UNA MODA QUE ESTÁ DE BOCA EN BOCA

UNA MODA QUE ESTÁ DE BOCA EN BOCA

Para unos, el secreto está en la salsa. Para otros, el enigma está en la masa. Unos más opinan que el misterio está en la temperatura del horno y hay quienes aseguran que el chiste está en la atención a los clientes.

02 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Sea cual sea, lo claro es que el secreto está en muchas bocas...

En Bogotá, los pizzeros ambulantes se pusieron de moda. En realidad no se sabe dónde está el quid del asunto. Lo que sí se sabe es que desde hace unos seis meses para acá, en las calles de la ciudad hay unos nuevos personajes que de delantal y cara empolvada de harina, les montaron fuerte competencia a los carritos de perros calientes y hamburguesas.

Por 600, 700 u 800 pesos los peatones pueden comer un pedazo de pizza de champiñones, jamón, pollo, y sus correspondientes combinaciones, o la tradicional hawaiana de piña y trocitos de jamón.

La mayoría de los carritos de pizza ambulantes están ubicados en sectores universitarios o cercanos a los estudiantes. Sobre la carrera 13 en la calles 46 y 41, (seis universidades tienen en esa zona sus sedes); en la carrera novena, con calle 51, frente a la Santo Tomás; en el paradero de buses del Politécnico, en la calle 54 una cuadra arriba de la séptima; en la 19 entre tercera y segunda; detrás de la Pedagógica...

Yo vi que en la calle la vendían, que estaban haciendo la pizza en los andenes. Entonces me dije: yo sé trabajar la pizza, pues me lanzo a la calle , y ahora me va bien , dijo Alberto Gómez, un quindiano nacido en Quimbaya que aprendió a cocinar pizzas hace 14 años, cuando miraba a los pizzeros de un negocio donde trabajaba como vigilante.

El Paisa , como le dicen los estudiantes del Politécnico, montó su horno en el paradero de buses de ese centro académico hace seis meses. Como sus colegas, Gómez tiene a toda hora una de dulce y otra de sal listas para que sus clientes solamente tengan que llegar, escoger el sabor, el pedazo más grande y ponerla a calentar un par de minutos dentro del horno que nunca se apaga.

Agregó que el éxito del negocio está, además de en la calidad del producto, en la atención a los clientes. Aquí llegan estudiantes cuando bajan de la universidad que me dicen Paisa, cuánto es que le debo , y la verdad es que ni siquiera me acuerdo de haberlos visto , comentó.

Gómez dijo que el negocio es bueno porque deja más que el mínimo, porque es propio; porque la gente prefiere la pizza a los perros por la variedad del sabor y porque es caliente.

Esa opinión la comparte José Díaz, El Mono , que tiene su carro de pizzas frente a la Santo Tomás, a pocos metros de un carrito de perros.

Dijo que el auge de las pizzas ambulantes radica en la novedad. Antes comer pizza era plan de parejitas. Ahora usted se puede comer un buen pedazo a cualquier hora y con quien quiera , afirmó.

El Mono aprendió hace diez años a batir (lanzar) la pizza, a preparar la salsa y a dejar la masa en su punto (no muy cauchuda ni muy seca) cuando ingresó a trabajar a Little Pizza en oficios varios.

Para él, la venta de pizza ambulante es buen negocio porque la inversión para montar el carrito no es alta (cercana al millón de pesos, con horno incluido), porque la gente está comprando y porque, ante todo, el negocio es propio. Díaz, al igual que sus colegas, de cada pizza que hace (tamaño grande) saca ocho pedazos que por lo general se venden con gaseosa.

Para los pizzeros ambulantes la tarea mas engorrosa de su trabajo es la preparación de la masa. Cada quien tiene su receta -secreta por supuesto-, y a diario se hacen entre una y una y media arroba de masa. La hacen con una hora de anticipación a la llegada de sus clientes.

A unos pasos de El Mono está el carro de Víctor Achury, que desde enero se parqueó en la esquina de la carrera novena con la calle 51, aunque asegura que lleva más de diez años haciendo pizzas. El es panadero de profesión, con cartón del Sena y otro de la pizzería Domo, donde trabajó. Dice que tiene su carrito desde hace como dos años y que vendía en diferentes cuadras del barrio Villa del Río. Es oriundo de Puerto Salgar (Cundinamarca).

Los perros pasaron de moda porque salió la pizza, habrá que ver qué se inventan para superarnos .

Félix Valega, también panadero, montó su negocio en una caseta en la esquina de la calle 40 con carrera 13. Cuando llegó de Magangué (Bolívar) trabajó en celaduría pero para levantarse unos billetes más se dedicó a las pizzas.

La gente tiene que rebuscarse la plata y este es un negocio que deja más que el mínimo y que es propio .

No es la misma presa Los clientes de los pizzeros ambulantes dicen que esta moda es conveniente porque hay mayores opciones para escoger.

La mayoría de los comensales con los que se habló, opina que es más rica que los perros, que es menos difícil de comer que una hamburguesa, que no es costosa, y que, por sobre todo, pueden pedir el pedazo que más les gusta.

Otros dicen que las prefieren porque es una novedad en la ciudad, y unos más aseguran que la ventaja es que siempre está caliente.

Sin embargo, como dijo uno de los comensales, al frente de la Santo Tomás, la ventaja de la pizza frente a los perros es que cuando uno come perro siempre le dan la misma presa .

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