SE DEBE JUGAR A NO GANAR

SE DEBE JUGAR A NO GANAR

PorEstimada doctora Cantor: Debe haber cierto valor en los deportes competitivos de la escuela secundaria, pero no puedo verlo. Mi hijo juega en los equipos de fútbol, hockey y béisbol. Su horario de deportes son tres temporadas de dolor emocional.

03 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Se sienta en la banca durante el fútbol, juega durante la temporada de hockey, pero tiene que escuchar los gritos y berrinches de furiosos padres y entrenadores si comete un error y se para en el jardín exterior en la temporada de béisbol rezando porque la bola no lo golpee.

Es obligatorio que participe en los deportes escolares de esta manera, pero, a qué precio? Por qué es una parte necesaria de ir a la escuela? Estimado padre: Creo que los deportes competitivos deberían estar prohibidos en la escuela. Puede que con ello cause escándalo y que reciba algunas cartas iracundas, pero es lo que creo.

Si los deportes pudieran jugarse de manera que alimentaran la confianza y dieran ejercicio a los jóvenes, estaría de acuerdo. Los deportes en las escuelas, sin embargo, se han convertido en una actividad en la que no cuenta otra cosa más que la competencia, y la satisfacción de lograr algo queda ofuscada por el deseo de ganar.

Hay una gran diferencia entre aprender a jugar un juego y presionar para ganar una competencia. Los niños de hoy no reciben aliento para jugar y ni siquiera se les permite jugar; en lugar de eso, tienen que pelear. Los entrenadores y los padres les presionan porque puede ser un gran negocio para ellos y porque es, además, una inyección para su ego.

Muchos deportes, como el fútbol, pueden ser una excusa para la violencia organizada. Lo que ocurre, tanto en el campo de juego como en los camerinos, a menudo parece acoso o tortura en el nombre del compañerismo deportivo.

Muchos de los chicos que participan en los equipos los abandonan porque los entrenadores o los padres que les gritan desde las orillas del campo los hacen sentir inútiles. Los padres vitorean cuando los chicos hacen algo bien y los atacan cuando cometen un error.

Recientemente escuché la siguiente frase de una madre en un juego escolar de hockey: John, eres un torpe. Busca el gol! . También he visto a madres y padres correr hasta la línea de meta y regañar públicamente a sus hijos por no haber anotado el gol. He visto a un padre sacudir a su hijo de los hombros y llamarle imbécil y decirle que no sabe lo que está haciendo y que es una desgracia para la familia.

Ahí queda el valor del deporte para elevar la confianza. Aunque el ejercicio le sería de utilidad, la humillación no.

Hace unas semanas, en mi pueblo, un padre (cirujano de profesión) fue arrestado luego de saltar al terreno de juego para golpear a un jugador del equipo contrario porque estaba siendo demasiado rudo con su hijo de primaria. El doctor recibió una sentencia suspendida y su hijo irá a una de las principales escuelas de fútbol con una beca! Por alguna razón, los deportes competitivos sacan a relucir lo peor de los adultos y no creo que logren mucho para los niños.

Mi idea de un buen programa deportivo sería aquel en que los equipos fueran escogidos por los mismos chicos. Ellos se ofrecerían como jugadores y nadie haría que la participación fuera un requisito para pasar el año. Además, el marcador se determinaría antes de que comenzara el juego. Y entonces los chicos podrían jugar. Se prohibiría que los padres asistieran y después todos se sentarían en un día de campo con naranjas y galletas.

El logro es importante por cuanto todos los participantes pueden verse a sí mismos como ganadores.

Los deportes no son la vida y los extremos me causan problemas. Si un joven tiene éxito, recibe una beca o un jugoso contrato. Si un entrenador tiene éxito, su salario es más alto que el de un premio Nobel. Por otro lado, he visto chicos suicidarse porque no los eligieron para el equipo o porque su sueño de llegar a ser jugadores profesionales de fútbol se esfuma por una fractura.

*Especialista en niños y adolescentes. Los Angeles Times Syndicate.

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