QUE DEN LA CARA La libertad encapuchada

QUE DEN LA CARA La libertad encapuchada

Los encapuchados que solemos ver por televisión o son vándalos o terroristas. Siempre están destrozando algo con pedruscos, palos y bombas incendiarias, o emitiendo mensajes amenazantes contra cualquier sociedad planetaria antes de cortarle la cabeza a un rehén indefenso. Ahora resulta que también son oradores universitarios en legítimo uso de su derecho de expresión.

14 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Debe de ser que la mejor fórmula para fomentar el libre debate de ideas es arengar con capuchas intimidantes a una audiencia que escucha a cara descubierta, como observamos en los videos que presentó la senadora Parody.

Atienden callados la proclama, nada de rebatir lo dicho por las bandas de violentos.

Y la mudez no es para menos. En una de las grabaciones aparece un tipo que es claramente un integrante de las Farc y que hace las veces de vocero, escudado por una veintena de encapuchados en actitud militar. Uno de ellos toma fotos a los espectadores quién sabe con qué fin.

Es lamentable que un rector pusilánime aplauda la actitud abusiva de una banda que nada tiene que ver con la Universidad Distrital. “Aparecieron unos muchachos encapuchados, que de forma pacífica arengaron a los estudiantes.

El hecho de que estén encapuchados es normal en las protestas de los jóvenes”, adujo el rector, Carlos Ossa Escobar.

Primero, eso no es ninguna protesta. Segundo, no resulta en absoluto normal que los universitarios se cubran el rostro para expresar ideas. Y, tercero, no se trata de jóvenes estudiantes inocentes, sino de miembros de la guerrilla o simpatizantes. Y la guerrilla no es un movimiento ideológico, sino una organización terrorista perseguida por la ley.

Por lo tanto, si “los muchachos encapuchados” quieren hacer apología del terrorismo, que tengan la gallardía de dar la cara y luego irse para la cárcel. Porque toda persona puede expresar lo que quiera, pero si transgrede la ley, ya sabe que corre el riesgo de ser detenido e investigado. Es lo menos que la sociedad espera, que las autoridades impidan a los grupos armados extender sus tentáculos. El hecho de que la Universidad sea un espacio de pensamiento libre y mentes abiertas no la exime de la obligación de respetar la legislación vigente.

Las Farc, además de los ‘paracos’ y los ‘elenos’, llevan años infiltrando las universidades, aunque con escaso éxito, todo hay que decirlo, porque los jóvenes no son idiotas –aunque sí muy pasivos– y están tan hartos del conflicto armado como los mayores. Por eso no captan adeptos apelando a la ideología. Pagan para que les hagan el trabajo.

Uno de los que recluta estudiantes para introducirlos tanto en universidades públicas como privadas, incluso en la militar, es el jefe de la ‘Teófilo Forero’, alias el ‘Paisa’, cerebro del atentado a El Nogal. A cambio de costearles los gastos, los muchachos cumplen las tareas que les encomienda.

Por tanto, no estamos en el campo de las ideas ni la tolerancia, sino en el del terrorismo.

Pero incluso en caso de que los encapuchados defendieran al gobierno Uribe o a Hugo Chávez, no es aceptable la teoría del rector de que está perfecto que se tapen para hablar. Ese juego pone en riesgo al resto de alumnos porque no saben a quién tienen delante y cuáles son sus verdaderos objetivos.

Una cosa es que respetemos la autonomía universitaria y otra, bien distinta, permitir la comisión de actos delictivos a uno pocos violentos que nada tienen de estudiantes. Lanzar papas bomba es intento de homicidio y hacer proselitismo del partido clandestino de las Farc, apología del terrorismo.

Distinto es tirar piedra a la policía en una protesta, deporte estudiantil en medio mundo. Mientras se quede en grafitis y piedras –no rocas–, no es problema, aunque pinten a ‘Tirofijo’ con corona y manto. Lo malo es cuando traspasan umbrales legales. Eso, sea recinto académico o calle, hay que combatirlo

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