MANO A MANO

MANO A MANO

Por la segunda oportunidad en los tres meses que van de este año, la capital colombiana ha dado espléndida demostración de que es magnífico escenario, de primer orden, para las más sobresalientes presentaciones culturales y artísticas.

02 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Luego del inolvidable concierto del tenor italiano Luciano Pavarotti, el ofrecido por el otro grande del arte vocal, el tenor español Plácido Domingo, no podía ser menos grandioso y significativo. Máxime cuando estaba acompañado de nuestra compatriota la mezzosoprano de prestigio internacional Martha Senn.

Todos los factores contribuyeron al buen suceso del certamen. Hasta la meteorología estuvo favorable. Mas la organización misma del espectáculo, el orden de su desarrollo, la imponderable actuación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y, sobre todo, el más que plausible y emocionado comportamiento de las cincuenta mil personas que colmaron las localidades disponibles, enmarcaron el concierto con distintivos excepcionales. Un resultado que ciertamente acredita a Bogotá como magnífico escenario internacional.

Acaso Plácido Domingo pudo estar más cerca de la nutridísima concurrencia por su identidad idiomática, entre otros factores. Mas el punto culminante fue su fervorosa interpretación de nuestro simbólico Yo soy colombiano . Con razón fue aplaudido hasta el delirio este que pudiéramos considerar nuevo compatriota.

Al escribir sobre el gratísimo espectáculo, no podría dejar de reseñarse la destacadísima actuación de Martha Senn. Fue un verdadero mano a mano, como dicen los taurinos. Y los expertos en el difícil arte del canto no vacilan en creer que la colombiana estuvo en momentos mejor que el genio español. Martha lució su belleza, sus maravillosos ojos, y a ello unió la voz, que conmovió a todos los asistentes. Quienes estuvieron cerca de Domingo dicen que él mismo se deleitó y admiró a la mezzosoprano colombiana en la excelente carrera que está cumpliendo, registrada en una fecha que podría calificarse de histórica y decisiva. Martha Senn se colocó a la altura de las circunstancias y cumplió un papel notabilísimo. Lo que no es fácil teniendo al lado a una figura de la talla de Plácido Domingo.

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