EL CURA SE LEVANTÓ LA SOTANA

EL CURA SE LEVANTÓ LA SOTANA

A los 12 récords del mundo que se consiguieron durante el Campeonato Mundial del Pista el año pasado, en el óvalo del velódromo Luis Carlos Galán, habrá que sumarle uno más: el de la hora, que ayer consiguió el sacerdote Efraín Rozo.

03 de junio 1996 , 12:00 a. m.

El, un hombre pequeñito, que el próximo 24 de diciembre cumplirá 68 años, entró a hacer parte de la historia de este velódromo en donde quedaron inscritos los nombres de Shane Kelly, Graeme Obree y Marion Clignet, algunas de las estrellas del ciclismo mundial que establecieron marcas orbitales en ese mismo escenario.

El Cura Rozo será recordado por ser el primero en imponer un registro de la hora; ahí mismo donde meses atrás trataron de hacerlo, pero fracasaron, Miguel Induráin y Jeannie Longo, los considerados reyes del ciclismo.

A las 10:55 de la mañana empezó su trabajo. En el camerino había dejado su vestido azul oscuro, sus zapatos negros de amarrar y el clerigman el cuello que usan los sacerdotes. Salió embutido en una camiseta blanca y una lycra negra con listas rojas, de casco y lentes oscuros, como un ciclistas más de los que estaban allí.

Su bicicleta no tenía nada que ver con las sofisticadas máquinas que habitualmente se utilizan para este tipo de pruebas. El marco, que se lo regaló José Duarte, de la misma calidad de los que se utilizaron en el Mundial; el resto de elementos, incluyendo la rueda trasera, una lenticular, se los prestaron en el Corporación Futuros Campeones.

El curita , como lo llamaban los asistentes al escenario, se veía bien, con la ventaja de tener el tiempo a su favor. Cuando hubo amenaza de lluvia, de inmediato se abrió el cielo. Cuando hubo amago de viento, el un corriente de sol cortó las ráfagas de aire.

Yo le doy dos vueltas a ese velódromo y quedo de cama , decía un aficionado. Mientras que el sacerdote ajustaba 114 vueltas.

En su rostro no se dibujaba la más mínima muestra de cansancio, se veía fresco. Entre más kilómetros tenía encima, pedaleaba con más ganas. Rebajaba sus propios registros, los que había conseguido en dos meses y medio de preparación para medírsele a semejante esfuerzo.

Completó 60 minutos, una hora exacta, luego de hacer 38 kilómetros y 300 metros, más de lo que había presupuestado, porque estaba previsto que hiciera 36. Fueron 114 vueltas, casi 115, porque sobre el final aflojó un poquito. Había logrado su meta.

Se bajó tan tranquilo, tanto o más que cuando se montó. Estaba satisfecho, como de costumbre, podía darse el lujo de decir que había cumplido su misión, así fuera alzándose la sotana.

Desde ayer, el Cura Rozo , es un recordman de la hora...

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