JUEGOS PARA VIVIR EN COMUNIDAD

JUEGOS PARA VIVIR EN COMUNIDAD

A la Propiedad Horizontal hay que incluirle algunos juegos cívicos, como los que puso en marcha el alcalde Antanas Mockus, para que la gente aprenda a vivir en comunidad.

01 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Cada apartamento, local u oficina puede compararse con un vehículo con el cual la gente viola las zonas peatonales, quiere ser el primero en fomentar el desorden y no acogerse a los reglamentos.

Por eso la necesidad de jugar limpio para convivir con los vecinos.

Esas son las características de los edificios, conjuntos residenciales, centros comerciales y los centros profesionales. Todos tienen problemas comunes, que no saben como solucionar.

Una de las situaciones que ayuda a fomentar ese caos es la existencia de dos leyes de propiedad horizontal.

Caso único en el mundo, en el que la legislación da la oportunidad de acogerse a la ley que más se acomode a cada condominio.

En Colombia se pueden acoger a la Ley 182 de 1948 o a la Ley 15 de 1985.

Esa dualidad crea confusiones, porque a la hora de reclamar o iniciar cualquier acción dentro de las copropiedades, deben contratar a un especialista que les explique la legislación.

Eso no es solo valido para los copropietarios; las autoridades no conocen sus funciones y tampoco están enterados del lío de las dos leyes.

Un caso frecuente que se presenta es que los alcaldes locales se ven sorprendidos cuando los propietarios van a solicitar el registro de la personería jurídica.

El primer desconcierto se presenta cuando los alcaldes se enteran que esa es una de sus funciones; después quedan aún más despistados al saber que eso es legal solo para la Ley 16 pero no para la 182.

Historia copiada La falta de espacio, la sobrepoblación y los altos costos de la construcción, son algunos de los culpables de que los habitantes de la ciudad se comenzaran a trastear a los conjuntos y torres de apartamentos. Algo que en un momento de la vida bogotana se puso in , y que luego copiaron las demás ciudades del país.

Eso no solo cambió el estilo de vida sino que obligó a residentes desconocidos hasta entonces a compartir un espacio en común y a empezar a considerar las más elementales normas de convivencia.

Para regir esa nueva forma de vivir en las ciudades, nació a mediados del siglo el régimen de propiedad horizontal.

La ley surgió ante la emergencia que produjo la destrucción de la ciudad el 9 de abril. La necesidad de construir viviendas rápidamente hizo que los legisladores permitieran mayores densidades, bajo un régimen especial para los copropietarios.

Aunque el objetivo no se logró en ese momento, hoy, para amas de casa, empleados y ejecutivos son tema común de conversación términos como cuotas de administración, asambleas, coeficientes de copropiedad y los numerosos conflictos que a diario se presentan en los condominios.

Y es que no es fácil pasar de la noche a la mañana de una casa donde cada uno era el propietario, dueño y señor no solo de la propiedad sino de lo que hiciera dentro de ella, a un espacio limitado por otros espacios ajenos donde otras familias reclaman iguales derechos.

Eso fue lo que intentó regular la el primer régimen de propiedad horizontal, que con el paso del tiempo requirió ajustes, por lo cual salió la Ley 16 de 1985 y un año después el Decreto Reglamentario 1365 de 1986.

Pero, como cosa curiosa, la última ley no abolió la primera, y hoy cada edificio, conjunto residencial o centro comercial es libre de escoger a que ley se somete.

Para solucionar varias situaciones confusas y vacíos que se presentan y actualizar el régimen de propiedad horizontal, actualmente cursa en el Congreso un proyecto de ley (ver recuadro), que el Gobierno Nacional se comprometió a sacar adelante en la actual administración.

Una pequeña ciudad Pero al margen de la confusión que ha generado la existencia de dos leyes para reglamentar una misma situación, los copropietarios experimentan diariamente el hecho de tener que vivir en comunidad.

Algunas personas, como la inmobiliaria Melba Puyo, consideran que en propiedad horizontal se vive como en una miniciudad, donde el administrador es el alcalde, la asamblea de copropietarios es la que legisla y los residentes son los ciudadanos que con su voto, opiniones y acciones participan en los destinos de su pequeño mundo.

Ahí es donde se requiere poner en funcionamiento los juegos de la urbanidad, pues en ninguna parte enseñan a ser un buen ciudadano.

Las clases de cívica y urbanidad hace mucho tiempo que no se dictan en colegios y escuelas, por eso los administradores de conjuntos, como depositarios de todos los conflictos entre vecinos, reclaman con urgencia que se dicte una cátedra de propiedad horizontal.

Por el momento, cada condominio deberá inventar sus propios juegos para vivir en comunidad.

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