‘Intocable’, ¿al poder?

‘Intocable’, ¿al poder?

Según el sistema de castas hindú, Mayawati Kumari solo podría ganarse la vida rebuscando entre la basura o mendigando. La tradición milenaria india no le permitiría ni siquiera limpiar sanitarios. Es una dalit o ‘intocable’, una persona impura, con menos derechos que algunos animales.

07 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

Mayawati, sin embargo, se está convirtiendo en la primera mujer nacida en una chabola (una vivienda pobre) que tiene posibilidades reales de convertirse en Primera Ministra de India. Su partido, el Bahuijan Samaj (BS), ya gobierna en la región más populosa del país, Uthar Pradesh.

Desde que saltó a la fama en 1995, esta mujer de baja estatura, soltera y aficionada a la ropa, se ha convertido en uno de los personajes más controvertidos de la vida pública india. Ahora tiene opciones de llegar al poder, con una fórmula que sus detractores tildan de populista y con varios casos de corrupción a sus espaldas.

“Solo la posibilidad de que Mayawati se convierta en Primera Ministra tiene un inmenso significado para India. Es la primera candidata que ha llegado a la cima solo con su trabajo y su estudio, sin contactos en el poder, sin importantes relaciones de parentesco”, dijo Soutik Biswas, analista de la cadena británica BBC en India.

Ascenso político Cuando la democracia llegó a India, muchos ‘intocables’ comenzaron a entrar en la política con más o menos éxito, pero nunca habían llegado tan lejos.

En teoría, el discurso oficial de la política india es integrador y en muchos estados existen cuotas para dar preferencia a las clases bajas en los puestos de la administración pública y la política. Aunque el sistema de castas sigue siendo muy importante, cada vez son más quienes consiguen burlarlo y escalar puestos en la pirámide social, especialmente desde que a principios de los noventa se introdujeron las reformas liberales en el mercado.

Mayawati, hija de un empleado de la compañía telefónica nacional que consiguió su trabajo gracias a las cuotas, estudió derecho en Nueva Delhi y luego obtuvo un título en educación, con una beca estatal.

Siempre estuvo interesada en los movimientos políticos que defendían a las castas bajas, pero solo en 1984 compaginó dicha inquietud con un trabajo como maestra.

De la mano de su mentor y viejo amigo, el activista Kanshi Ram, Mayawati entró en el equipo fundador del BS, un partido creado para defender los derechos de las castas más débiles, que contaba con financiación de organizaciones igualitarias y de un sector del empresariado indio.

Su retórica potente y agresiva la convirtió pronto en un personaje conocido en India. “Vamos a aplastar los signos de las clases altas con nuestros pobres zapatos”, solía decir al término de sus primeros discursos.

Mayawati fue inmediatamente presentada en las listas del partido para buscar un escaño en el Parlamento, algo que consiguió en 1989. Desde 1995 es Primera Ministra del estado de Uthar Pradesh y en 2001 Kanshi Ram la coronó como su sucesora en el BS, poco antes de morir.

La crisis que vive ahora la política india tras el pacto nuclear con Estados Unidos y las acusaciones de compra de votos en el Parlamento contribuyen a elevar el vuelo de la ‘Dama de los pobres’, como se conoce a Mayawati.

Por eso, hace algunas semanas, diez pequeñas fuerzas políticas que acaparan cerca de una quinta parte de los puestos parlamentarios se unieron en torno de ella.

“El impacto de Mayawati ha aglutinado muchas esperanzas entre varios partidos políticos. Tiene una gigantesca imagen y está ganando mucho apoyo.

Podemos decir que ya existe un tercer núcleo de poder en torno de ella”, aseguró Shekhar Gupta, editor de The Indian Express.

El programa de Mayawati está centrado en las clases bajas de la sociedad india, que conforman cerca de un 60 por ciento de la población. Su partido promete frenar la inflación (que se ha disparado por encima del 14 por ciento), repartir entre los más pobres los frutos del impresionante crecimiento económico nacional e inyectar millones de rupias en la sanidad y la educación públicas.

Los ‘intocables’ siguen siendo un grupo minoritario en India, que conforman cerca de 160 millones de personas. Sin embargo, alrededor de Mayawati se están agrupando las poderosas fuerzas izquierdistas del país, movimientos musulmanes y varios partidos regionales que defienden los intereses de castas bajas e intermedias.

Sus ambiciones se proyectan ya como una tercera opción frente a los dos partidos que han alternado el poder desde que India alcanzó la democracia: el Partido del Congreso, heredero de Gandhi y Nerhu, y el Bharatiya Janata Party, que representa al nacionalismo hinduista.

Analistas indios consideraron la posibilidad de que Mayawati alcance el Gobierno en un futuro próximo, incluso si su recién nacida coalición no consigue ganar las próximas elecciones, algo que podría suceder a pesar de la popularidad de ella.

Según un editorial publicado por el diario Times of India, el Bahuijan Samaj tiene muchas posibilidades de situarse como un partido bisagra con el que el ganador se vería obligado a pactar. La idea es que si ninguna de las dos fuerzas políticas tradicionales consigue una mayoría clara, Mayawati tendría en sus manos la formación del nuevo gobierno y podría vender su apoyo a cambio del cargo de Primera Ministra.

Convencido de que puede alcanzar el poder, su partido ha eliminado de su retórica oficial los discursos contra las clases altas. Su nuevo lema invita a todos los indios, sin distinción de castas, a “montar en el elefante”, símbolo electoral del Bahuijan Samaj. En el Parlamento regional de Uthar Pradesh ya consiguió. el año pasado, el apoyo de 52 diputados brahmines.

Las próximas elecciones parlamentarias de India están programadas para mediados del año próximo, pero la creciente inestabilidad del Gobierno y la presión social por la crisis de los alimentos y la inflación podrían acelerar el proceso.

Los puntos negativos La figura de Mayawati no está exenta de controversia. Sus adversarios la acusan de corrupción, de favorecer a sus partidarios descaradamente con puestos en la administración pública y de haberse enriquecido muchísimo gracias a la política. Se calcula que su fortuna supera ya los 15 millones de dólares (cerca de 18 mil millones de pesos), cifra alcanzada por las donaciones de empresarios y magnates.

Hace algunos meses, su imagen sufrió las sacudidas de un gigantesco escándalo, cuando un cronista subrayó el hecho de que Mayawati lucía varios diamantes en una cena de gala.

Sus detractores también le achacan un carácter despótico con sus subordinados y aseguran que su discurso se basa únicamente en la popularidad y el carisma personal, pero que carece de un proyecto de gobierno.

Para ilustrar su megalomanía y su populismo, sus rivales suelen hablar de las gigantescas estatuas que ha hecho construir en Uthar Pradesh con su efigie, así como los parques y monumentos que ha dedicado a su partido.

“Hay una especie de descoordinación en sus actos que puede volverse en su contra. Su partido depende demasiado de su carisma y popularidad”, aseguró el analista político Bhanu Mehta en Nueva Delhi. Aunque el sistema de castas fue declarado ilegal hace más de 50 años, la estratificación social cerrada y basada en el nacimiento sigue dominando gran parte de la vida cotidiana en India. Según una encuesta realizada en 2007, un 74 por ciento de los indios no están de acuerdo con los matrimonios entre personas de castas diferentes.

La política y su retórica tampoco están exentas del tradicionalismo hindú.

En el país existen siete grandes partidos regionales, incluido el de Mayawati, que defienden abiertamente los intereses de una determinada casta, casi siempre de las más bajas.

Frente a ellos, el opositor BJP, grupo nacionalista, tiende a defender los privilegios y viejas categorías y algunos de sus líderes defienden públicamente la necesidad de estratificar la sociedad según los viejos cánones.

Paradójicamente, los movimientos que defienden a las castas más bajas son los que más insisten en las diferencias, contribuyendo a perpetuar la concepción contra la que teóricamente luchan.

Algunos casos rozan el delirio, como el de las Bedias, la casta de las prostitutas, que reclama para sus hijos un linaje de altos vuelos, alegando que la mayoría de los clientes, que fueron quienes las dejaron embarazadas, pertenecen a castas altas.

Un asistente médico de Bangalore explicó a EL TIEMPO cómo tenía varios clientes de las castas más altas a pesar de ser un ‘intocable’.

“Que me dejen meter mis manos impuras en sus heridas y que dependan de mí es algo nuevo. Pero hago bien mi trabajo y nuestra clínica tiene tarifas razonables”, comentó.

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