EN COLOMBIA Que se mueran los feos

EN COLOMBIA Que se mueran los feos

Ver a unos policías arrebatándoles los hijos a sus madres, alegando la protección del menor, es una cosa que sólo se ve aquí. Porque las imágenes que mostraron los noticieros, cuando ocurrió la toma pacífica del parque de la 93 por parte de un grupo de desplazados, fueron atroces. Y eso me olió a represalia. Algo como: “Si manifiesta, le quito los niños, mucho cuidado”. Y las madres agarradas de sus críos, y los policías jalando de una patica o una manito, y los niños gritando de espanto, no creo que sea una buena manera de enseñar de qué se trata la protección al menor. A esos críos ya les hicieron un mal irreparable en sus cabecitas. Sicológicamente quedaron fregados de por vida. Y de seguro tendrán dos opciones en el futuro: odiar a la policía con todas sus fuerzas, o temerle a la policía por su brutalidad. Cualquiera de las dos es malsana.

14 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

El Estado tiene razón en reprimir las vías de hecho. Pero si los conductos regulares no funcionan, ¿qué otra posibilidad le queda a la gente para hacerse oír? Creo que ninguna. Entonces, supongo que el Estado lo que quiere es que los problemas de la gente no se oigan ni se vean. Y que en las grandes ciudades sigamos convencidos de que esto esta la mar de bien, y que aquí, señores, no pasa nada y todo está bien, salvo por un puñado de guerrilleros.

Pero sí pasa. Hay un batallón de desplazados por la guerra, o como quieran llamar los técnicos a esos enfrentamientos. Un pocotón de desplazados a quienes no se les está reparando ni moral ni sicológica ni económicamente.

Entonces, las comunidades de desplazados, como es obvio, se organizan. Y mandan cartas, hacen lobby, hacen pancartas, piden citas, reclaman atención.

Y como ninguno de estos actos en derecho son escuchados, entonces recurren a las vías de hecho. Y esas vías de hecho ya sabemos cómo terminan: con Robocops (término callejero para el ESMAD) acorazados que disuelven a la fuerza cualquier manifestación pacífica o toma pacífica de algún lugar.

Y de repente me acuerdo de Que se mueran los feos, una novela de Boris Vian, y pienso que la cosa va por ahí. Me pregunto si ese grupo de desplazados pensó en algún momento en tomarse una plaza pública en Ciudad Bolívar, por allá en Sierra Morena o en Altos de Cazucá. Y si lo hubieran hecho, ¿habría salido en televisión? ¿Les hubieran mandado los Robocops? ¿Alguna atención les hubieran prestado? ¿Se hubiera enterado usted? ¿Me hubiera enterado yo? A todas las anteriores preguntas les cabe un rotundo No.

La cosa, creo, se está poniendo clara por fin. Los pobres, los desarraigados, los miserables, los desplazados, los sin trabajo, los indígenas, los campesinos, los indigentes, los niños de la calle, los drogadictos, los trabajadores sexuales; los sindicatos de maestros, de trabajadores de la salud, judiciales; todos esos, a los ojos del Estado, como en la novela de Boris Vian, son feos. Ergo que no se vean sería lo mejor, ergo si se mueren lejos de las cámaras tanto mejor. Para poder seguir viviendo este buen clima de “la gente de bien”, en donde todo parece sacado de una propaganda de seguros: todos con una sonrisota de bienestar envidiable, haciendo acciones cívicas, cediendo el puesto, ayudando a pasar la calle a las viejitas, cediendo el paso, un mundo completamente feliz.

Así está el país entero: se respira una paz que nadie podría creer cierta.

En el Magdalena Medio todo el mundo está tan pero tan feliz (en las noches los asesinatos son selectivos); y en Córdoba y Sucre se ven todos tan dichosos y sonrientes (y a los abogados defensores de las víctimas los mataron o los amenazaron).

¿Todo para qué? Para que en la foto salga sólo la “gente de bien”. Y esto, señoras y señores, no tiene reversa. En unos años, nadie recordará que hubo miserables que exigían sus derechos. Porque a lo mejor estarán muertos, o porque estarán malviviendo tras las vallas de Colombia es Pasión.

cristianvalencia@yahoo.com

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