EL SUEÑO DE BORGES ESTÁ EN PARÍS

EL SUEÑO DE BORGES ESTÁ EN PARÍS

Imagino el paraíso como una gran biblioteca , solía decir Jorge Luis Borges. No sabemos si ahora, nueve años después de su muerte, habrá hecho realidad su sueño. Pero si aún viviera, con seguridad fijaría su residencia en París, muy cerca de la pirámide del Louvre, donde el pasado jueves se inauguró la biblioteca más grande del mundo.

01 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Era también el sueño del presidente Francois Miterrand a quien algunos llaman ahora el Pericles de París. Por eso, la inauguración de la gran bibliotecase adelantó algunos meses, para que Miterrand tuviera el justo honor de cortar la cinta, como en efecto sucedió el pasado jueves 30.

La Biblioteca Nacional de Francia es el último y más polémico proyecto de los nueve monumentos o construcciones que Mitterrand impulsó en el curso de sus dos mandatos presidenciales (1981-1995). Construido en un área de 7.5 hectáreas en el célebre distrito 13 de la capital francesa, la Biblioteca Nacional o TGB, Tres Grand Bibliotheque , como se la llama por sus descomunales dimensiones, consta de 4 inmensas torres de 80 metros de altura en forma de libro abierto.

Anunciada en 1988 por Mitterrand con el objetivo práctico de solucionar la asfixia en que se encontraba la antigua Biblioteca Nacional, instalada en el barrio del Palais Royal, la nueva biblioteca francesa sólo estará abierta al público, al público lector, en 1996. Desde ahora hasta esa fecha se terminarán los trabajos y se irán trasladando las coleccione conservadas en la vieja sede de la rue Richelieu.

La última gran obra presidencial que Mitterrand inaugura cuando faltan menos de dos meses para el fin de su mandato es, realmente, una concepción novedosa. Según dijo Mitterrand al inicio del proyecto, la Biblioteca debía ser muy grande y de una forma totalmente nueva , concepto que dio leña al fuego de las críticas sobre su construcción.

Millones de ejemplares Lo cierto es que esta obra, visible a lo lejos desde muchas zonas de París, está construida con una mezcla de acero, madera, cemento y vidrio, y tiene capacidad para 850.000 volúmenes de consulta y 10 millones de libros reservados a los investigadores. A esto se suman 1 millón de documentos audiovisuales y 350.000 diarios y revistas, los cuales componen la reserva de lo que será, según el deseo de quienes la imaginaron, la Biblioteca más grande del mundo.

Las torres que albergan los libros, como en una capilla, están dotadas de una climatización especial que mantiene protegidos los volúmenes detrás de persianas de madera a una temperatura constante de 18 grados. Estas 4 torres dividen su espacio en 11 pisos para los libros, 7 para oficinas, un salón de lectura abierto al público con capacidad para 1.650 personas y otra con capacidad para 2.000 lectores, con 100 oficinas reservadas a los investigadores universitarios, un centro de exposición, un aula para coloquios, un auditorio, un restaurante y varias salas de cine.

En el centro de la construcción moderna, relizada por el arquitecto francés Dominique Perrault, se levanta un jardín de 12.000 metros cuadrados cubierto con pinos traídos de Normandía al que, sin embargo, el público no tendrá acceso.

A la enorme dimensión hay que sumar las novedades de su funcionamiento. La Biblioteca Nacional de Francia utilizará todas las posibilidades que ofrecen hoy las tecnologías más recientes: las inscripciones, reservas y pedidos de libros se harán a distancia por vía informática, y el público podrá consultar desde sus casas el catálogo electrónico, en el cual se combinan textos e imágenes. Se trata en realidad de una base de datos en CD ROM en la que están censados todos lo fondos de las bibliotecas de la Unión Europea.

Pero lo más llamativo del proyecto no es sólo su particularidad arquitectónica ni la entrada al mundo del multimedia , sino el método con el que los lectores accederán a las obras: se trata de un sistema que podría llamarse de ferrocarril , en una línea de ocho kilómetros, por la que circularán los 12 millones de volúmenes de los que consta el fondo patrimonial francés.

No faltan las críticas Las cifras y detalles arquitectónicos del proyecto más ambicioso de Mitterrand (al lado de la pirámide del Louvre y el Arca de La Defensa), no ocultan la polémica suscitada en torno a su construcción. La primera batalla comenzó en 1989 cuando se supo el monto del proyecto, cerca de mil millones de dólares, y la segunda hacia 1990, cuando especialistas anglosajones criticaron su utilidad afirmando que era una aberración conservar libros clásicos en torres modernas de altura semejante, y evocando varias posibilidades de catástrofe: incendios, cataclismos e incluso bombardeos, lo que privaría a Francia de su pasado escrito.

La ambición de Mitterrand fue ofrecer a todos un edificio que tomara en cuenta los saberes y disciplinas del mundo, y lo comunicara al conjunto de los ciudadanos. Este proyecto, universalista y democrático, se convirtió así en el centro de una aguda polémica. Algunos intelectuales defendían el principio universalista, otros lo criticaban por considerar que vulgarizar el conocimiento no lo hacía más apreciable, y un tercer grupo se oponía a que la década de los 80, frívola, consumista y tecnócrata, se viera reflejada en un edificio en el que pese a todo debía conservarse la memoria de la nación.

Pero por encima de todo, el edificio está ahí, aunque de momento sin un sólo libro. Durante la inauguración por Mitterrand, muy acabado por las quimioterapias contra el cáncer, el enorme espacio se convirtió en una especie de concha acústica de la grandeza del líder que debía inaugurarlo. El rumor de los lectores vendrá después, pues este jueves de lo que se trataba era de permitirle al saliente Mitterrand bautizar su creación, sin duda una de las más grandes y más duraderas.

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