CIENTÍFICOS ENREDADOS EN INVESTIGACIÓN DE TELARAÑAS

CIENTÍFICOS ENREDADOS EN INVESTIGACIÓN DE TELARAÑAS

Ultimamente, el pensamiento positivo sobre las arañas se ha extendido y la forma que tienen de ganarse la vida se ha investigado con mayor profundidad. Pobrecitas, tradicionalmente han sido menospreciadas por la prensa, por no decir nada de los zapatos humanos y los periódicos enrollados que las aplastan.

03 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Un grupo de biólogos moleculares de la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, encabezados por Randolph Lewis, ha duplicado un gene que se encuentra en el ADN de una araña que tiene el glamoroso nombre de Tejedora dorada de telas orbitales. El gen está encargado de producir una proteína especial que forma la tela fuerte y resistente de esta araña norteamericana. Una seda de este tipo puede convertirse en suturas mucho más fuertes y más delgadas que las que actualmente utilizan los cirujanos, pero hasta ahora los científicos solo han podido fabricar pequeñas cantidades de la proteína de la seda. Quizá en el futuro podrán manufacturarse grandes cantidades, que habrán de convertirse en tendones y ligamentos artificiales, así como en microsuturas.

Las arañas (orden Araneae) pertenecen al Phylum Arthropoda, el más grande del reino animal, que tiene exoesqueletos, cuerpos segmentados y con articulaciones (artros) en las patas (podes). Son el subphylum Chelicerata (apéndices frontales normalmente modificados en forma de tenazas), clase Arachnida (dos pares de apéndices anteriores, además de cuatro pares de patas para caminar). De los pocos fósiles que existen, sabemos que los primeros ancestros de los arácnidos estaban en la Tierra durante el período Devónico, hace más de 350 millones de años.

La arañas están clasificadas en tres grupos, dependiendo de su anatomía y de la especie de telas que tejen. No sabemos exactamente cómo las arañas se convirtieron en tejedoras de una seda tan maravillosa, pero hay dos principales teorías. La más reciente (1984) fue desarrollada por Arthur Decae, del Museo Nacional de Historia Natural en Leiden, Holanda. Posiblemente los ancestros que habitaban en el agua comenzaron a hacer la seda para fortalecer las moradas que tenían en el lodo.

La teoría más aceptada tiene cien años y fue desarrollada por Henry McCook: los ancestros de las arañas excretaban una pista en la tierra y la usaban para encontrar el camino de regreso o para que sus parejas las siguieran. Esas glándulas se especializaron para excretar una proteína que ahora llamamos seda y las arañas comenzaron a tejer telas de muchas formas y tamaños. Las arañas normalmente se comen sus propias telas para hacerse del agua que absorben y para reciclar la proteína.

Algunas arañas utilizan seda únicamente para cubrir sus moradas y algunas la utilizan para lanzarla contra su presa. Las telas más majestuosas son aquellas de las arañas orbitales, que probablemente evolucionaron hace unos 180 millones de años y que ahora incluyen a más de 10.000 especies. La tela de la Araneus diadematus, la araña de jardín, ha sido analizada por el ingeniero estructural británico Lorraine H. Lin y por los científicos de la Universidad de Oxford Donald T. Edmonds y Fritz Vollrath. Las pruebas de laboratorio y simulaciones computacionales demuestran que esta tela tiene dos tipos de hilo: hilos radiales secos menos tiesos y fuertes, e hilos espirales elásticos cubiertos con una goma abundante en agua que aumenta un 35 por ciento el efecto aerodinámico de la espiral.

En otras palabras, cuando un insecto choca contra una tela orbital, no la rompe porque los hilos espirales no solo inmovilizan a la mayoría de los insectos con su goma, sino que se estiran lo suficiente para disipar la energía del impacto. Los ingenieros humanos esperan algún día utilizar algunos de los principios de la tela orbital en su propio trabajo.

Catherine L. Craig, ecóloga de la Universidad de Yale, cree que las arañas tejen señales en sus telas para atraer los insectos. La mayoría de las señales imitan los diseños y colores de las flores que les gustan a ellos. Por ejemplo, la araña orbital tropical Argiope argentata hace patrones en zigzag o cruzados en su tela. La gran araña Nefila clavipes pone pigmento amarillo en su seda, más en los días soleados. En la naturaleza y para el insecto volador, el amarillo normalmente significa flores y hojas nuevas. Además, los diseños de muchas telas reflejan la luz ultravioleta, visible para los insectos pero no para nosotros. Los insectos utilizan la luz ultravioleta del sol en su navegación, por lo que su cerebro les da una respuesta de espacio abierto cuando vuelan hacia un hueco de luz ultravioleta que en realidad es la tela de una araña.

Los insectos aparentemente aprenden de los encuentros cercanos con la tela de las arañas, por lo que cada día las hábiles arañas construyen sus telas con diseños ligeramente diferentes y en sitios distintos.

Una araña suramericana hace tamaños diferentes de telas dependiendo de la temporada del año, según la científica brasileña Christina Sandoval, ahora en la Universidad de California en Santa Bárbara.

La Parawixia bistriata normalmente hace telas finas para atrapar moscas pequeñas. Pero en septiembre, con la abundancia de termitas que son insectos mucho más grandes, la Parawixia construye telas más grandes de lo normal.

The Los Angeles Times Syndicate.

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