El plan B de Uribe

El plan B de Uribe

Hace algo más de tres semanas planteamos en este espacio que la postergación de un eventual tercer mandato de Álvaro Uribe, para el 2014, sería una fórmula para aliviar tensiones políticas y no sacrificar el aporte que aún puede hacer al país un líder de sus calidades (‘¿Quiere o no quiere?’, 17-08-08). El discurso del presidente en un foro del Cesa, el jueves pasado, converge con esa línea de pensamiento. Y es muy bienvenido.

14 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Uribe le solicitó al Congreso que no debatiera el referendo promovido por sus seguidores si el estudio de esa iniciativa entorpecía el avance de las reformas política y judicial, propuestas por el Ejecutivo. Y mencionó su disposición a posponer una eventual candidatura para el 2014. Su declaración ha desatado, por supuesto, toda suerte de interpretaciones. Para unos, Uribe dejó en claro que no está jugado a la idea de un tercer mandato y que lo que en verdad desea es una reforma constitucional que le permita aspirar de nuevo, pero en el 2014. Para otros, esto hace parte de una maniobra para aparecer desprendido de esa aspiración, mientras sabe que, al ser inscrito el referendo como iniciativa popular con más de cuatro millones de firmas de respaldo, el Congreso está obligado a darle trámite prioritario.

La preocupación que llevó al Presidente a pedir que se deje de lado el referendo parece ser por la congestión que se avecina en el Congreso, que tendría que estudiar tres reformas constitucionales: la política, la judicial y el referendo. Hay que decir que eso se veía venir hacía tiempos y que si Uribe deseaba evitar semejante trancón legislativo, tenía que haberlo previsto mucho antes. Así como el hecho de que, una vez revisadas las firmas por la Registraduría y presentado ante el Congreso el proyecto de referendo, este legalmente debe ser estudiado como prioridad de la agenda.

* * * * Lo que parece claro, en medio de tanta conjetura, es que Uribe abrió las puertas a una especie de plan B: una reforma constitucional que le permita ser candidato en el 2014, después de pasar cuatro años por fuera de la Presidencia. La reforma que posibilitó la primera reelección estableció que nadie puede ser elegido por más de dos períodos. La idea sería agregarle que esa limitación solo opere si el tercer período es consecutivo a los dos anteriores, lo que mantendría cerradas las puertas a una candidatura de Uribe para el 2010, pero las abriría para el 2014.

De hecho, el presidente del Partido Conservador, Efraín Cepeda, propuso introducirle a la reforma política un artículo que permita una segunda reelección, pero no inmediata. Tesis que coincide con la de algunos voceros del liberalismo. Y que evitaría la necesidad del costoso referendo, les quitaría piso a las susceptibilidades que genera y descongestionaría el trabajo del Congreso. Una alternativa que dejaría contentos a los que quieren otro cuatrienio uribista, a la oposición, que rechaza otro mandato consecutivo, y hasta a importantes aspirantes presidenciales de la coalición gobiernista: la U, Cambio Radical y el Partido Conservador.

Una reforma como esa generaría mucho menos traumatismo y polarización.

Mientras que la campaña para las elecciones del 2010 ya está calentando motores, la del 2014 es apenas una lejana expectativa, lo que permite que tanto uribistas como opositores puedan ver el tema con la cabeza más fría.

Pero aun si el tema es menos candente así planteado, no quiere decir que la propuesta presidencial sea fácil de sacar adelante. Implicaría un acuerdo entre Uribe y su bancada, extensivo al menos a parte de la oposición, para que el trámite sea rápido y se cumpla con el propósito de no entorpecer el resto de la agenda legislativa. El primer punto de ese acuerdo sería hundir el referendo y que, a la vez, el Congreso votara la reforma que le permita a Uribe aspirar en el 2014. Por ser constitucional, esa reforma tendría que volver a hacer tránsito en el Congreso el año entrante, para lo cual el Presidente tendría que mantener sólidas sus actuales mayorías. Algo que no sería tan sencillo si no es candidato en el 2010.

* * * * A pesar de estos interrogantes, lo más deseable es que el plan B de Uribe se abriera paso. Primero, porque distendería el excesivamente cargado ambiente político que vive el país. Segundo, porque no implicaría desconocer el deseo de millones de uribistas que no quieren que las posibilidades presidenciales de su líder terminen en el 2010. Y tercero, porque enviaría al mundo la señal de que Uribe no pretende perpetuarse en el poder al estilo de algunos vecinos. Tanto los uribistas presidenciables que han recibido guiño del propio mandatario, como los opositores que saben que si las cosas siguen como van, Uribe sería muy difícil de derrotar en el 2010, deberían estar interesados en aterrizar la propuesta (¿cogerle la caña?) del Presidente y sacarla adelante en el Congreso.

Uribe tiene una gran oportunidad en sus manos. Falta que dé un paso más, en la dirección de su discurso del jueves, para solicitar sin ambages el voto negativo de su bancada mayoritaria al referendo y la inclusión de la reelección no inmediata –que en su caso operaría en el 2014– en la reforma política. Una decisión así generaría un ambiente posible para hablar con la oposición, tramitar las reformas y garantizar la paz política de los últimos meses de su segundo cuatrienio.

editorial@eltiempo.com.co.

Hundir el referendo y votar en el Congreso una reforma que le permita a Uribe aspirar en el 2014 sería lo más deseable

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