A QUE TE COJO LADRÓN...

A QUE TE COJO LADRÓN...

En la calle 22 de Bogotá, en la alcaldía menor de los Mártires, existen varios negocios de mala muerte que nadie, ni el mismo funcionario que expide las licencias de funcionamiento, sabe por qué permanecen abiertos. La mayor parte de estos son residencias que cobran mil o quinientos pesos a los clientes que las prostitutas y homosexuales seducen en la semioscuridad de las esquinas. Otros las recogen en carros que dan varias vueltas por el sector antes de decidirse. Aquí un cliente no gasta más de seis mil pesos por un rato de placer .

02 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Algunos de los homosexuales y de las prostitutas son cómplices de un enjambre de ladrones que deambulan desesperados por el lugar. Les guardan los chuzos y las navajas que estos utilizan para su trabajo . Y esconden entre su escasa ropa las papeletas de basuco y marihuana cuando llegan las requisas.

Desde hace tres meses, sin embargo, los ladrones han comenzado a sentirse inseguros en el territorio que antes dominaban a sus anchas. Muchos se han ido a trabajar a otras zonas de la ciudad pero siguen durmiendo en la calle 22, en las residencias de mala muerte y en un edificio de cuatro pisos, de vidrios rotos y aspecto abandonado, del cual se apoderaron hace unos diez años.

La razón del éxodo de los ladrones son las rondas que comenzaron a hacer 15 hombres y mujeres de botas y overol negro que reciben un escaso salario pagado con los aportes de los residentes y comerciantes del sector.

Lilia, madre de tres hijos varones y habitante de uno de los cerros de la ciudad, es una de ellas. Antes se dedicaba a tapizar ataúdes por contrato. Ahora recibe entre 50 y 60 mil pesos por efectuar las rondas nocturnas cada 24 horas y le queda tiempo para ganarse otros pesos trabajando aquí y allá.

Ella está conforme con el salario: En mi barrio siempre he ayudado gratis a la gente, imagínese como no va a colaborar uno si le pagan .

La calle 22, tradicionalmente había sido considerada peligrosa en un trayecto que va desde la transversal 19 hasta la avenida Caracas, en la alcaldía menor de Los Mártires, y de la Caracas a la carrera tercera, en el alcaldía menor de Santa Fe.

En esas 16 cuadras y sus alrededores se miden todos los días las fuerzas de los delincuentes y de los patrulleros de overol negro, respaldados por policías, uniformados y de civil.

Marihuana y pate cabras En la zona de los Mártires existe el Comité de Seguridad y Apoyo a las autoridades, al cual pertenecen 231 comerciantes, industriales y residentes. Ellos aportan diez mil pesos mensuales para pagarle a los ciudadanos de la seguridad , como denominan a las personas que patrullan día y noche en unas 33 manzanas alrededor de la calle 22.

Cinco cuadras más arriba existe el Comité de Seguridad de la Calle 22, integrado por 42 personas. Este funciona desde hace año y medio. Sus miembros le confiaron el cuidado de su cuadra, entre carreras 8 y 9, a una cooperativa de vigilancia.

Y otras cinco cuadras más allá fue el alcalde menor de Santa Fe Ricardo Cifuentes y las universidades Central y Jorge Tadeo Lozano las encargadas de cerrar los espacios a este fenómeno hasta erradicar la prostitución y con ella, la mayor parte de la delincuencia.

La Casa Azul, un prostíbulo que funcionó durante 30 años frente a la Tadeo Lozano, luce ahora una fachada blanca y un cartel de sellamiento. Las ochenta o cien mujeres que atendían en bodys y bikinis a sus clientes desaparecieron.

Lo mismo ocurrió con la Casa de las Casadas, el Túnel y otros nueve o diez prostíbulos ubicado en los alrededores de la calle 22 con carrera cuarta.

Hasta estas calles bajaban con mayor frecuencia la banda de los Gigios, los Gasolinos, los Pitufos, la del Gordo y otros grupos de adolescentes armados de pistolas y revólveres.

Los espacios para estas pandillas son cada vez más escasos. Las universidades han comprado y remodelado varias casonas vecinas y en la calle 23, arriba de la Séptima, patrullan cuatro hombres de overol gris, con igual número de perros de feroces colmillos que cuidan a los estudiantes de la Tadeo.

Lo que no ha podido ser erradicado en la mayor parte de la 22 es la venta de basuco. Los hombres y mujeres que patrullan abajo de la Troncal de la Caracas decomisaron hace dos noches 200 gramos de marihuana y seis navajas pate cabras.

En un fin de semana de quincena hay hasta 50 atracos , afirman un patrullero. Y hace dos noches un hombre les disparó desde una tienda. Al hombre lo capturaron y al día siguiente andaba por aquí , dice el comandante de la patrulla, un hombre de pelo castaño, conocedor de los oscuros vericuetos de la vida callejera.

Mercedes Benz Esta noche la jornada ha sido tranquila. Hasta las doce la única arma decomisada es un cortapapeles de acero de casi una pulgada de ancho con estuche plástico. Alguno de los nueve hombres requisados lo tiró al piso cuando vio a los patrulleros encima.

En las esquinas se ven figuras desarrapadas que desaparecen a la carrera, ojos furtivos observan desde los ventanales rotos. Hay silbidos y señales con la mano. Un olor a basuco invade la calle apenas iluminada por dos bombillos.

Los patrullleros son respaldados por un policía de civil que le echa mano a su pistola, oculta por su chaqueta de pana, cada vez que hay alguien para requisar.

A pesar de que la Policía es la que respaldado la acción de los ciudadanos de esta parte de la ciudad, hay residentes no confían en los agentes.

Un hombre, dueño de un negocio, afirma que hay agentes que solo van al sector a cobrar impuesto a los bandidos. Uno de los patrulleros confirma la versión.

A medida que llega la noche, las esquinas y la entrada a las residencias cercanas a Caracas se llenan de travestis pintarrajeados y prostitutas de mirada lánguida. A los primeros lo buscan hombres con pinta de ejecutivos en lujosos carros que van desde Mercedes Benz para abajo.

Hace un año y medio el alcalde menor de Los Mártires, Jaime Bonilla, promovió varias reuniones con quienes forman parte del conflicto, pero la respuesta de uno de los travestis lo convenció de que la solución está más allá de su alcance: señor alcalde - le dijo - usted tiene que distinguir entre los homosexuales y los que tienen que vender su cuerpo para vivir .

Bonilla también encabezaba los operativos policiales hasta que fue recibido a plomo en una de las residencias de mala muerte. Estos negocios funcionan con una licencia que él mismo expide.

Pero no se considera culpable de la situación. Aquí -dice- llegan con todos los papeles en orden y no me queda otro remedio que firmar. No se como consiguen el visto bueno de bomberos y de sanidad.

Los habitantes de su sector, a pesar de que aceptan una notable disminución de los atracos, todavía viven tensos.

El dueño de un negocio de la calle 22 es un ejemplo. El hombre, quien fue amenazado por las pandillas, sale con la mano en la cacha de un Magnun 357 que oculta bajo una camiseta azul oscura, ancha, que usa por fuera del pantalón.

Su mujer le había dicho que un desconocido lo necesitaba. Esta vez era simplemente un reportero.

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