EL RANCHO ARDIENDO

EL RANCHO ARDIENDO

Mientras el alto gobierno y la mayoría del Congreso están dedicando sus esfuerzos a la tarea de defender al Presidente acusado de haber recibido en su campaña política cuantiosos aportes de los narcos Colombia arde. Y como si no fueran suficientes tantas desgracias internas, se agudizan los conflictos con Venezuela y los gringos se inmiscuyen cada vez con mayor descaro en nuestros asuntos.

03 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Y aprovechando la debilidad del gobierno y la concentración de las acciones militares en la persecución del narcotráfico, los subversivos han intensificado sus ataques a la sociedad civil, y grupos, como el denominado Dignidad por Colombia siguen cometiendo chantajes y el infame delito del secuestro. Como el caso alarmante del arquitecto Juan Carlos Gaviria, hermano del ex presidente César Gaviria, a quien dicen que solo dejarán libre cuando se declare la indignidad del Presidente, el vicepresidente De la Calle y el Fiscal, Valdivieso. Y a punta de amenazas y exigencias y luego de obligar a la familia Gaviria Trujillo a hacer públicas sus declaraciones de renta, los tienen a ellos y al país en ascuas porque la vida de Gaviria está en grave peligro.

En todos los campos colombianos reinan la inseguridad y la violencia. Los asaltos a los puestos de policía, la destrucción de los retenes, la extorsión a ganaderos y agricultores es el pan de cada día. Es una batalla cruel y desigual. Porque mientras los grupos subversivos gozan de cuantiosos ingresos por secuestro, boleteos y narcotráfico dicen que tienen las armas y los equipos de comunicación más modernos el Ejército, a pesar de las muchas mejoras, no tiene ni el personal necesario, ni la dotación suficiente para defender, como debe, tantos frentes.

El director de EL TIEMPO me decía que no entiende la insistencia de la mayoría de los columnistas en escribir siempre sobre el bendito proceso 8 mil, tema -dice- que tiene hastiados a los lectores, existiendo tantos otros asuntos de vital importancia, que merecerían mayor atención. Su observación me quedó sonando; y creo que sin dejar de lado el 8 mil, porque de sus resultados depende que Colombia empiece a salir de esta encrucijada, o que acabe de hundirse, es cierto que el tema de la subversión, de los secuestros, de la violencia, requiere más atención, tanto de parte de los periodistas como del propio Ejército.

Porque hay muchas cosas que la gente se pregunta: por qué, por ejemplo, los generales y los soldados no han dado nunca con el paradero del entrometido cura Pérez, ni con el marrullero Tirofijo, ni con otros conocidos subversivos, cuyas guaridas conocen, mientras periodistas nacionales y extranjeros los encuentran facilito y pueden entrevistarlos cuando quieren? Duele Colombia por donde quiera que se la mira. Y da angustia pensar que quienes ahora la gobiernan no están mirando más allá de sus propias narices, tratando de resolver sus problemas personales, mientras el resto del país está atropellado y mancillado por sus propios hijos. Y mientras tanto, el barco va a la deriva porque el capitán no conoce el rumbo.

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