LA PAZ CAMBIARÁ DE RITMO

LA PAZ CAMBIARÁ DE RITMO

No era casualidad oír en los últimos días a los israelíes hablando de las elecciones más cruciales en la historia del país y afirmando que ahora está en nuestras manos el futuro mismo del Estado .

02 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Y es que las elecciones para Primer Ministro y Parlamento (Kneset) del miércoles último, fueron las primeras llevadas a cabo viviendo los israelíes junto a la antes impensable autonomía palestina, con Arafat bien asentado en la Franja de Gaza al mando de miles de policías palestinos que años atrás casi todos los israelíes habrían visto como terroristas.

También fueron las primeras elecciones en las que una de las preguntas planteadas a la ciudadanía era en qué medida estaba dispuesta a dar luz verde para seguir adelante y avanzar más aún en el proceso de paz. Lo que demuestra que al colocar su voto en las urnas el pueblo debía tener en mente la posibilidad de un arreglo especial con los palestinos que fuera más allá de la autonomía actual, a lo que suma el hecho de que por primera vez, el partido laborista del Primer Ministro, Shimon Peres, fue a las elecciones con una plataforma en la que no aparecía una explícita negativa a la formación de un Estado palestino independiente.

Todo ello recalcaba lo esencial de la votación por Peres como nuevo jefe de Gobierno para aquellos que lo veían como único guía del proceso de paz y dejaba en claro el por qué de la preocupación de los laboristas y la izquierda, acerca de la posibilidad que fuera la oposición de hoy la victoriosa.

El Likud, que fue el bloque mayoritario en la oposición, era visto por la izquierda como sinónimo del fin del proceso de paz y es precisamente por ello que los sectores críticos de dicho proceso veían en la elección de Benjamín Netanyahu como nuevo Primer Ministro, la salvación de los peligros actuales . Tanto el propio Premier Peres como Netanyahu aportaron a estas imágenes, al hablar de opción entre progreso y retroceso, entre paz e intifada el primero y al recalcar repetidamente el segundo que la necesidad de una paz con seguridad .

Pero hoy con los resultados en mano vale la pena preguntarse si las cosas realmente son tan dicotómicas, si verdaderamente sólo Peres como Primer Ministro podía promover el diálogo con los árabes y si todo se viene abajo por ser el jefe del Likud el victorioso.

La respuesta es negativa. El proceso de paz no necesariamente se acaba con Netanyahu. Es más: según el mismo declarara durante la campaña electoral y nuevamente el jueves, al indicar el escrutinio del 99.9 por ciento de los votos comunes que el era el ganador, el nuevo primer ministro de Israel está profundamente comprometido con el proceso de paz El viernes tratando de calmar a sus vecinos árabes, llamó personalmente a Egipto, Jordania y la Autonomía Palestina para manifestar que respeta los acuerdo alcanzados hasta ahora y reiterar su voluntad de seguir adelante.

A otro precio Pese a estas promesas los palestinos están tristes. Saben perfectamente que con Netanyahu las cosas serán a otro precio.

El nuevo primer ministro confía en la posibilidad de lograr la paz definitiva con los palestinos sin reconocerles el derecho a la autodeterminación, es decir, manteniéndolos en una autonomía limitada.

Además de oponerse a un estado palestino en Cisjordania y Gaza, lo que Arafat suponía iba a conseguir en las negociaciones con Peres, Netanyahu también ha prometido defender la colonización judía en Cisjordania (Judea y Samaria bíblicas).

Netanyahu no concibe devolver el ejército israelí a la Franja de Gaza o a las hoy ciudades autónomas palestinas en Cisjordania. Lo que fue entregado, no se da marcha atrás. Lo dijo varias veces y lo volvió a recalcar en una de las últimas entrevistas concedidas antes de las elecciones. El problema es que según sus discursos, no cederá un centímetro más de tierra a los palestinos.

Bibi , como llaman sus seguidores a Netanyahu, también anticipó que de llegar al gobierno no devolvería la estratégica meseta del Golán, a lo que estaba dispuesto Peres, para alcanzar la paz con Siria.

Los opositores de Netanyahu son escépticos respecto a que pueda alcanzar su meta de paz con seguridad pero sin concesiones territoriales, y temen una posible reanudación de la sublevación popular palestina de 1987, la intifada , en Cisjordania, Jerusalén y Gaza.

También se teme en medios del laborismo que una política inflexible como la que promete arrase con los frutos que había cosechado Israel con el proceso de paz hasta la fecha, entre ellos el de una bonanza económica casi sin precedentes.

Si pusiese en práctica sus promesas respecto a Siria y los palestinos, ello frenaría el impulso del proceso de paz y puede devolver a Israel al ostracismo internacional y también a un enfrentamiento con su principal aliado, Estados Unidos.

No obstante, para la mayoría de los analistas hay un factor contra el que Netanyahu no podrá rebelarse , su principal aliado y socio: E.U., así que tendrá que moderar su posición en cuanto al proceso de paz con los árabes.

En suma, el proceso continuará, pero lo hará a otro ritmo, más lento, más pausado. La negociación será con toda seguridad más dura y por lo tanto requerirá de una mayor dosis de paciencia y madurez de parte y parte.

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