antes de cantar como solista, Andrés Calamaro fue tecladista de las bandas Raíces (1978) y luego de Los Abuelos de la Nada, Elmer Band, La Ray Milliand Band, Los Zodíaco, Comida China y Las Ligas.

Los discos que han tenido eco en Colombia son los publicados a partir de 1997, pero su producción comenzó en los 80, previo a Los Rodríguez: Hotel Calamaro (1984), Vida cruel (1985), Por mirarte, (1988), Nadie sale vivo de aquí (1989). Ninguno tuvo éxito comercial.

Los volúmenes I (1993) y II de 'Grabaciones encontradas' fueron mejor recibidos.

La banda sonora de ‘Caballos Salvajes’ (1995) y la de ‘1000 boomerangs’ lo catapultaron en Argentina. La participación en el álbum ‘Chiapas’, que grabó con Café Tacvba, entre otros, le dio reconocimiento como voz política internacionalmente.

A partir de ‘Alta Suciedad’ (1997), Calamaro se volvió figura del rock latinoamericano. Le siguieron ‘Honestidad brutal’ (1999) la caja de cinco discos ‘El salmón’ (2000), ‘Duetos’ (2001), ‘El álbum’ (2001), ‘Oro’ (2004), ‘El cantante’ (2004) ‘El regreso’ (2005), el exitoso de versiones de tango ‘Tinta roja’ (2006), ‘El Palacio de las Flores’ (2006) y ‘La lengua popular’ (2007).

Los amigos ausentes (...) les debo mucho de lo que soy a aquellos que me dieron mis oportunidades, y a quienes compartieron conmigo esa vida musical”.

Andrés Calamaro, recordando a Pappo y a Miguel Abuelo

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.