Las bodas con oro

Las bodas con oro

Cincuenta años son suficientes. No dura tanto ninguna otra figura del celuloide, con excepción de King Kong. Ya es hora de que al nadaísmo, nuestro nadaísmo, al que no pudieron acabarlo todoísmos de distintas layas, le apliquemos la eutanasia. Una eutanasia criminal, porque el enfermo por matar goza de cabal salud.

10 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Es muy difícil seguir cargando con el movimiento que es la única esperanza de los que ya la perdieron. Cuando entre sus príncipes hay un uribista más que confeso, mi amigo muy querido, y cuando yo estoy ad portas de caer en Cristo. Eso no lo soportan ni los mejores enemigos ni los peores amigos.

Cuando nuestro profeta se convirtió, trató de convertir en papilla su nadaísmo, pero nosotros no lo dejamos. Y así se retiró a sus prédicas, a oler inciensos y a consumir remolachas.

Considero que Gonzalo Arango no fue nadaísta porque lo que terminó haciendo del Nadaísmo fue un evangelio; Amílcar Osorio no fue nadaísta porque se sentía el único intelectual del grupo; Alberto Escobar no fue nadaísta porque descuidó sus versos por los cojos; Jaime Jaramillo Escobar no fue nadaísta porque escribió unos poemas revelados, y se tardó 20 años puliendo la revelación; Daríolemos no fue nadaísta porque en lugar de heredar de Rimbaud el genio heredó la gangrena; Humberto Navarro no fue nadaísta porque nunca desamparaba un revólver; Elmo Valencia no fue nadaísta porque el zen se lo impedía; Eduardo Escobar no fue nadaísta porque iba para uribista; Jaime Espinel no fue nadaísta porque la vida es muy dura; Pablus Gallinazo no fue nadaísta porque se hacía llamar “comandante”; Patricia Ariza no fue nadaísta porque en vez de nuestro colchón prefirió las tablas; Álvaro Medina no fue nadaísta porque el nadaísmo fue un arte de birlibirloque; Armando Romero no fue nadaísta porque se bañaba todos los días; Jan Arb no fue nadaísta porque Dios es muy grande; Jotamario no fue nadaísta porque la poesía lo convirtió en millonario.

El Nadaísmo, si existió, está cumpliendo medio siglo sin mayores signos de envejecimiento, ni cerebral ni prostático, y lo celebramos nacionalmente como “las bodas sin oro”. Así lo expresé en anterior columna, y resulta que ahora vengo a arruinar el eslogan recibiendo el Premio Internacional de Poesía Chino Valera Mora, de la Fundación Rómulo Gallegos, de Caracas, que además de cien mil dolaritos petroleros viene acompañado de una medalla de oro que ha de imponerme el presidente Chávez. Y yo criticando a Eduardo Escobar por su uribismo. Me acusa el poeta Cobo de que ahora seré poeta chavista. Y le digo que, desde luego, pero no tanto por Chávez, sino por los ‘chavos’ que el premio me significa.

Considera Eduardo Escobar que el nadaísmo fue una expresión más del fracaso de la miserable criatura humana, tan infatuada, a la que no conseguimos salvar. Salvo ese inconveniente, nos salvamos nosotros. Con eso basta.

Siempre fuimos la apoteosis de la provincia poética aún sin barbar, y aun ahora sin pelos pero con lana.

Hemos hecho rabiar a muchos, en las glorias y en los fracasos, por lo que hicimos y no hicimos, por lo bien y lo mal escrito. No tuvimos la culpa de haber sobrevivido la tela de los hilos perfectos, al fracaso del comunismo, a la quiebra de las ideologías y a la vejez de los hippies. Cuando abandonamos nuestros escándalos y nos encerramos a escribir para ganar premios, nos consideraron en decadencia, entregados o aburguesados. Ahora chupen.

Sometidos al polígono ante una corte suprema, podríamos atestiguar que el nadaísmo nunca existió. Que fue un invento de nuestros enemigos para desprestigiarnos.

Así las cosas, los poetas nadaístas, que según el poeta Cobo ni siquiera fuimos poetas, según nosotros mismos tampoco fuimos nadaístas.

Algunos piensan, sin embargo, que la función debe continuar.

jotamarionada@hotmail.com

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