¿Se debe ir o se debe quedar?

¿Se debe ir o se debe quedar?

Otra vez se plantea la polémica de si quien dirige los destinos nacionales se debe ir o se debe quedar. Se analiza su estilo, su carácter, su soberbia, su terquedad. Se habla de que no oye opiniones distintas a las de quienes le hablan al oído. Hay roces y se comenta de divisiones internas y problemas en la “bancada”. Algunos le critican la utilización de los medios, su insistencia en aferrarse a Antioquia, cuando su sede es Bogotá.

13 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

De él los colombianos esperaban mucho más en esta nueva etapa. Pero últimamente ha perdido hasta en las zonas de seguridad, que era su fuerte y el país ha recibido golpes dolorosos. Muchos lo ven demasiado cargado a la derecha. Se le critica el que haya llamado para posiciones de gran responsabilidad a los que pasan por un mal momento. Algunos que, dicen, pertenecen al “roscograma” y están en el ojo del huracán, pero él los sostiene contra viento y marea, como si hubieran sido puntales de su elección. Ahora, le vuelven a salir a flote los graves problemas que tuvo contra Ecuador y Venezuela, e inclusive algunos contra Perú.

Sus declaraciones, el miércoles en la noche, son preocupantes. Envió hábiles mensajes, puso a hablar al país, pero no fue claro. A pesar de que el puesto ya le está sacando canas, se atornilla a la silla con el argumento de que no es el momento. Con su temperamento de gallito de pelea, dice que no le pidan la renuncia. Y, por lo visto, exige que le señalen a alguien que lo reemplace, que le dé continuidad a su programa. Y advierte que vienen reformas vitales. ¿Aguantará el país? Yo creo que como va no llega al 2010. Porque hay incertidumbre nacional. Y lo más grave es la pérdida de confianza. Todo es muy confuso, no se sabe a qué juega. Inclusive, el TLC (Toques Laterales y Constantes) pasó a la historia, pues esta Selección Colombia de Jorge Luis Pinto es un desastre.

No juega a nada. Tiene más emoción una carta de despido y más sorpresa la muerte de un abuelo de 120 años. Es una selección de volantes, pero sin delanteros. O, sí los tiene, pero como no hay conexión, ni un 10 neto, como a las monjitas del claustro, no les llega una bola en años. Además, son delanteros palomeros que no bajan a buscar ni a la novia.

Las derrotas ante Uruguay, en Bogotá, y la humillación del cuatro cero en Chile desnudaron a una selección que había tenido más suerte que fútbol. Mi asesor futbolístico, Edson Gorrincha, me dice que hay muchos problemas técnicos, pues el de Pinto, como el de Uribe, es un sistema rígido, parece que con pocas libertades a los jugadores para ‘repentizar’, para crear y hacer lujos, para divertirse; con unos volantes, en los que, por ahora, tiene más ida y vuelta el tren de cercanías.

¿Pinto se debe ir? ¿Se debe quedar? ¿Quién coge esa pelota caliente, con Paraguay y Brasil al frente? Debe de ser una difícil decisión para la Federación Colombiana de Fútbol. Que tiene que pensar en el Mundial y lo que significa; en el país, en la afición, que necesita de momentos de alegría, tener algo con qué identificarse como es una selección de fútbol que dé espectáculo y confianza. Los jugadores, desde luego, tienen gran parte de culpa en la hecatombe, pues se ve que la mayoría no sienten la camiseta, ni vergüenza con un pueblo que pone su fe en ellos hasta el último minuto, que se reúne, se prepara, ora, vibra y sufre. No entregan bien una porcelana.

Sería bueno que les pusieran la película de los partidos de Argentina y Perú. O de Ecuador y Uruguay. Ecuador y Perú pusieron todo lo que nos falta: vergüenza, sacrificio, toque, ataque, cojones y fútbol. Si Pinto se queda, tiene que cambiar el esquema. Esa figura del 4-4-1-1, que me suena a luna de miel por los “toques” que hace uno, no funciona hoy. Debe soltar el equipo.

Y como en la política, dejar las rencillas personales y pensar en el país.

Con los sentimientos de un pueblo no se juega.

luioch@eltiempo.com.co

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