LA REUNIÓN DEL BID Y COLOMBIA

LA REUNIÓN DEL BID Y COLOMBIA

Esta semana se reúne en Israel la Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo, BID. Para asistir a este evento viajaron el ministro de Hacienda, el gerente y algunos de los directores del Banco de la República, otros funcionarios públicos y algunos dirigentes del sector financiero privado.

03 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Es probable que el contraste entre el ánimo de esta reunión y el del año anterior, que tuvo lugar en México, sea impresionante. Del optimismo de hace un año se habrá pasado, muy seguramente, a la preocupación actual con respecto al futuro inmediato de esta región. Porque la situación de la América Latina es hoy en día muy distinta de la de hace doce meses.

El ministro de Hacienda de Colombia acude a la cita de Latinoamérica y el resto del mundo con una presentación bien concebida y consistente. El martes de la semana pasada tuvo oportunidad de ensayarla durante un almuerzo en la Bolsa de Bogotá, en el cual defendió los objetivos y la coherencia de la política en marcha, resaltando, al término de su intervención, las diferencias de Colombia con el resto de los países de la región, excepción hecha de Chile.

De ahí que el ministro considere que Colombia está en capacidad de obtener los recursos que requiere para financiar, sin dificultad alguna pero a costos más altos que en el pasado, los déficit previstos en la cuenta corriente de la balanza de pagos hasta 1998 y, simultáneamente, rebajar, en estos cuatro años, el peso de la deuda externa del país medido como proporción del Producto Interno Bruto, PIB. Las cifras, si bien podrían calificarse de optimistas, son positivas lo cual es, de por sí, favorable.

La situación de Colombia es, sin duda, diferente de la de Venezuela, México, Argentina y Brasil. Por razones históricas bien conocidas que tienen que ver fundamentalmente con el manejo que se le ha dado a nuestro sector externo y, en particular, al endeudamiento con el exterior. Considérese, no más, que mientras en 1994 la deuda como proporción del PIB era ligeramente superior al 50% en México y en Chile, en Colombia no alcanzaba el 25%.

Esto no quiere decir, sin embargo, que no tengamos problemas. Como se anota en la última entrega de la revista de Anif, el nuevo problema de insolvencia de la deuda mejicana tendrá inevitables repercusiones sobre la actitud de largo plazo de los mercados de capitales hacia la región, e incluso sobre los modelos de desarrollo .

Así las cosas, no deberían sorprender ni la evolución reciente de la tasa de cambio ni la posibilidad de introducir modificaciones en la estrategia de endeudamiento externo del gobierno tal como viene comentándose a nivel de los medios de comunicación.

De una parte, se han reducido los flujos de capital hacia el país. No solamente por la elevación de las tasas de interés en el exterior y la vigencia de los controles al endeudamiento privado en Colombia, sino porque se percibe un incremento del llamado riesgo-país como resultado del colapso mejicano.

Existen menores incentivos para repatriar, legal o ilegalmente, capitales. A tiempo con ello se ha forzado el giro de divisas al exterior. En consecuencia, la devaluación del peso en lo corrido del año hasta el pasado 27 de marzo fue de 4.5%, muy superior a la del mismo período del año pasado. La revaluación, entonces, ha dejado por ahora de ser un problema para el gobierno, que considera que el movimiento reciente de la tasa de cambio es un éxito evidente de la política económica del presidente Samper.

De otro lado, ya se insinúa que el ministro de Hacienda, en vez de acudir al mercado internacional de capitales para colocar bonos de la República de Colombia entre inversionistas institucionales, reactivará sus relaciones tanto con la banca multilateral, el BID y el Banco Mundial, como con la banca comercial. Además, según se afirma en los medios, utilizaría los recursos de la telefonía celular -congelados en el exterior- para financiar los programas de gasto.

Sea como fuere, lo cierto es que el panorama internacional ha cambiado y que, a pesar de nuestra buena condición relativa en lo económico, no podemos estar del todo tranquilos. La crisis mejicana es profunda y repercute por todos lados. Y como si eso no fuera suficiente, los problemas con Venezuela y la certificación por interés nacional de los Estados Unidos inciden, quiérase o no, sobre nuestro desempeño económico. Por todo esto habrá que estar atentos a las deliberaciones de estos días en Jerusalén.

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