ELECCIONES EN ISRAEL

ELECCIONES EN ISRAEL

El mundo entero ha seguido con explicable interés el debate electoral planteado en torno de la sucesión en la jefatura del Gobierno israelí.

02 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Los ojos del mundo han estado clavados en Israel, con la certeza de que mucho más allá de un relevo rutinario en el mando político y administrativo en una nación, lo que se decidía en este debate electoral definido, a la postre, voto a voto, por apretadísimo margen, o casi por voto-finish como se dice en el argot local era el planteamiento frente a asuntos que conmueven al mundo entero y que por esa misma circunstancia tienen una vocación de influencia planetaria.

Ahora, confirmada la derrota del Primer Ministro Shimon Peres por Benjamín Netanyahu, candidato del bloque derechista encabezado por el Likud, comenzamos a indagar por la historia del nuevo jefe del Gobierno israelí, por sus antecedentes y por las líneas dominantes de su pensamiento, al propio tiempo que aprendemos a pronunciar su apellido que ahora remplazará en nuestros titulares al Peres, de tan fácil dicción en estas latitudes.

A la opinión mundial, ciertamente, tal resultado la sorprende pues Shimon Peres es dueño de una sólida reputación, llena de honores y reconocimientos del más alto calibre. Desde la distancia, en un principio no se imaginaba que un líder de talla mundial pudiera ser derrotado en sus propias plazas a pesar de que no es este el primer caso en la historia universal, en el que el prestigio internacional no es activo político suficiente para conquistar el favor popular dentro de las fronteras propias.

Tampoco se conocen todavía reacciones del principal interlocutor de Shimon Peres en los empeños pacificadores, Yaser Arafat, quien hasta el momento se ha negado a emitir cualquier tipo de pronunciamiento sobre esa jornada electoral y ha desautorizado cualquier opinión que en nombre suyo pudiera emitir funcionario alguno.

La opinión universal se pregunta hoy por la suerte de estos procesos y, dicha sea la verdad, aprecia con preocupación un eventual desenlace que termine anulando los logros que el mundo entero aplaudió en materia de búsqueda de soluciones pacíficas a los sangrientos conflictos en la zona.

Ello explica que la comunidad internacional, empezando por Estados Unidos, levante su voz para expresar el deseo de que ante el cambio de gobierno se mantenga la política de paz; y aunque el candidato derechista, virtual triunfador, ha prometido defender el proceso, sus intervenciones en la campaña se orientaron con un enfoque que no conducía a esas conclusiones, pues su plataforma como lo han advertido los analistas se basó en la invocación al miedo como herramienta de persuasión política: el miedo a los atentados terroristas y el miedo contra el surgimiento de un Estado palestino. El interrogante, entonces, gira en torno de las posibilidades reales de alcanzar la meta que Netanyahu ha llamado paz con seguridad .

Desde aquí pensamos que, por el bien del planeta, ojalá suceda así. De tal suerte que la humanidad hacia el final del siglo no tenga que presenciar y padecer otra vez las dolorosas jornadas, los crudos y sanguinarios enfrentamientos que nos han estremecido a todos.

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