LA CONGRESISTA SIGUE EN SU LUCHA CONTRA EL CÁNCER ‘En la vida un día es tanto y tan poquito’

LA CONGRESISTA SIGUE EN SU LUCHA CONTRA EL CÁNCER ‘En la vida un día es tanto y tan poquito’

EDITOR REDACCIÓN EL TIEMPO El día en que Sandra Ceballos regresó a su casa, tras ocho días en la clínica donde le trataron una neumonía, encontró un arreglo floral con una tarjeta en la que le deseaban una pronta recuperación y una llamada de Palacio en la que la invitaban a una condecoración.

07 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

El Presidente había ordenado a sus colaboradores que en menos de tres días se organizara el acto para entregarle la Orden de San Carlos a esta representante a la Cámara , quien desde hace cuatro años libra una lucha contra el cáncer de seno.

El afán por darle ese reconocimiento hizo temer lo peor. Amigos y colegas comenzaron a llamarla para preguntarle sobre su estado de salud y, al otro lado de la línea, encontraron a una mujer con mucho más coraje para enfrentar el dolor, pero consciente de que enfrenta una enfermedad en la que, como ella dice, “técnicamente no hay cómo sobrevivir”.

Hablar con ella es abrirles espacio a la esperanza y, al mismo tiempo, a la franqueza de tener que enfrentar la muerte. Puede sorprenderte con frases tan crudas como: “Si todos vamos a morir, para qué nos angustiamos”, “de aquí nadie sale vivo” o “todos salimos con los pies para adelante”.

O puede entusiasmarte cuando confiesa que su médico particular le dice: “Tú eres como 20 mil milagros caminando”, o cuando cuenta que está esperando una nueva quimioterapia de Italia para recobrar fuerzas y continuar con sus proyectos.

Fiesta por la vida Sandra descubrió que tenía cáncer de seno hace cuatro años. Fue un golpe bajo que supo soportar con el apoyo de sus padres y su hermano y con dos nuevos ideales en su vida: su hija María Catalina, a quien adoptó, y la fundación Ones, que ayuda a las mujeres con cáncer de seno.

Desde entonces, su vida cambió. Se dedicó a entender la enfermedad con inagotables lecturas y resumió su existencia en una frase que convirtió en su lema: “Sí hay vida después de la enfermedad”.

Se negó, como ella misma lo admite, a morirse ocho días después de conocer su diagnóstico, como le ocurre a muchos pacientes que no logran superar el impacto de semejante noticia.

“He leído mucho de la enfermedad. Sé que la quimioterapia y la radioterapia producen anemia. Hay días en que estoy en un grado tal de anemia que no puedo levantar el teléfono”.

Ahora, con ese coraje que sorprende, Sandra quiere hacer una fiesta por la vida. Sí, así como lo acabas de leer: una fiesta por la vida. Será el próximo 24 de octubre en el Club Militar con la presentación de los Tupamaros y Vetto Gálvez.

Su idea es recaudar fondos para las mujeres con cáncer de seno, una enfermedad que puede ser diagnosticada en un millón de mujeres cada año y que puede cobrar la vida de 500 mil de ellas en el mismo tiempo, según un reciente informe de la revista Time.

Sus ganas de luchar podrían dar para más. En el Congreso, la parlamentaria de ‘la U’ tiene un proyecto de ley que busca declarar el cáncer como un problema de salud pública en Colombia, para que sea obligatorio el suministro de medicamentos, tratamientos y procedimientos.

Para ella es un viejo anhelo. Hace tres años tuvo que entutelar a su ex marido, el ministro de Protección Social, Diego Palacio; y la EPS que la atendía, porque no le querían reconocer un costoso medicamento que le había formulado su médico.

“A muchos les fallan la tutela cuando ya están muertos”, dice ella, quien prefirió sacar de su propio bolsillo para comprar antibióticos y los parches para mitigar en dolor que la morfina no logra aliviar.

Le pregunto si siente que tiene suficiente tiempo y ella, con una espléndida sonrisa, responde que “en la vida un día es tanto y a la vez tan poquito”.

Y como si quisiera comprar solo la primera parte de su frase, prosigue con los planes: la fiesta por la vida, su proyecto de ley y la fundación Ones.

Sabe que muchas mujeres no tienen recursos para pagar una mamografía o una operación de reconstrucción. Sabe que aún muchas mujeres no saben practicarse un autoexamen para detectar si tienen cáncer de seno o están enfrentando solas el dolor de esta enfermedad.

“Yo creo que si dejo de trabajar me pondría muy triste (...) El dolor sí me incapacita, pero no me ha impedido pensar y yo le pido a Dios que me dé fuerza para que no se me quite el valor ante la enfermedad, porque es muy fácil que esto lo arrincone a uno”, dice.

Le insisto en si siente que tiene el suficiente tiempo y ella, paciente, me suelta una respuesta contundente: “Esto no es cuestión de tiempo. Las decisiones son de Dios y los planes son de los hombres”.

Sé que la quimioterapia produce anemia. Hay días en que estoy en un grado tal de anemia que no puedo levantar el teléfono”.

El día en que estoy más adolorida, salgo mejor arreglada, me maquillo y me pongo el perfume más especial”.

Sandra Ceballos, representante a la Cámara

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