‘Abra su corazón’

‘Abra su corazón’

13 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Desde hace años, María Cristina Jaramillo de Arrázola realiza una labor admirable en Ciudad Bolívar y Altos de Cazucá, donde, entre la pobreza y la miseria, habita un millón de colombianos. El 36 por ciento son desplazados por la violencia. Para salvarse, abandonaron su parcela, su casita, sus cultivos para venir a hacinarse en verdaderas pocilgas hechas con latas, cartones y plásticos, donde sobreviven en condiciones infrahumanas.

Para aliviarles el sufrimiento y atender sus necesidades, María Cristina sube a esas colinas casi todos los días. En Jerusalén, misérrimo barrio de Ciudad Bolívar, instaló su lugar de trabajo. Comenzó por llevar alimentos.

Ahora, con aporte del ICBF, reparte a diario 10.563 desayunos, 2.656 almuerzos, 1.850 refrigerios.

Como directora de Hogar Integral, entidad sin ánimo de lucro fundada hace 25 años por un jesuita y unos profesionales, ha golpeado en muchas puertas, ha conseguido donantes y el apoyo de la comunidad de Don Bosco, de la Fundación San Antonio, de amigas voluntarias para ampliar su tarea. Hoy hay programas de educación, de atención a madres adolescentes y a adultos mayores.

En 8 jardines infantiles cuidan niños mientras las madres trabajan.

Capacitan a jóvenes en sistemas. Les enseñan corte y confección a las mujeres. Para todos, María C es amiga y consejera. Hogar Integral, para agradecer a sus donantes, preparó un video que resume el trabajo realizado.

Pero como debe hacer más, pues las necesidades crecen en forma alarmante, también envía un mensaje directo: “Abra su corazón para que los más necesitados caminen hacia un mejor futuro. Solo con el corazón se puede ver el comienzo de una nueva historia”.

Un padre insustituible Lamentable la celeridad con que el alcalde Samuel Moreno suspendió al director de Idipron, Javier de Nicoló, por solicitud de un tinterillo.

¿Su pecado? Tener 80 años. A esa edad, con todo entusiasmo, el sacerdote atendía a la juventud emproblemada. En 40 años de servicios rehabilitó a 50.000 colombianitos; los hizo útiles y felices. Da dolor, da vergüenza, la salida forzada del generoso sacerdote, que en sus obras de Bogotá, el Chocó y El Tuparro salvó a muchos jóvenes que parecían sin remedio y les abrió el camino a una vida digna. Maestro de maestros, aunque al principio sus teorías escandalizaron, demostró que, para tratar ‘gamines’ y desadaptados, no sirve la mano dura, sino el corazón abierto. Tan fundamental es su aporte, que sus pupilos, los medios de comunicación, los columnistas, tras lamentar su retiro, han criticado el tratamiento desconsiderado del Alcalde a quien no ha hecho sino servirle a Colombia. El padre De Nicoló no puede irse. Lo necesitamos.

Sin capuchas Preocupante la infiltración de las Farc en las universidades. Como dice la senadora Gina Parody, ‘Alfonso Cano’, acorralado por el ejército, al no poder hacer atrocidades en la selva, trasladó su lucha a las ciudades. Y escogió a los más vulnerables: los estudiantes. Parody dice, con razón, que no puede haber impunidad, ni complacencia con los encapuchados que lanzan consignas terroristas en las universidades. Menos en presencia del rector, como ocurrió en la Universidad Distrital, con el doctor Ossa como mudo testigo. En momentos de incertidumbre, pues no sabemos para dónde vamos, no se puede jugar con candela. Lo debería saber la senadora Piedad Córdoba, cuya labor proselitista es incendiaria. Y que se despabile el doctor Ossa.

Con el cuento del respeto a las ideas ajenas pueden quemarle el rancho.

Una mujer inolvidable No termina el doloroso adiós a nuestra famosa Fanny Mikey. Imposible olvidar a la actriz, quien, con su mata de pelo rojo, su entusiasmo y su alegría, animaba las reuniones. Con su amplia manera de ver la vida ayudó a desprovincianizarnos. Impulsó el gusto por el teatro, actuó, formó actores, hizo café conciertos y, con el Festival de Teatro, convirtió la fría capital en su sede y le dio a Colombia renombre internacional. Gustavo Vasco, su gran amigo, y el equipo que tenía Fanny trabajan duro para que su obra continúe y su recuerdo perdure.

lns@cable.net.co

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