CON EL CHICHO SERNA VOLVIÓ LA ALEGRÍA

CON EL CHICHO SERNA VOLVIÓ LA ALEGRÍA

Los rostros volvieron a sonreír, las bocas volvieron a pronunciar palabras, las manos volvieron a estrecharse. A diferencia de lo que sucede habitualmente, las horas previas al compromiso entre Colombia y Perú significó el relajamiento para los jugadores orientados por Hernán Darío Gómez.

03 de junio 1996 , 12:00 a.m.

Aunque nadie lo quería reconocer, el ambiente estaba algo pesado en el seno de la delegación en la tarde del viernes. Así había sido, inclusive, durante la jornada del jueves. El estrés del partido jugado en Miami, el cansancio del viaje hasta Lima que incluyó demoras en ambos aeropuertos y, luego, la enfermedad de Mauricio Chicho Serna uno de los jugadores más apreciados del grupo crearon un poco de tensión.

Ni siquiera el técnico se salvó de este fenómeno. Mortificado por la situación, Bolillo se puso algo serio y dejó atrás la cordialidad con la prensa. Esa actitud generó algunos comentarios por parte de los periodistas peruanos, que se mostraron extrañados por el comportamiento del colombiano, en comparación con la amabilidad desbordante de su similar inca, Juan Carlos Oblitas.

Sin embargo, las cosas volvieron a la normalidad en la misma tarde del viernes. Al regreso del entrenamiento en la cancha del club Sporting Cristal actual campeón del Perú, el grupo se encontró con una agradable sorpresa: Chicho Serna había sido dado de alta en la Clínica Angloamericana y estaba de regreso en el hotel.

Aunque magullado por los dolores, el volante paisa se reintegró a la delegación y puso su habitual toque de humor y compañerismo, lo que le subió la moral al resto de futbolistas y bajó la temperatura de la tensión.

Por eso, el sábado los propios comunicadores peruanos reconocieron el cambio en la delegación tricolor, empezando por el técnico Bolillo Gómez. Durante la práctica realizada por la mañana en el estadio Nacional, la cordialidad era la nota destacada.

Inclusive, algunos niños que se hallaban entre las personas que tuvieron acceso a la cancha y los fotógrafos o auxiliares incas, que no resistieron la tentación, tuvieron la oportunidad de fotografiarse con los ídolos y conversar tranquila y animadamente con el entrenador nacional.

Esa tónica se mantuvo por la tarde, ya en el Sheraton Lima Hotel & Casino, pues, la Selección no se movió en la víspera del choque por las eliminatorias al Mundial de Francia-98. Como no se había dado en los días anteriores, los jugadores bajaron al lobby, firmaron autógrafos, se tomaron fotografías con aficionados venidos de Colombia y otras latitudes, charlaron con periodistas y algunos se animaron a entrar al casino, aunque no probaron suerte.

Siempre se ha dicho que las horas previas a un compromiso como este significan un cambio de actitud, lo que comúnmente se llama la ansiedad precompetitiva. Ese fenómeno se manifiesta de diversas formas y altera los comportamientos: los callados hablan, otros duermen, otros despiertan un apetito voraz, otros se pegan al teléfono, algunos se ponen bravos, algunos se aíslan...

Esta vez, por fortuna, el cambio significó una mejoría, una apertura que permitió que los periodistas peruanos se formaran una imagen más agradable de la Selección Colombia.

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